Martes, 24 de marzo de 2009

            Desde el comienzo del libro del Génesis, en la Biblia, se anuncia al Dios soberano sobre todos los elementos óptimos para su creación, e incluso sobre la nada misma-muy a pesar del adagio latino ex nihilo nihil fit (de la nada nada se hace).  Cuando se nos dice que ¨En el principio creó Dios los cielos y la tierra¨ podríamos suponer que existían ciertos elementos previos al acto de la creación divina, como una especie de materia prima con la cual trabajar. Sin embargo, esa materia prima presupone otro comienzo, otros actos de creación. De esta manera podemos remontarnos al motor ´sin motor´ que mueve todas las cosas, pero que no es movido por nadie. Ese principio es concebido por Aristóteles.  El Dios bíblico es por igual semejante, sólo que no es una máquina, sino un Ser, con emociones y con intelecto, con una voluntad eterna e inmutable, capaz de crear los elementos necesarios para todo el subsiguiente acto o proceso de creación.

            Pero la creación mostrada en el Génesis no se suscribe solamente a la estructura planetaria y cosmética del mundo, sino que implica intenciones que van más allá de las dimensiones físicas que nos son permitidas conocer. Más allá –o más acá- del espacio-tiempo, el hombre cohabita con la naturaleza en un binomio indisoluble, generándose causas y efectos en la multiplicidad de interacciones que mantienen recíprocamente.

            Por esta sincronía existencial mostrada a  través de los siglos –en una diacronía-, al ser humano le ha sido revelado un gran misterio.  Esa revelación que en un principio se presuponía natural-pues la obra de Dios le es manifiesta a la humanidad (el eterno poder y deidad de Dios es manifiesto y entendido por medio de las cosas hechas), tuvo que ser re-manifestada con el Verbo hecho carne.  De manera que ha habido una manifestación doblemente colectiva: la primera por la vía de la obra creada, ha sido mostrada a toda la humanidad –sin distinción-; la segunda ha sido anunciada a una gran parte de ella.  En ambos casos ha habido acercamiento no conforme a ciencia, y solamente en el segundo caso, un pequeño grupo denominado manada pequeña ha podido comprender la magnitud de la redención.

            Cabría preguntarse por qué razón no ha sido bien comprendida la primera revelación –la natural.  La Biblia muestra que la impiedad de los hombres detiene injustamente la verdad.  La humanidad reinterpreta esa verdad y la modela, llamando a lo bueno malo y a lo malo bueno.  El hombre se envanece en sus razonamientos y no quiere agradecer a Dios; profesa ser sabio pero se convierte en necio.  Un claro ejemplo contemporáneo es el simple hecho de querer cambiar la tradicional nomenclatura que divide la historia en antes y después de Cristo.  Ahora resulta que al período después de Cristo lo llaman Era Común, de manera que la historia pasa a señalarse como Antes de la Era Común o  Era Común.  En la institución pública de los EEUU, así como en otros países, se hace prohibición expresa a cualquier mención pública del Dios de la Biblia o a sus Mandamientos. Eso es tarea mitológica y peligrosa; es preferible hablar de Yoga, de Meditación Trascendental, de Hinduismo, antes que de Cristianismo –en un sentido oficial.  El problema no es la supuesta independencia del Estado de lo que se concibe como religión, sino del estigma que el mismo Estado instaura sobre una determinada religión, dando preferencia intelectual a lo que antes era considerado peligroso para la civilización cristiana.  Ahora lo bueno es malo y lo malo pasa a ser bueno.

            Sin embargo, mirando las Escrituras, encontramos que lo que sucede ahora debe acontecer sin falta. A eso lo llama la Biblia la predestinación, el propósito eterno e inmutable del Padre de llevar a cumplimiento cabal y perfecto su voluntad y sus planes sempiternos.  La diatriba comienza en este punto, para los filósofos cristianos y para los no cristianos.  Diatriba para las mentes despiertas que se interrogan acerca de la aceptabilidad de esa predestinación que lleva a Dios al banquillo de los acusados, para reclamarle la razón por la cual inculpa.  Pues ¿quién ha resistido a su voluntad? Esta pregunta retórica nos muestra que aún resistir la voluntad de Dios es parte de Su plan.  De nuevo la pregunta: ¿Por qué, pues, inculpa?

            Es en este punto en que la doctrina no es unísona y da paso a los defensores de Dios. Malos abogados, finitos abogados, para un Dios eterno.  Pero esos finitos abogados han sido también preordenados desde antes de la fundación del mundo. ¨Porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados¨(1 Pedro 2).  Muchos hablan como irracionales, nacidos para presa y destrucción, y pretenden abogar por Dios, cuando la defensa de Dios –si pudiera haberla-  está escrita en sus dos revelaciones: la obra de la creación y la palabra profética más segura.

            Por la obra de la creación vemos a un Dios soberano y ordenado, inteligente y con propósito.  Vemos a un esteta. Por la obra de la palabra revelada, contemplamos igualmente su perfección soberana, diciéndonos que Él hace como quiere, que no tiene consejero, que su Palabra es inmutable y que nadie podrá cambiarla.  Nos agrega que Él hizo al malo para el día malo.  Que Él hace la adversidad, al rico y al pobre.  Que no hay nada difícil para Él, que aún lo malo ´que acontezca en la ciudad´ Él lo hace (poco importa que tenga agentes del mal para llevar a cabo sus planes, aún por la vía natural y ´espontánea´ de esos agentes).  Además, se nos añade una crucial información: que para mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción.  Estos son los vasos para deshonra que el Alfarero ha hecho con su arcilla.  Con la misma masa de arcilla ha preparado también vasos para honra, para hacer notorias las riquezas de su gloria, mostrada a los vasos de misericordia que Él preparó de antemano par gloria, a los cuales también ha llamado de entre los judíos y de entre los gentiles (Romanos 9).

            En este punto quiero referirme a los malos abogados de Dios.  Argumentan  que Pablo hace referencia a dos naciones  -una nación representada por Jacob y otra por Esaú.  Sin embargo, desde el inicio del capítulo 9 de la carta a los Romanos, el gran dolor del apóstol se pone de manifiesto al desear él mismo (como individuo –no como nación) ser anatema por causa de sus parientes no elegidos.  Esos parientes que lo son según la carne (familiares) son también como él judíos o israelitas.  De manera que el dolor de Pablo no puede nunca presumirse generado por una carencia identidad nacional del apóstol, o por falta de pertenencia a una de las dos presuntas naciones por las que abogan los defensores de Dios. Pablo es israelita, y sus parientes también lo son.  La razón está explícita en el verso 4: ´que son israelitas´.  De manera que esos hermanos suyos, parientes según la carne, pertenecen al igual que él al segmento de los israelitas.  ¿Por qué, pues, habría de llorar el apóstol si sabe que sus parientes son, al igual que él,  de la misma nación de Israel?

            No tiene sentido que su llanto sea por esa razón, por la nación.  Su llanto lo es por la elección, porque por más que les predique el evangelio el apóstol sabe que no van a oírlo –como hasta el momento en que escribiera la carta parece haberse mostrado- si no han sido escogidos como vasos de misericordia.  Los ejemplos que da son absolutamente referidos a individuos, no a colectividades nacionales: v.7-En Isaac te será llamada descendencia (dicho a Abraham); v.9-Sara tendrá un hijo; v.10-Rebeca concibió de Isaac; v.11 y 12-No habían nacido, ni habían hecho aún bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras, sino por el que llama, se le dijo: El mayor servirá al menor; v.13-A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí; v.15-A Moisés dice: tendré misericordia del que yo tenga misericordia; v.17-La Escritura dice a Faraón: te he levantado para mostrar en ti mi poder…

            En todos estos casos se trata de individuos, nunca de naciones. El que de Jacob haya salido un pueblo y de Esaú haya salido otro, así como que el Faraón perteneciera a Egipto, es apenas un contexto muy diferente al del profundo dolor y entrañable pesar de los versos 1 y 2 que acongojan al apóstol.  La relevancia está aclarada reiteradamente en el texto al nombrarnos a las individualidades: Abraham, Isaac, Sara, Rebeca, Jacob, Esaú, Moisés, Faraón, y ´de quien quiere tiene misericordia´, y ´al que quiere endurecer endurece´(v.18).  El apóstol continúa inmediatamente abordando a los acusadores de Dios, desautorizándoles: ¿quién eres tú para que alterques con tu Creador? Tú no eres más que un pedazo de arcilla en las manos del Alfarero.  Soberanía indiscutible de Dios en su creación, así como en el propósito eterno de la salvación de acuerdo a sus planes eternos.  Cristo fue destinado desde antes de la fundación del mundo (1 Pedro 1:20); En él asimismo tuvimos herencia (suerte) habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad (Efesios 1:11); Y la adoraron (a la bestia) todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo (Apocalipsis 13); …y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será (Apocalipsis 17).

            Todo esto es parte de la locura de la predicación del evangelio, pero una locura que se convierte en grato olor en los que se salvan, mas en los que se pierden olor de muerte para muerte.  Las buenas obras ya han sido preparadas para nosotros: andar en amor, con actitud de alabanza y de acción de gracias al Creador, interés por conocer su palabra, la lucha de su Espíritu en nuestra naturaleza, la oración a solas, la comunión con los santos en la iglesia, la lucha por la separación del mundo, la comprensión de que existe un control absoluto de Dios sobre lo que acontece en todos los ámbitos de su creación.  Añadimos la fe como consecuencia (o causa) de esa comprensión, y todas las otras partes del fruto del Espíritu no nombradas acá.  Por supuesto, podemos continuar con un gran etcétera en la composición de estas buenas obras.

            Finalmente es bueno recordar que aún lo necio de Dios es más sabio que lo sabio de los hombres. Si quiso Dios salvar al hombre por medio de la locura de la predicación, de la locura del evangelio, quienes le servimos somos locos ante el mundo. Resuenan en buena hora las palabras de Jesucristo a sus discípulos: no temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre ha placido daros el reino.

 

César Paredes

retor7@yahoo.com

 


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 14:13
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