Martes, 10 de marzo de 2009

Uno de los peligros más asombrosos relatados en la Biblia es el que se refiere a la búsqueda de Dios no conforme a ciencia. Se puede buscar un evangelio diferente, un Cristo diferente, un Dios diferente.  Sin embargo, el anuncio de este error puede advertirnos que no cualquier camino me conduce a la verdad, sino que por el contrario muchos son los senderos que se muestran anchos y cómodos en el tránsito hacia la mentira.

Hay caminos que parecen derechos, pero su fin es camino de muerte.  Dentro de la simbología bíblica el camino ancho y espacioso no es el que conduce a la comunión con el Padre.  No obstante, muchos que deambulan en esos senderos ofrecen un nuevo vino, una nueva comunión, en especial con un dios emotivo que se complace en brindar instantes de euforia en rituales de alabanza, que como mantras fluyen del colectivo entusiasmado que pretende agradar al Dios de la Biblia. 

Al contrario, existe un camino angosto, estrecho, que es el que lleva a la vida.  Cristo mismo se erige como ese sendero que conduce al Padre.  Lo angosto o lo amplio del camino parece significar las molestias o el confort que se puede sentir en su tránsito.  El camino ancho ofrece solaz, distracción, senderos internos de paz, bien construidos, donde el deleite es mostrado con facilidad a sus transeúntes. Se puede contemplar allí una gran variedad de religiones, por miles y todas en consenso, pues en ese sendero se respeta la diversidad cultural.  A fin de cuentas es un camino donde sus guías rinden tributo a la inteligencia y en pro de ella buscan acomodo a todo tipo de ideología.  Por ello se esmeran en encontrar los puntos de coincidencia, pues  ¨es más lo que nos une que lo que nos separa¨, argumentan. 

Podríamos hacer un ejercicio simple tratando de presentar dos religiones altamente contradictorias: el cristianismo y el hinduismo. El hinduismo tiene muchos siglos en la tierra, y cerca de 800 millones de seguidores actualmente.  Dentro de ese conglomerado religioso existen teístas (que creen en un dios), deístas (los que derivan de la razón la existencia y la naturaleza de Dios), politeístas, panteístas, agnósticos, ateos, etc.  También podemos encontrar hinduismo partidario tanto del politeísmo como del monoteísmo.  Hay quienes llegan a vislumbrar una participación en la creencia de una trinidad.  Pues bien, en esa religión escogida dentro de miles existentes hoy en día hay una diversidad de proposiciones que permiten confeccionar un camino ancho para sus seguidores. En nuestro ejercicio nos permitimos escoger al cristianismo para contrastar con el hinduismo. Sin embargo, en el proceso denominado ecumenismo pueden transitar tomadas de la mano ambas religiones en el camino ancho que ofrece nuestro mundo. La figura de la virgen María –llevada por concilios romanos a la ascensión a los cielos, convertida también en madre de Dios, reina celestial- podría ser el vínculo común en estas dos aparentemente adversas religiones. Shakti, la Madre Cósmica hindú, ajusta al prototipo de María, vista como madre de Dios (según el catolicismo romano).

Dentro del vasto camino ancho, un movimiento atractivo para las masas: el gran circo pentecostal.

El llamado movimiento carismático contemporáneo, surgido en los inicios del siglo XX en Los Angeles, Estados Unidos de Norteamérica, ha sido fundado en el espíritu de un grupo de personas agrupadas con el interés de dejar un legado ideológico y cultural, en parte como señal de protesta por el evangelio de los blancos, considerado frío, monótono y separatista, en parte pretendiendo resucitar las ideas del grupo montanista de los primeros siglos de nuestra era, condenado y apagado por herético desde la incipiente iglesia.  Si los milagros de sanidad del Nuevo Testamento fueron instantáneos, seguros y permanentes, los milagros pentecostales o carismáticos son burdas imitaciones, más bien simulacros que se intentan validar en una masa hipnotizada, ensimismada, sedienta y aturdida por la gritería y algarabía de sus dirigentes, opacando el más simple uso de razón de la audiencia.

El pentecostalismo sirve de puente inter-iglesias, pues se ha extendido como la mala hierba, dondequiera crece. Ese atributo de fácil propagación le confiere un talante de autoridad (argumento de cantidad) y ya en Roma es bienvenido, pues ellos también tienen sus cohortes llamadas carismáticas. A fin de cuentas, dicen ellos, es un mismo Espíritu.  Un mismo Espíritu el que habla a través de los evangélicos pentecostales, declarando nuevas profecías,  contraviniendo el cierre de las mismas según lo dictaminado en la Biblia.  Un mismo Espíritu el que habla a través de una seguidora de María, profetizando y haciendo llamados al amor. Al final se trata de la misma iglesia.  Pero igualmente un mismo Espíritu el que habla a través de los seguidores de María Lionza (una divinidad venezolana cuyos seguidores sacerdotes también hablan en lenguas, las mismas lenguas de los católicos y la de los evangélicos).   Por cierto, ha habido al menos un estudio serio realizado al respecto, en el cual se grabó a un grupo de carismáticos católicos, pentecostales evangélicos y seguidores de María Lionza, y pudo comprobarse que las tres supuestas lenguas eran la misma lengua, con los mismos signos de balbuceo que suelen intervenir en las llamadas jerigonzas. Así debe suceder en el resto del planeta, un ángel de luz que hace creer que un Dios sobrenatural está hablando nuevamente, declarando nuevas profecías, reescribiendo la Biblia.

Miles de religiones en el planeta tierra, todas ellas en el camino ancho y espacioso.  Todas ellas pueden convivir unas con otras porque no se eluden, sino que se incluyen y se implican.  Salvo excepciones en que una de ellas pretende hegemonía, los conflictos se diluyen bajo el concepto de la diversidad cultural de los pueblos.  Del otro lado del camino hay un sendero estrecho, bastante incómodo y solitario. En ese camino se halla el evangelio de Jesucristo, exclusivista, intransigente, con la sentencia del Mesías diciéndonos que nadie va al Padre sino por Él.  Incluso, desde el camino angosto podemos mirar a lo lejos a muchas religiones cristianas que suelen convivir armoniosamente en la espacialidad del camino ancho.  Ellas han encontrado los puntos de coincidencia con las otras miles de religiones, pues a fin de cuentas todas buscan la idea de un Ser Supremo, todas anhelan un bienestar eterno, y todas sostienen un plano terreno de igualdad sustentado por la miseria espiritual, que no es más que la necesidad de reconocimiento de la ausencia del Padre.  En todas se produce la nostalgia por un hogar especial, añorando la convivencia con el Padre eterno.

Esos cristianos del camino ancho suelen tener muchos nombres, adjetivos tal vez.  A todos los caracteriza su estilo de no sectarios, su cualidad interpretativa y humanista de la Escritura.  A fin de cuentas somos todos de la misma masa y las religiones han causado muchas guerras y malestares, por todo lo cual hay que ponerse de acuerdo de una sola vez para convivir en paz.  En ese camino ancho sigue habiendo espacio para todo cuanto llegue con alguna idea religiosa, pues la diversidad cultural de los pueblos les da la bienvenida.

El camino angosto es bien estrecho.  No sólo estamos distantes de aquellos, no sólo creemos que Cristo es el único camino hacia el Padre, sino que además creemos que nadie puede ir a Cristo si el Padre no lo permite y lo lleva Él mismo.  De manera que estamos en una suerte de tautología teológica: por un lado nadie va al Padre sino es por Cristo, quien es el camino; pero por otro lado nadie va a Cristo si no se es enviado por el Padre.

Esta tautología es resuelta bajo la premisa de la predestinación.  Y esa predestinación estrecha aún más el camino.  El hecho de que se nos diga que no somos libres ni siquiera de elegir el camino es un atropello intelectual y emocional.  Muchos reaccionan y se van al camino ancho, pues allá pueden elegir, elegir incluso iglesias cristianas de muchas denominaciones.  Elegir la manera de adorar conforme a la diversidad cultural de los pueblos.  Los que nos quedamos en el camino angosto entendemos que hay caminos que al hombre parecen rectos, pero su fin es camino de muerte.  Entendemos que muchos que conforman ¨el pueblo¨ de Dios- ¨y son llamados¨-, perecen por falta de entendimiento (Oseas 4:6).  ¨Muchos son llamados, mas pocos los escogidos¨ (Mateo 20:16).

El camino angosto también ofrece sus ventajas.  Una de ellas es que por haber poca gente en medio de él nos sentimos solos, pero holgados.  La pregunta que le hiciera Jesucristo a los 12 apóstoles (sabiendo que Judas estaba en medio de ellos) sigue actualizada: ¿Queréis vosotros iros también?  La respuesta no puede ser distinta a la que dijera Pedro: ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

Esa es la gran diferencia entre los dos caminos.  Sólo es posible permanecer en el camino angosto si se es llamado y elegido para tal fin.  De lo contrario, los puentes hacia el camino ancho están a la vuelta de la esquina, y son de fácil tránsito.

César Paredes

retor7@yahoo.com


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 13:33
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