Domingo, 29 de noviembre de 2009

Dos grupos de disc?pulos de Jes?s hicieron dos preguntas muy relevantes, quiz?s demasiado importantes para ignorarlas hoy. La primera de ellas fue hecha por un numeroso conglomerado de seguidores, oidores y disc?pulos del Mes?as en relaci?n con la predestinaci?n o la escogencia que el Padre hac?a en relaci?n con los que pod?an seguir al Cristo. Esa pregunta estuvo precedida por un razonamiento o una explicaci?n que del tema hiciera Jesucristo, cuando les dijo lo siguiente:?Nadie puede venir a m?, si el Padre que me envi? no le trajere.? Una y otra vez Jesucristo ven?a explic?ndoles a sus disc?pulos que el seguirle a ?l s?lo era posible en la base de que el Padre as? lo quisiere. Esto echaba por tierra los supuestos de la libertad humana para escoger seguir a Cristo. Con esa explicaci?n, un grupo de sus disc?pulos concluy? que esa palabra dicha por Jes?s era?dura?de o?r, por lo cual razonaron conclusivamente que no era posible aceptar esa explicaci?n del Mes?as. Ellos dijeron lo siguiente:?dura es esta palabra, ?qui?n la puede o?r? De inmediato se alejaron de Jes?s.

El otro grupo se qued? con Jes?s, y cuando ?ste se volte? hacia ellos interrog?ndoles al respecto, pregunt?ndoles si ellos quer?an irse tambi?n, obtuvo como respuesta por iniciativa de Pedro otra pregunta:?Se?or, ?a qui?n iremos?

Dos preguntas hechas por dos grupos de personas dentro del colectivo que segu?a a Jes?s, considerados todos como disc?pulos. Ven?an de escuchar al Maestro, acababan el d?a anterior de comer los panes y los peces propiciados en forma milagrosa ante m?s de 5000 personas. Sab?an que Jes?s ten?a poderes sobrenaturales, que era divino, que hablaba palabras de vida eterna, pero a una gran parte de estos seguidores no les gust? el tema de la soberan?a de Dios, el hecho explicado por Jes?s mismo de que el Padre es quien env?a al Hijo los que han de ser salvos:?nadie puede venir a m? si el Padre no le trajere?(Juan 6:44 y 65). A este grupo le molest? el hecho de que se les hab?a quitado toda opci?n en la elecci?n de seguir a Jesucristo; por todo ello razonaron que era una palabra dura de o?r (Juan 6:60).? Sin? embargo, el otro grupo entendi? tambi?n la dureza del razonamiento de Jes?s, pero sometidos a la voluntad absoluta del Padre entendieron que ellos hab?an sido escogidos para un fin m?s noble, seguir al Maestro y ser verdaderamente salvos. Ellos entendieron que no hab?a otra posibilidad, ?a qui?n pod?an ir? A m?s nadie sino a Jes?s.? Sin embargo, Jes?s les aclar? de inmediato que era ?l quien les hab?a escogido, pero que uno de ellos era diablo, pues hablaba de Judas Iscariote, el que le hab?a de entregar (Juan 6:70-71).

Pablo en su carta a los romanos expone ampliamente la doctrina de la elecci?n y predestinaci?n para salvaci?n relatada en la Biblia desde G?nesis hasta Apocalipsis. Igualmente hace dos preguntas en relaci?n a dos tipos o a dos grupos de personas. Uno de ellos argumenta acerca de la culpa que puede tener el hombre, pues si nadie puede resistir la voluntad del Todopoderoso, entonces??por qu?, pues, inculpa??La respuesta la da desde la otra perspectiva, desde la perspectiva divina, tambi?n con otra pregunta: Oh hombre,??qui?n eres t? para que alterques con el Creador?? Ya no son solamente?dos preguntas?sino dos pares de preguntas, pero siempre dentro de la polaridad de los extremos: los que argumentan contra el control soberano de Dios en toda actividad humana, y los que se someten a esa paradoja que maravilla. El mismo Jesucristo parece haber comprendido en su vida terrena esta doble dimensi?n, pues a pesar de haber llorado sobre Jerusal?n, a pesar de haber deseado con esa voluntad emocional que le caracterizaba como humano juntar a los jud?os as? como la gallina junta a sus polluelos, dijo en otra oportunidad:?as? Padre, pues que as? te agrad?.?

El problema es que a menos que el Padre nos convierta a trav?s del plan operativo del Esp?ritu llamado?el nuevo nacimiento, actividad que es de su absoluta incumbencia y soberan?a, pues la humanidad en general est?muerta en sus delitos y pecados, no podemos ir a Jes?s. En la iglesia naciente presentada en el libro de los Hechos de los Ap?stoles se recib?a a los que cada d?a el Se?or iba a?adiendo. Nos toca anunciar la buena nueva de salvaci?n, pero solamente Dios toca los corazones preparados por ?l desde antes de la fundaci?n del mundo (Ap.13:8 y 17) para que como tierra debidamente abonada la semilla brote y d? frutos de acuerdo a su voluntad. La humanidad est? sumergida desde Ad?n a vanidad, a eterna condenaci?n, por su habilidad para el pecado y para la desobediencia a Dios. De toda la masa ca?da toda tiende al mal, de su propia naturaleza, de su propia querencia, de manera que es imposible para cualquiera que sea levantarse por s? solo o beber la poci?n milagrosa del evangelio que produce vida.? Sin embargo, la misericordia de Dios est? ubicada en que a?n siendo pecadores Cristo muri? por nosotros, por aquellos que el Padre escogi? para ser vasos de honra y de gloria (Romanos 9:23). No obstante, una gran parte de la masa humana fue dejada a su propio abandono, a su propia deriva, para que Dios mostrase en ella su eterno poder y su ira y justicia contra el pecado.

Recordemos las dos preguntas, una de las cuales nos remite a esta conclusi?n natural: ?por qu? pues inculpa, pues qui?n ha resistido su voluntad?? La otra emerge desde un contexto diferente:?Se?or, ?a qui?n iremos?? T? tienes palabras de vida eterna. En ese eje de bipolaridad nos moveremos en nuestros razonamientos relacionados con el destino de la humanidad, al menos dentro de la perspectiva b?blica.

Las palabras de vida eterna vienen acompa?adas de un conocimiento predicado por Cristo en el sentido de que la humanidad est? ca?da en una depravaci?n total, de tal forma que la ?nica met?fora con la cual se nos compara es con la muerte. Un muerto no tiene vida, no siente, no respira, no tiene voluntad para hablar, para pensar, para decidir. Este ?nfasis de Jes?s fue despu?s esparcido por sus ap?stoles en sus cartas y en la iglesia primitiva. De cierto, de cierto os digo: Vendr? hora, y ahora es, cuando los?muertos?oir?n la voz del Hijo de Dios: y los que oyeren vivir?n (Juan 5:25). Como est? escrito: Que por padre de muchas gentes te he puesto delante de Dios, al cual crey?; el cual da vida a los?muertos, y llama las cosas que no son, como las que son (Romanos 4:17). Y de ella recibisteis vosotros, que estabais?muertos?en vuestros delitos y pecados (Efesios 2); Aun estando nosotros?muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo; por gracia sois salvos (Efesios 2); Y a vosotros, estando?muertos?en pecados y en la incircuncisi?n de vuestra carne, os vivific? juntamente con ?l, perdon?ndoos todos los pecados (Colosenses 2:13).

Ya en el Antiguo Testamento la misma idea por el mismo Dios se ven?a expresando a trav?s de sus profetas, por ejemplo: ?Mudar? el Et?ope su piel y el leopardo sus manchas? (Jerem?as 13:23); ?Toda cabeza?est? enferma, y todo coraz?n doliente. Desde la planta del pie?hasta la cabeza?no hay en ?l cosa ilesa, sino herida, hinchaz?n y podrida llaga: no est?n curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite (Isa?as 1:5-6).Enga?oso es el coraz?n?m?s que todas las cosas, ?y perverso; ?qui?n lo conocer?? Yo Jehov?, que escudri?o el coraz?n? (Jerem?as 17:9-10).

Consecuencia necesaria de nuestra muerte en el plan salv?fico de Dios ha sido el hecho de darnos vida, de manera que no podamos jactarnos de haberla obtenido por ning?n posible m?rito nuestro. Porque ?qui?n te distingue? ?o qu? tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ?de qu? te glor?as como si no hubieras recibido? (1 Corintios 4). Precisamente eso es lo que Jes?s dec?a a sus disc?pulos de muchas maneras: No me elegisteis vosotros a m?, sino que yo os eleg? a vosotros (Juan 15).

La raz?n fundamental de esta intromisi?n de Dios en la vida de quien ?l quiso en su misericordia soberana radica en su sola voluntad, pues nuestro estado natural es de muerte, al vivir en pecado y al ser herederos de juicio de muerte, hijos de la ira, en continua rebeli?n a Dios. Como hemos estado espiritualmente muertos en pecado, si Dios no hubiese iniciado el rescate nadie podr?a ser salvo. Por cuanto la intenci?n de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios,?ni tampoco puede?(Romanos 8:7). La regeneraci?n es vista en la Biblia como una creaci?n nueva, como una resurrecci?n y como un nuevo nacimiento. En Cristo lo que vale es la?nueva criatura(G?latas 6:15); De modo que si alguno est? en Cristo,?nueva criatura?es: las cosas viejas pasaron; he aqu? todas son hechas nuevas (2 Corintios 5:17).? De cierto os digo: vendr? hora, y ahora es, cuando?los muertos?oir?n la voz del Hijo de Dios:?y los? que oyeren vivir?n?(Juan 5:25). ?nosotros, que est?bamos?muertos en delitos y pecados?recibimos vida (Efesios 2). Bendito el Dios y Padre de nuestro Se?or Jesucristo, que seg?n su grande misericordia nos ha regenerado en esperanza viva,?por la resurrecci?n?de Jesucristo de los muertos (1 Pedro 1).?

Es un gran honor haber sido llamados a participar de la gloria venidera, por eso no hay verg?enza alguna en el evangelio. Las dos preguntas del inicio siguen vigentes y repiti?ndose desde hace muchos siglos; unos se preguntan ?por qu?, pues, Dios inculpa? Pues ?qui?n ha resistido a su voluntad? Otros manifiestan:?dura es esta palabra, ?qui?n la puede o?r?? De otro lado existe el grupo de los que nos gozamos en que de no haber sido por este m?todo nadie ser?a salvo. De esta forma podemos decir ?a qui?n iremos? O ?y t? qui?n eres para que alterques con Dios? En medio de estos dos arquetipos de preguntas deambula la humanidad en la teolog?a cristiana.

C?sar Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 12:19
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