Domingo, 11 de enero de 2009

El verso 2 de Romanos 10 señala que hay personas que poseen anhelo de Dios, pero no conforme a ciencia. La razón esgrimida es sencilla: ignoran la justicia de Dios y establecen la suya propia. Cristo es la justicia para el que cree.

Podríamos preguntarnos qué es creer, pues los demonios creen y tiemblan.  Muchos dirán aquel día: Señor, en tu nombre hicimos muchas cosas, pero serán rechazados pues nunca fueron conocidos.  Entonces ¿por qué el mandato a esforzarse y a entrar por la puerta estrecha, a ir por el camino angosto, a ser valiente para arrebatar el reino de los cielos?  ¿Por qué se dice que debemos perseverar para ser salvos?

Un nuevo elemento debemos incluir en esta reflexión sobre el llamado que se nos hace.  En este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia (Romanos 11), y si por gracia, ya no es por obras.  En Juan capítulo 6 se relata el planteamiento de Jesús a muchos de sus discípulos acerca de quiénes eran, son y serán los que pueden ir a Jesús.  Cierto que muchos son llamados y pocos los escogidos.  La obra de Dios es que creamos en el que Dios ha enviado, sin embargo no todos los que oyen la palabra enviada llegan a creer y no todos los que dicen creer lo hacen de veras. 

En el relato de Juan 6 observamos un grueso número de discípulos que ´creían´ en Jesús como hacedor de maravillas, habían presenciado el milagro de los panes y los peces beneficiándose de esa dádiva.  Ese había sido un evento reciente, con apenas 24 horas de acontecido.  Dice Juan que muchos de ellos eran discípulos, lo cual implica que oían sus enseñanzas, las creían (de otra forma no serían llamados discípulos), se animaban unos a otros y se maravillaban con sus milagros.  Además le seguían de día y de noche.  Con todo eso todavía se preguntaban qué señal sería necesaria para creerle a Jesús que era el Hijo de Dios.

En ocasiones solemos demandar señales nuevas que verifiquen si somos o no hijos de Dios.  La duda pareciera embargarnos, pero salimos a flote al entender que si le amamos a Él es porque Él nos amó primero.  La lectura de Juan  6 despeja la duda, pues ´Todo lo que el Padre le da a Jesús, vendrá a Él, de manera que Jesús no le echa fuera´ (verso 37).  Y la voluntad serena, inmutable, desde los siglos, es que de todo lo que le diere a Cristo, éste no pierda nada.  Todo y nada, opuestos que muestran el inconmensurable amor del Padre para con sus escogidos o elegidos. Todos ellos son enviados a Cristo, la puerta angosta o estrecha, para que sean rescatados por el pago en la cruz.  Ese amor se refleja además en que está basado en una voluntad inquebrantable:  que Cristo no pierda nada de todo lo que le envió (v.39).

De allí que cobre sentido que la perseverancia de los escogidos ha de darse plenamente; ellos son valientes para arrebatar el reino de los cielos; procuran andar por el camino angosto.  Los elegidos comprenden que de no haber sido por la elección eterna nadie sería salvo.  Ya lo dijo Isaías, si el Señor no nos hubiera dejado remanente seríamos como Sodoma y Gomorra.  Y Pablo argumenta que fue en Isaac que sería llamada una descendencia.  El elegido entiende que no existe un ápice de buena voluntad en su naturaleza o voluntad para aspirar al reino de los cielos. 

Entiendo además que esta palabra de la elección que enseña que ´nadie puede ir a Cristo, si el Padre no lo enviare´ es una palabra fácil de oír.  Los discípulos reseñados por Juan 6 encontraron esta palabra ´dura de oír´.  Ellos encontraron que esta palabra les ofendía (v.61), porque la elección ofende a los no elegidos.  La palabra de la elección suele ser repugnante para no pocos cristianos.  Por algo el Señor les preguntó a ´esos´ discípulos si lo que les estaba enseñando acerca de la predestinación les ofendía: ¨Esto os ofende?¨…Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre¨  La consecuencia inevitable fue que desde entonces ¨muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él¨ (v.66).

Hoy día contemplamos a miles de creyentes (discípulos) que no se mueven atrás, pero que continúan ofendidos con la palabra de Cristo.  Argumentan que esa palabra es repugnante y constituyen iglesias, congregaciones, pretendiendo seguir al Maestro a través del simulacro de las normas de conducta de la institución evangélica.  Suponen que el Señor se agrada de sus sacrificios, pero se olvidan de que no todo el que le diga ´Señor, Señor´ entrará en el reino de los cielos.  Solamente entrarán los que hagan la voluntad del Padre, y uno de sus mandatos primordiales es creer lo que la Escritura enseña.  ¿Acaso desde Génesis hasta Apocalipsis no está anunciada la doctrina de la Soberanía de Dios?  De verdad que Dios hace como quiere, sin que nadie pretenda ser su consejero, ni le diga al oído que su predestinación es repugnante.

Al final del relato de Juan 6 Jesús se volteó a los 12 y les increpó diciéndoles que si se querían ir con los ofendidos por la predestinación que se fueran.  Pedro le respondió de inmediato y con la claridad del Padre: ¨Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabra de vida eterna.  Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente¨  Pedro hablaba por los 12, pero Jesús de inmediato le aclaró que  era Él quien les había escogido, pero que uno de esos 12 era diablo, refiriéndose a Judas Iscariote, el que le habría de entregar.

Esta enseñanza debería acompañarnos por siempre en este breve sendero de la vida, para dejar a un lado todo ápice de soberbia.  No depende de nosotros, sino de Dios que tiene misericordia.  Le amamos a Él porque Él nos amó primero.  Nos escogió desde antes de la fundación del mundo, antes de que hiciéramos bien o mal, para que la causa de la elección reposara en el que elige y no en el elegido.

Al mismo tiempo esta enseñanza nos dará a los escogidos de Dios absoluta paz, absoluta certeza para internalizar que verdaderamente nadie podrá separarnos del amor de Dios. Justificados por la fe tenemos paz para con Dios. De allí que sobran los argumentos para suponer y creer con firmeza que los elegidos perseveraremos hasta el fin, tendremos valentía para arrebatar el reino de los cielos, cumpliremos con la voluntad del Padre, pues dado que esas buenas obras han sido preparadas de antemano para que andemos en ellas, no queda otra vía sino acompasarnos con la voluntad eterna e inmutable del Padre. No es que el caballo se coloca detrás de la carreta para empujarla, sino la carreta detrás del caballo para que éste la hale.  Asimismo, las buenas obras (la obediencia a Dios, el temor reverente, el hacer su voluntad inmutable) no son la causa para ir al cielo, son la consecuencia inevitable de tener una nueva naturaleza en nosotros, naturaleza dada por voluntad divina, no por voluntad de sangre, de carne o de varón. Esa nueva naturaleza se produce en el nuevo nacimiento, en el cual no tenemos arte ni parte según nuestra voluntad, pues la humanidad entera está muerta en delitos y pecados, por todo lo cual se presume que alguien ajeno a nosotros tuvo que habernos dado vida.  El hombre de la mano seca no podía extender su mano muerta; sin embargo, cuando oyó la palabra de Cristo diciéndole ´extiende tu mano´, la pudo extender. Asimismo, solamente los escogidos por Dios estamos en capacidad de oír su voz ordenando y operando en nosotros el nuevo nacimiento. 

Lo hermoso de esta epopeya de Dios es que nosotros no sabemos quiénes son esos escogidos esparcidos por el mundo, solamente se nos ordena anunciar la buena nueva de salvación, pues sin duda habrá un grueso número entre los miles de millones de habitantes del planeta que serán despertados como Lázaro lo fue desde su tumba.  La palabra diciente de Cristo (el remato Cristou) específico es la del poder específico, la misma que le fue proferida a Pedro cuando se le ordenó a caminar sobre las aguas.  Esa es la palabra generadora del nuevo nacimiento. Dios sabe a quién llega su voz y quién será beneficiado con su anuncio. Mi labor es solamente anunciar, la suya es la de oír, pero la de Dios es enviarlo a Cristo de acuerdo a sus planes eternos.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 16:59
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