Viernes, 19 de junio de 2009

El misterio de la gracia encierra también el misterio de la desgracia.  Arminio protagonizó una excelente argumentación que puede circunscribirse bajo los parámetros del argumento ad hominem circunstancial.  Este tipo de argumento promueve la discusión de una circunstancia alrededor del argumento fundamental, para desviar la atención de la razón hacia otros parámetros, de tal forma que la proposición fundamental del debate pase a un segundo plano.  Ya que la gracia supone la contraparte de la desgracia, se barajó la circunstancia de la inclusión voluntaria en el redil de las ovejas del pastor. De esta forma, el reconocimiento del Dios soberano pasa a un Segundo plano, obscurecido y opacado por el derecho de inclusión igualitaria que posee cada ser humano.  He allí la falacia de Arminio, de orden circunstancial, que se propone desviar la atención de la razón del foco principal de la proposición bíblica.

            Con este argumento Roma coronaba la tesis de Molina y minaba, a través de Arminio la fortaleza protestante, enarbolando la gran bandera de la contrarreforma.  Con Arminio se iniciaba el juego de póker teológico.  De los llamados cinco puntos del calvinismo (Depravación total, elección incondicional, expiación limitada,  gracia irresistible, perseverancia de los santos. En inglés, por sus siglas TULIP Total Depravity, Unconditional Election, Limited Atonement, Irresistible Grace, Perseverance of the Saints), ahora hay teólogos protestantes que tienen cuatro a uno, o tres y dos, y cualquier otra variante.  El argumento circunstancial dio su fruto y aparecen nuevas ramificaciones derivadas de la falacia inicial, que en el sentido de la lógica aristotélica conllevan la inevitable marca del argumento falaz.  En otras palabras, de una premisa errónea una conclusión errónea.  El póker de 3 y 2 es también una falacia.   

            Haciendo caso omiso del argumento ad hominem circunstancial, podemos acudir al argumento lógico inicial propuesto en las Escrituras. A Jacob amé mas a Esaú aborrecí; gracia y desgracia.  Vasos de misericordia frente a vasos de ira preparados para el día de la ira;  Nadie puede venir a mí si el Padre que me envió no le trajere; No me escogisteis vosotros a mí, sino que yo os escogí a vosotros; Si el Señor no nos hubiera dejado remanente, como a Sodoma seríamos semejantes, como a Gomorra; Y todos los que moran en la tierra le adoraron (a la Bestia), cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero, el cual fue inmolado desde el principio del mundo;   La bestia que has visto, fue, y no es; y ha de subir del abismo, y ha de ir a perdición: y los moradores de la tierra, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo, se maravillarán viendo la bestia que era y no es, aunque es; En El asimismo tuvimos suerte, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el consejo de su voluntad. 

            No había nada bueno en nosotros, pues éramos por naturaleza hijos de la ira. De manera que ni siquiera fue visto en nosotros la posibilidad de aceptación de la gracia soberana.  Solamente se nos dio fe, se operó en nosotros  el nuevo nacimiento, y aun la fe ha sido un don de Dios (de otra manera la gracia no sería gracia).  Dios incluso hizo   al malo para el día malo.  Los que hemos alcanzado gracia somos agraciados, los que no la han alcanzado son desgraciados.  Gracia y desgracia, dos lados de la misma realidad.

            El Dios soberano no tiene y no quiere quien le defienda.  El hace absolutamente todo a su voluntad y placer -aun al malo para el día malo.  De esta forma entendemos que Satanás no fue un error o una sorpresa de su creación. ¿Por qué, pues, inculpa? ¿Quién ha resistido a su voluntad?  He allí el dilema humano.  Arminio se sustenta en esta pregunta, y él mismo se la responde diciéndonos que eso no es así, que la gracia es para todos por igual, lo que  pasa es que muchos le dicen que no y otros le dicen que sí. ¿Pero cómo pudo el hombre de la mano seca extender su mano sin recibir la orden de extenderla? (Tampoco podía no extenderla una vez que escuchó la orden).  Sin pretender defender a Dios en su decisión acerca de su gracia, no hay una persona en esta tierra que desee ser humilde ante Dios, a menos que haya sido tomado por su gracia.  El hombre está perdido en su naturaleza (las culturas varían como expresión de esa naturaleza).  Y la gran pregunta final, si hubiere alguien que desee someterse a la voluntad de Dios en forma humilde, a pesar del supuesto imposible, ¿por qué entonces no se somete por sí mismo a su voluntad? (A lo mejor bajo este argumento absurdo alcanzaría gracia).  Sabemos que no depende del que quiere ni del que corre, como si hubiera quien quisiera y corriera.  Pero, supuesto negado, si hubiere alguno queriendo de verdad y corriendo de verdad, lo más seguro es que sería aceptado.

            La tesis de Arminio es la de una humanidad que en su gran mayoría quiere y corre hacia Dios –como si pudiera. Por lo tanto Dios no se niega.  Bajo ese argumento solapa la soberbia humana –la suya propia primero- al no quererse ver derrotada, perdida, y expuesta a la voluntad absoluta del Creador, voluntad dictada desde los siglos, antes de la fundación del mundo, antes de que hiciéramos bien o mal.  No podemos cambiar su voluntad inmutable-en un Dios que se define como sin mudanza ni sombra de variación.  Frente a esta realidad inmutable aunque patética, Arminio es el gran vendedor de ilusiones, permuta la soberbia humana con la oferta de la indulgencia vendida bajo la proposición de un libre albedrío débil, impotente, que odia a Dios, más de lo que Dios odia a Esaú. De mayor sabiduría fueron los griegos al entender la implacable inclemencia de la Moira o Destino, que ni aun sus propios dioses podían doblegarla y le debían el tributo de su sometimiento.

            El vendedor de ilusiones no es más que un herético.  Con un argumento falaz penetró la fortaleza del protestantismo haciendo el gran favor a Roma en la contrarreforma.  Pero aun Arminio mismo con sus seudo-indulgencias estaba preparado desde los siglos para hacer más hostil el tránsito hacia la patria de la cual somos ciudadanos, pues el camino al reino de los cielos parece minado de inconvenientes, para que se cumpla una vez más la Escritura, en aquello de que tal vez son pocos son los que se salvan (puerta angosta, camino estrecho, manada pequeña, etc.). Una promesa final nos mueve a proseguir: el que empezó en nosotros la buena obra la habrá de concluir.  Aun en eso la gracia es soberana, está en las manos del dador, y cumple su propósito a perfección.

            Una palabra final, sin embargo.  La claridad que tengamos de la doctrina de la predestinación nos hace más dinámicos para el tránsito que tenemos en este mundo.  Más dinámicos y mas asertivos, sabiendo que en todas las esferas en que nos movemos, nuestro Dios tiene cuidado y provisión absoluta para cada circunstancia, en un sendero en donde nada es gratuito y todo obedece a un propósito eterno, en el entendido de que la voluntad absoluta del Padre es que el Hijo no pierda ni siquiera una de sus ovejas.  Ante esta realidad revelada en las Escrituras, nos queda clamar con el apóstol: ¡Oh profundidad de las riquezas y de la sabiduría de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus obras e inescrutables sus caminos!  Porque ¿quién entendió la mente del Señor, o quién fue su consejero?

 

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 14:17
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