Mi?rcoles, 17 de marzo de 2010

En el convulsionado mundo actual buscamos signos de salida a la angustia existencial provocada por el caos que parece adueñarse de la humanidad en general.  Muchos quisieran la evidencia de una señal sobrenatural que sirva de guía en este mapa por el cual nos orientamos hacia una patria mejor. Tal vez, la doble ciudadanía de los creyentes en Cristo les permite encontrar el vestigio de un indicativo presente, como una marca en el camino para encontrar la salida en esta complicada realidad.

En la Biblia hay un libro que revela en forma especial los indicativos de este mapa de salida. El profeta Daniel tuvo la visita especial del enviado de Dios para entregarle los pormenores de la bitácora de nuestra peregrinación en la tierra. Como en todo plano, estudio o designio, existe un trazado particular, a escala, que sirve de esquema interpretativo del objeto de estudio. En ese caso era el de la profecía relacionada con el fin de los tiemposPero tú, Daniel, cierra estas palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará (Daniel 12).

En este texto encontramos la indicación de algo de apariencia no inmediata en la vida del profeta. Esta indicación la llamamos signo o señal, y es una clave visible de lo que debe acontecer en un momento determinado. Por mucho tiempo la humanidad se ha desenvuelto lentamente. Veamos algunos acontecimientos a manera de ejemplo: En la época en que se escribió esa profecía, muchos años antes de Cristo, el medio de locomoción era la tracción animal. Por mares y ríos se transportaba en barcos de remo y vela. Incluso estos medios de transporte continuaron hasta mucho después de entrada la era cristiana. Todo era confeccionado a mano, sin máquinas, sin luz eléctrica, las velas de cebo animal daban la única claridad a las noches sin luna. Pero de pronto, quizás unos veinte siglos después de dictada esta profecía, ya en 1802, aparece la máquina de vapor, el hecho que revolucionara el mundo y diera paso a lo que se conoce como el período de la industrialización.

En este nuevo período que se abre ante nosotros aparece la locomotora (1830), nace el telégrafo (1839), y enseguida el teléfono. La electricidad es controlada humanamente desde 1876.  En el área de la salud, Luis Pasteur da un gran servicio a la humanidad con la vacuna contra la rabia por los años de 1885, aproximadamente. Alexandre Fleming en 1920, nos entrega la penicilina, salvando millones de vidas humanas.  El automóvil, iniciado a vapor y en forma de triciclo en 1769 en Francia, pasa a ser en el siglo XX la maravilla de los pueblos.  La radio surge aproximadamente en la segunda década de 1900, y la televisión se hace presente casi de inmediato, perfeccionándose vertiginosamente en las décadas siguientes.

Este es un breve panorama interpretativo de lo dicho por Daniel y los tiempos del fin. La ciencia aumentará es la clave de esta profecía; pero hay más, se dijo también que muchos correrán de aquí para allá. Baste con mirar atrás hacia los momentos de aparición de las primeras máquinas a vapor, luego las de gasolina, y todo ese empuje tecnológico que originara la llamada revolución industrial, apenas entrado el año 1802. Hoy día, 200 años después de la primera máquina de vapor hablamos de bomba atómica. Los viajes en trasatlánticos, en aviones supersónicos, en automóviles veloces, trenes interestatales, cumplen también esa otra parte de la profecía de Daniel. De manera que lo que el profeta escribió hace cerca de 2000 años no lo entendió. De allí que la recomendación fuera: cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin.

Dado que hoy comprendemos esta perspectiva profética y estas palabras, entendemos también que estamos en el tiempo del fin. En el acto de ver y observar el vaticinio, Daniel también escribió: ¿Cuándo será el fin de estas maravillas?...Y yo oí, mas no entendí. Y dije: Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas? El respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin (Daniel 12:6,8 y 9).

Si nosotros logramos dilucidar el conjunto de estas señales como pertinentes para estos tiempos, entonces hemos encontrado la gran señal en el mapa de nuestra peregrinación. Ese diagrama trazado por la autoridad de un profeta y varón de Dios, de alguien que ha hablado por divina inspiración, nos sirve de orientación hacia el camino de la esperanza. Y sabemos que la esperanza en Cristo no avergüenza. Un Dios soberano tiene todos los planos de su intrincado mundo, tiene todos los caminos globales de su humanidad creada. Pero tiene también para sus elegidos el único sendero de salvación.  Cuando estos signos, junto con muchos otros dados por Jesucristo a sus apóstoles, comiencen a sucederse, a demostrarse, el llamado es a erguir nuestra cabeza, porque nuestra redención está cerca. Y por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados (Mateo 24:22).

En el trazado de Daniel tenemos que comprender su contexto. A él se le habló de su pueblo, de su ciudad Jerusalén.  Muchas cosas, muchas actividades habrían de suceder a Israel, a Jerusalén, al pueblo judío. En especial el tiempo de angustia para Jacob, mencionado por otros profetas. Vendría una abominación desoladora, con algunos signos particulares: del Dios de sus padres no hará caso, ni del amor de las mujeres,…porque sobre todo se engrandecerá (Daniel 11:37). Este dictador del futuro inmediato presenta estas tres marcas resaltantes, entre muchas otras citadas en otros contextos. Es el rebelde contra Dios (el Anticristo), no hará caso del amor de las mujeres (¿tendrá que ser el panorama actual del mundo, con su entrega a la sodomía, una preparación para que se vea normal que una persona semejante tome las riendas del planeta?), y sobre todo se engrandecerá a sí mismo. Es el culto al ego, al hombre sobre humanizado, el cual honrará en su lugar al dios de las fortalezas (Daniel 11:38). Hoy se vive en el culto a la guerra, a las armas más devastadoras. Cualquier país, por pequeño y necesitado que sea, anhela rendir culto al dios de las fortalezas, construyendo un arma atómica, adquiriendo sofisticado material de guerra, importándole muy poco sumergirse en deudas que esclavizan.

Como señales de nuestro tiempo hemos de entender lo escrito por Daniel.  Ahora tenemos una posición ventajosa, estratégica y de centinela. Estamos en la torre de observación más segura que la de Babel, estamos en las elevadas posiciones celestiales en Cristo. Desde ese lugar podemos seguir viendo los eventos como anticipados augurios que inevitablemente habrán de acontecer, de acuerdo a la voluntad eterna e inmutable del Dios soberano.  En esta senda donde andamos hay huellas, vestigios, trazos, por los cuales pisar. Ellos anuncian la salida feliz para el hombre de Dios. Hay tipos y símbolos que como un gran gesto divino son parte de su lenguaje que se anuncia desde los siglos. Esa es la palabra profética más segura. Se hace mucho bien al estar atentos, como cuando con una antorcha se alumbra un lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el Lucero de la Mañana salga en vuestros corazones…( 2 Pedro 1:16-19).

César Paredes


Tags: SOBERANIA DE DIOS

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