Viernes, 28 de diciembre de 2007
El Canon de la Biblia o la manera como midieron la factibilidad de que unos libros fuesen inspirados por Dios y otros no, libros escritos a lo largo de m?s o menos 1.600 a?os, por alrededor de 40 autores que no necesariamente conoc?an los libros de sus predecesores, algunos s? pero otros no, demuestra el plan soberano y eterno de Dios; Dios gobernando a?n en esos asuntos que parecen tan azarosos, tan casuales, como producto de c?nclaves y decisiones grupales, s?nodos, deliberaciones, pero que finalizan en un conjunto suscrito como una obra concatenada y sostenida de principio a fin por su coherencia tem?tica.

Algunas personas son sus detractores. Otras son acusadoras de la discrecionalidad de quienes decidieron acerca del Canon, pero no obstante, aquellas personas que realmente buscan indagar en la verdad porque tienen el inter?s manifiesto de conocerla, no podr?n m?s que maravillarse de la forma en que se ejecut? ese plan divino. Por eso, entre otras cosas, pienso que cuando algunos cr?ticos acerca de si la creaci?n se hizo en 6 d?as o 6.000 millones de a?os se inclinan por la mayor cantidad de tiempo, pues consideran mito el hecho de que fuese hecho el universo en 6 d?as, deber?an ser coherentes con su criterio al sojuzgar la factibilidad de la hechura de un libro en un plazo de 1.600 a?os, pues resulta mucho m?s f?cil para el autor hacerlo en menos tiempo que coordinar todas las eventualidades que suelen darse en un plazo tan exagerado de tiempo.

Para el Creador resulta m?s f?cil ?eso suena a paradoja- hacer el mundo en 6 d?as que en 6.000 millones de a?os, pues haberlo hecho en un tiempo tan extenso presupone tener cuidado de la forma como todo se coordina para que se produzca lo que los f?sicos modernos llaman la singularidad, que no es otra cosa que el c?mulo de condiciones sine qua non para que el universo est? donde est?. Pero si aqu? la l?gica creacionista se conjuga con la evolucionista, para darse mayor prestancia con sus cr?ticos, aceptando el criterio de un tiempo superior a 6 d?as para la creaci?n o aparici?n del universo, deber?a ser congruente con maravillarse por el hecho de c?mo un libro pudo escribirse en 1.600 a?os y presentar tal coherencia en sus temas, en sus profec?as, en su historia y en el cumplimiento perfecto de todo cuanto all? se anuncia.

Claro, es Dios obrando en la historia. Dios meti?ndose en la historia de tal forma como se encarn? en ella: Y el Verbo se hizo carne. Si el Verbo se hizo carne, si puso su vida y la volvi? a tomar de s? mismo, es l?gico suponer que el Verbo tiene control del tiempo, del fruto del tiempo que es la historia, del acontecer generacional y de todos los detalles que coadyuvan en la producci?n del alcance de las metas u objetivos propuestos por el Ser Supremo.

De all? que veamos rasgos culturales en cada libro de la Biblia. Rasgos del autor hist?rico, del instrumento usado en el proceso de inspiraci?n; unos fueron profetas, otros poetas, otros cronistas, pero todos relatores de lo que se ha conocido como La Palabra de Vida. Incluso los utensilios usados para tallar las tablillas de arcilla, para escribir en el papiro, en la vitela, en el pergamino, entre otros mecanismos de utiler?a y tecnolog?a de la escritura antigua, aparecen como circunstancias de ciertos momentos de la historia humana. Sin embargo, el Dios que todo lo prev?, que todo lo preordena, genera tambi?n las circunstancias para que se cumpla su prop?sito que adem?s es eterno. Esto no deja de maravillarnos desde nuestra finitud existencial en tanto simples mortales. Pero nos maravilla a?n m?s cuando nosotros somos el objeto de su gracia salv?fica anunciada en ese gran libro de los libros, que contiene los elementos necesarios para orientarnos en y hacia nuestro destino.

Por supuesto, los que no tienen todav?a la fe necesaria que da el Se?or para creer en esto se maravillan del absurdo que supone el creerlo. El efecto es el mismo, entonces: unos nos maravillamos por la grandeza del amor de Dios que todo lo ha planificado hasta en sus m?nimos detalles, y que no se escandaliza de nuestra diversidad cultural, por cuanto todo lo ha hecho ?l para s? mismo y para alabanza de su gloria; pero otros se maravillan de nuestra credibilidad en cosas que suenan l?gicas con la estructura de la cultura e historia humana, sin que por ello haya que atribuir intervenci?n divina alguna. Pero miremos al Arco Iris: la ciencia puede hablar de los colores primarios, de las causas f?sicas que generan la posibilidad ?ptica para contemplar el Arco, pero los creyentes aunque no negamos la ciencia, ni negamos la realidad causal de la naturaleza en ese fen?meno ?ptico, atribuimos ese hecho a un dictamen y prop?sito divino en un momento determinado y con un prop?sito determinado. No hay contradicci?n sino diferencia. Contradicci?n habr?a si neg?semos la causalidad f?sica del fen?meno; la diferencia estriba en que los creyentes creemos adem?s en la causa de la causa. Por eso se nos acusa de ignorantes y vasallos fundamentalistas, pero los acusadores deber?an recordar que cuando un creyente b?blico anuncia sus creencias, aparte de hacerlo por un acto de fe ?imposible de explicar a quien no tiene ese don- lo hace siguiendo el patr?n trazado por Arist?teles, el baluarte de la ciencia desde muchos siglos. En efecto, ?l dijo que buscando el principio de todas las cosas deber?amos llegar al motor sin motor, que mueve todas las cosas pero que no es movido por nadie.

El Dios de la Biblia se nos ha revelado como ese Dios que mueve todas las cosas pero que no es movido por nadie, pues ?l mismo dice ?Qui?n fue Su Consejero?. Y en la misma Biblia se cita a un poeta griego que dijo: En ?l vivimos, nos movemos y somos. Por eso hay diferencia pero no contradicci?n. El negro es diferente del azul pero no su contrario. Su contrario es el blanco. El blanco es diferente del azul pero no su contrario. Asimismo, existen diferencias entre los creyentes y los incr?dulos, pero no por eso los creyentes negamos la ciencia, sino que nos alegramos en ella pues ella misma demuestra parte de la grandeza de nuestro Dios.

La raz?n del Canon.

La pregunta surge, ?por qu? el canon? Realmente el Dios de los cielos utiliz? a los humanos para manifestar su revelaci?n, asimismo utiliz? a la misma humanidad para resguardar lo manifestado. Existi? una tradici?n en el pueblo de Israel en torno a la lectura de ciertos grupos de libros considerados por sus l?deres religiosos como los libros heredados bajo revelaci?n divina. Los criterios esgrimidos giraban en torno a las cualidades del mensaje y sus beneficios espirituales en los hombres. Pero existi? siempre un principio innato, as? como existe desde siempre en las denominadas leyes de la ciencia, llamado el principio de no contradicci?n.

Seg?n este principio ning?n libro debe contradecir a otro del grupo, sino que todos en su conjunto deben poner de manifiesto una coherencia y cohesi?n textual.

El Canon del Antiguo Testamento.

El Antiguo Testamento fue estructurado desde que se concibi? como conjunto de libros para leer, por parte de los que fueron considerados como el pueblo de Dios, de la manera siguiente:

1. La Tor?, que significa ense?anza o ley, y ha estado restringida para los primeros cinco libros de la Biblia, que son G?nesis, Exodo, Lev?tico, N?meros y Deuteronomio.
2. Los Profetas, que conten?an a los primeros profetas llamados Josu?, Jueces, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes, pero que tambi?n agrupaban a los ?ltimos profetas, tales como Isa?as, Jerem?as, Ezequiel, seguidos de los 12 profetas menores, los cuales son Oseas, Joel, Am?s, Abd?as, Jon?s, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofon?as, Ageo, Zacar?as y Malaqu?as.
3. Los Escritos que comprend?an por un lado a los libros po?ticos, tales como Salmos, Proverbios, Job, otros libros le?dos en las festividades jud?as y que son El Cantar de los Cantares, Rut, Lamentaciones, Eclesiast?s y Ester; y dentro de este grupo tambi?n se incorporaban los libros hist?ricos, tales como Daniel, Esdras y Nehem?as, as? como 1 y 2 de Cr?nicas. Es de hacer notar de que a Los Escritos se le denominaba indistintamente Salmos, por ser ?ste el primero de los po?ticos. Asimismo, podemos encontrar profec?a tanto en un libro po?tico -como es el caso de los Salmos- como en un libro hist?rico -por ejemplo, el libro de Daniel. Pero aunque all? haya profec?a se considera po?tico o hist?rico, si bien pudi?semos conseguir historia tambi?n en un libro po?tico.

Cuando Jes?s se encontraba en el aposento alto les dijo a sus disc?pulos que era necesario que se cumpliese todo lo que estaba escrito de ?l en la ley de Mois?s, en los profetas y en los salmos. Semejante declaraci?n pone de manifiesto en forma categ?rica la manera como estaba estructurado el canon de lo que ser?a la Biblia hebrea; pero debemos aclarar que en la antig?edad se citaban a Los Escritos como a los Salmos, pues era el primer libro que los compon?a (Lucas 24:44). De igual forma Jes?s es citado en Mateo 23:35 confirmando su testimonio referente al canon de lo fue el Viejo Pacto: desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacar?as. Abel fue mencionado en el primer libro de la Biblia, llamado G?nesis, y de acuerdo al canon hebreo Zacar?as fue el ?ltimo m?rtir que muri? apedreado profetizando en el patio de la casa de Jehov? (2 Cr?nicas 24:21). Esto no es otra cosa que corroborar el orden establecido en el canon antiguo al decir, de alguna manera, desde G?nesis hasta Cr?nicas, pues como hab?amos se?alado anteriormente, Los Escritos colocaban a 1 y 2 de Cr?nicas como los dos ?ltimos libros de la Biblia Veterotestamentaria, ya que el G?nesis era el inicio de ella, marcando el comienzo de la Tor?.

Estas dos declaraciones recogidas en los evangelios legitima el canon establecido como el veraz, el ?nico a ser considerado como fuente inspirada por Dios, ya que si Jesucristo es Dios mismo hecho carne, y ?l dijo que el Padre y ?l eran uno, entonces ?l dio fe de lo que se tiene como Su libro inspirado. Por otro lado, Jes?s jam?s hizo referencia alguna a lo que se ha considerado como los libros deuterocan?nicos, como un segundo canon a?adido al protocan?nico. No los mencion?, no los discuti?, sino que los ignor? por completo. As? como ?l es la Verdad y no se puso a mencionar a todas las divinidades paganas para refutar una a una, tampoco refut? uno a uno cualquier otro libro que pretendiera adulterar Su palabra revelada hasta entonces.

Y siguiendo el principio de no contradicci?n, los otros libros que pretenden incorporarse como can?nicos son narraciones hist?ricas en las cuales unas dicen que ellas mismas no son inspiradas por Dios, mientras que otras solamente desdicen del mensaje central de la Escritura, de la salvaci?n por gracia que Dios ofrece a los elegidos; esos libros del segundo canon, o ap?crifos -como se les llama- hablan de de una salvaci?n por obras y no por gracia, contraviniendo claramente aquellos textos en que se expone que la salvaci?n no es por obras sino por gracia, pues de otra manera la gracia ya no ser?a gracia. Esos textos suponen que la oraci?n hecha por los muertos es ?til para los difuntos y pretende anular la imposibilidad que se le presenta al ser humano de encontrar opci?n salv?fica una vez que muere sin Cristo, pues est? establecido para los hombres que mueran una vez y despu?s de esto el juicio (Hebreos). Y como se?alamos, en algunos de esos libros que han pretendido ser anexados, se habla de la posibilidad de orar por los muertos, de la posibilidad de ser salvos por medio de limosnas y caridades, contraviniendo una vez m?s las ense?anzas de Jes?s al respecto, si recordamos la par?bola del Rico y L?zaro, entre tantas de sus ense?anzas.

El Canon del Nuevo Testamento.

A partir de lo dicho en Efesios 2:20 se observa la estructura b?sica de la Iglesia de Cristo: Jesucristo como la principal piedra del ?ngulo y los ap?stoles y profetas como fundamento de edificaci?n. De manera que son tres los componentes esenciales del sustento de la Iglesia: Jesucristo, los ap?stoles y los profetas. Se ten?a como modelo a la Iglesia de Jerusal?n que continuaba en la doctrina de los ap?stoles y en la comuni?n, seg?n lo se?ala Lucas en el libro de los Hechos 2:42. De manera que los ap?stoles dictaminaron con sus ense?anzas y conducta lo que ser?a ?til para la Iglesia incipiente, ese gran misterio del que hablara Pablo. Y Pablo mismo se incorpor? tard?amente, como un abortivo ?en sus propias palabras- a conjugarse como ap?stol de Jesucristo, argumentando que se debe reconocer a sus escritos como mandato del Se?or (1 Corintios 14:37).

Haciendo un poco de historia, en el siglo II d.C. aparece dentro de la iglesia cristiana un personaje llamado Marci?n, quien se convirti? en un hereje y dec?a que Jesucristo estaba compuesto por dos personas; en una de las cuales vino como esp?ritu y en la otra como hombre. Para lograr su objetivo Marci?n, con su influencia econ?mica, instituye su propio canon para fortalecer su nueva doctrina. Por otro lado, muchas iglesias usaban libros no inspirados, pero de gran valor cultural y conductual, pero que desviaban del sentido recto de la doctrina apost?lica y prof?tica, derivando hacia otro fundamento distinto al de Jesucristo. Asimismo, hubo persecuciones romanas en el siglo IV d.C. contra cualquier libro utilizado por los cristianos en su preparaci?n doctrinal, tratando de hacer desaparecer cualquier vestigio de las cartas y evangelios de las que se manten?an copias en muchas iglesias.

Estos asuntos, entre muchos otros factores, hacen que aparezca un s?nodo, el de Hipona, hacia el a?o 393 d.C., confeccionando una lista de 27 libros que constituir?an el Nuevo Pacto o el Nuevo Testamento. Pero hay que aclarar r?pidamente que este s?nodo solamente reconoci? la autoridad que ya ten?an estos 27 libros en el uso regular que m?ltiples iglesias le daban a ellos, por lo que no podr?a decirse que el s?nodo como tal le dio autoridad a estos libros, simplemente se las reconoci?.

Este conjunto de libros circulaba en forma separada durante los primeros 300 a?os de vida del cristianismo. Al parecer exist?an cuatro vol?menes que comprend?an lo que hoy se conoce como Nuevo Testamento. El primer volumen conten?a los cuatro evangelios; las ep?stolas de Pablo pertenec?an al segundo volumen; luego ven?an lo que se llamaba las ep?stolas generales y finalmente el Apocalipsis ocupaba el cuarto volumen. El libro de los Hechos ven?a en ocasiones agregado o a los evangelios o a las ep?stolas generales.

Pero innumerables evangelios, cartas atribuidas a algunos ap?stoles, libros apocal?pticos, aparec?an en la escena cristiana como el aporte de personas inescrupulosas, que pretend?an desviar la doctrina apost?lica y prof?tica del fundamento que era Jesucristo en la iglesia naciente. Por eso la urgencia de un s?nodo que iniciara la declaraci?n de lo que se consideraba verdaderamente inspirado o camuflado ?algunos prefieren el t?rmino de ap?crifo para este conjunto de libros de apariencia inspiracional. Lo cierto es que hab?a la necesidad de poner las cosas claras desde un comienzo y eso fue lo que se hizo, para bien de los futuros creyentes que Dios en la historia manifestar?a.

Lo ap?crifo.

El t?rmino ap?crifo quiere decir oculto y se le aplica a cualquier libro atribuido a autor?a sagrada cuya pertenencia al Canon b?blico est? o estuvo en discusi?n, por lo que no termina siendo aceptado por las autoridades religiosas en cuesti?n. Se dice que Jer?nimo de Estrid?n fue el primero en usar este vocablo, al referirse a los escritos que tuvo que traducir desde sus lenguas originales al lat?n. Esos escritos se conocen hoy d?a como deuterocan?nicos o pertenecientes a un segundo canon, que no formaba parte del texto usado por las comunidades jud?as y que no hab?a sido aceptado por Jes?s cuando hizo referencia a las Escrituras que hablaban de ?l. A partir de Jer?nimo se conoce como ap?crifo a todo libro ?incluso del Nuevo Testamento- que haya aparecido de procedencia dudosa y que pretenda incluirse en el Canon establecido por las comunidades religiosas pertinentes.

Por eso, hab?amos se?alado que referidos al Nuevo Testamento tambi?n podemos encontrar algunos textos escritos por gn?sticos, o por cualquier grupo hereje que pretendi? mezclarse con los textos originarios del movimiento cristiano. Si alguna persona quiere indagar acerca de si un libro de los llamados ap?crifos deber?a estar aceptado plenamente por la comunidad cristiana, bastar?a con intentar sostener su contenido a la luz del contenido general y espec?fico del resto de las Escrituras. Pues no podr?amos conciliar, en virtud del principio de no contradicci?n, los antagonismos que resultan de semejante cotejo. Por ello, una vez m?s, la soberan?a del Dios de la Biblia asombra, en el entendido de que se hizo un libro por intermedio de 40 autores y a lo largo de un per?odo de 1.600 a?os, bajo las influencias de las primeras t?cnicas de escritura en pergaminos, vitelas, papiros y ostracas. Porque grandes y maravillosas son Sus obras!

Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 19:25
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