S?bado, 15 de diciembre de 2007

Esta interrogante surge siempre que uno investiga sobre el tema de los últimos tiempos, acerca de la anunciada Gran Tribulación para probar a los moradores de la tierra. Algunos se inclinan a creer que la Iglesia pasará por este juicio divino, la llamada ira de Dios, ya que es parte de nuestro vivir el ser atribulados con diversas pruebas. Otros, en cambio, sostienen lo contrario. Me he puesto a examinar los pro y contra de una y otra postura y, en mi opinión, creo que más allá del deseo de no estar en medio de semejante fuego cruzado por parte de Dios y de Satanás, conviene hacer una exposición minuciosa en torno a la lectura del Apocalipsis, el libro que mejor anuncia los eventos del fin.

Por supuesto, no es en este espacio donde podremos exponer cada detalle de ese libro, pero sí creo posible señalar al menos algunos aspectos argumentativos lógicos que se derivan de la lectura apacible que hagamos del texto. Un investigador de Semiótica, la ciencia de la interpretación de los signos, dijo alguna vez con mucha razón: Fuera del texto no hay salvación. Y es que a veces por buscar el contexto nos alejamos del texto, distanciándonos de lo literal del sentido mismo de las palabras. Por ello, una vez más, me aferro al texto escrito que va a servir de orientación hacia el camino de la interpretación que se haga de lo anunciado en el libro del Apocalipsis.

Cuando comenzamos a leer el capítulo 1 del mencionado libro, el verso 4 ya anuncia el destinatario inmediato: Juan, a las siete iglesias que están en Asia. Más adelante el autor describe el sitio donde se encontraba, la isla de Patmos, por causa del testimonio de Jesucristo (la historia nos habla del destierro a esa isla, en donde se supone que muere entrado en años). En esa isla, en el día del Señor –suponemos que era un día domingo- Juan estaba en el Espíritu y comenzó a oír una voz que le ordenó escribir en un libro lo que él estaba viendo, para enviarlo más tarde a las siete iglesias que están en Asia. Estas siete iglesias tienen una particularidad geográfica, todas se encuentran en Asia, pero además todas ellas, vistas desde un satélite, configuran un círculo. El círculo en la simbología universal señala la idea del continuo, de lo que no acaba, de aquello que empieza y termina con él mismo, de algo que visto a cierta distancia pareciera que pudiera comenzar y terminar en cualquier sitio. Sin embargo, para no perdernos el horizonte, las iglesias son enumeradas, y hay una primera seguida de una segunda, hasta llegar a la séptima que cierra el círculo. Esta aclaratoria es de importancia por cuanto en Asia existían más de siete iglesias; fuera de Asia también existían muchas más. Esto nos llevaría a la interrogante de ¿por qué siete? ¿por qué no ocho o dieciséis, o por qué no nombrarlas a todas?

Recordemos la simbología del número siete que es número de perfección. En el séptimo día descansó Dios de hacer su obra de la creación; el séptimo día es el del reposo, el que se dedica al Señor. Si el seis es número de hombre, y el tres denota trinidad en la Biblia, el triple 6 ó 666 es el hombre tres veces divinizado, tres veces rebelado contra Dios. Es por lo tanto la encarnación de la Bestia que se opone a Dios. Los números en la Biblia también tienen su significado y su razón de estar nombrados en determinados momentos.

Siete iglesias distribuidas como un círculo debe llevarnos a la idea de la plenitud de las iglesias, a la totalidad de las iglesias. De allí que el mensaje de Juan no sea un mensaje local, restringido a un momento histórico pasado, a un grupo mínimo de comunidades eclesiásticas, marginando a la mayoría de las iglesias existentes en ese momento y mucho menos marginando a las iglesias que han existido a lo largo de la historia del cristianismo. Es por lo tanto un símbolo de la totalidad de las iglesias, por lo cual conviene denominarse como el mensaje para la Iglesia en general.

Entendido este punto pasemos al siguiente. A medida que se menciona cada iglesia se le mencionan sus características y el Señor les anuncia a todas que Él conoce sus obras. Llama la atención que cerrando el círculo aparecen las dos últimas iglesias: Filadelfia y Laodicea. A Filadelfia se le dice que tiene una puerta abierta que nadie puede cerrar, pues aunque es una iglesia de poca fuerza esa iglesia tiene el mérito de haber guardado la palabra de Cristo (yo diría la doctrina de Cristo) y se ha atrevido a no negar su nombre en medio de un mundo que quiere apagar el nombre de Cristo. Una gran promesa es anunciada a esta iglesia, o a este período de la iglesia –si tomamos en cuenta que la idea de círculo implica el perímetro por donde ha de transitar históricamente la iglesia de Jesucristo-, esa promesa es Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra (Ap.3:10).

En cambio, la iglesia que cierra el círculo, la del último período, cuyo nombre significa algo como la justicia del pueblo o el pueblo que gobierna, por el compuesto étimo de Laos –pueblo- y Diké –justicia, que puede ser también metafórico de gobierno, da a entender con ese nombre que es la iglesia democrática, que hace elecciones, que debate sobre lo bueno y lo malo, que se gobierna a sí misma, y ha dejado al Señor mismo fuera de la iglesia, sin buscar su voluntad escrita en su palabra, al punto de que el Señor mismo se manifiesta como el que está a la puerta y llama, queriendo significar que no está dentro de esa iglesia. Además hay otras razones para estar fuera: una iglesia que apesta pues le produce náuseas al Señor, le produce vómito. Es una iglesia engreída, cargada de soberbia, de poder humano: tiene de todo, es rica y no necesita ni del Señor, pues posee seminarios, doctrinas (en plural), intérpretes, profetas, libros exegéticos, diversas traducciones de la Escritura, reinterpretaciones actualizadas al momento histórico en que vive, se adapta al cambio sociocultural de las masas, posee muchos militantes, en otros términos, no tiene necesidad de nada. A esta iglesia no le promete ni la puerta abierta ni la liberación de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero. Puede muy bien ser la iglesia apóstata que habrá de pasar por la Gran Tribulación, que ya no es iglesia por cuanto ha sido vomitada de la boca del Señor por ser indigerible como iglesia, y es tan sólo un conjunto de seres aislados que todavía tienen el chance de oír aisladamente la voz del Señor en la invitación a cenar. A lo mejor es la iglesia de mayor martirio que tendrá que soportar la persecución del Anticristo y sufrir la hora de la prueba a los que moran en el mundo.

Y volviendo al punto inicial, una vez que Juan oye la voz que le anuncia el mensaje a las siete iglesias, a la etapa de la iglesia en el mundo, obedeciendo él el mandato, acaba la obra. Pero más tarde, después de esto como él dice, miró una puerta abierta en el cielo y escuchó una voz que le dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas.

Vamos al texto, pues fuera de él no hay salvación interpretativa. Después de esto viene precedido de la conclusión del mensaje a las siete iglesias, que dijimos no puede ser un capricho divino de enviar cartas nada más que a siete iglesias, sino que tienen el sello interpretativo simbólico del número siete en las Escrituras. Además, la posición geográfica-circular de las siete iglesias, connota lo que empieza y lo que acaba como una totalidad absoluta. Significa Después de esto simplemente después de escribir el mensaje a las siete iglesias, después de haber hablado de lo que habrá de suceder a la iglesia en general. Bien, después de que Juan cumpliera el mandato recibido miró una puerta abierta en el cielo y escuchó una voz diciéndole que subiera allá pues le iban a mostrar las cosas que sucederían después de aquéllas. Hay un orden establecido en la visión de Juan: primero recibe el mensaje para la iglesia, después es llamado al cielo donde se le muestra lo que sucederá después de la iglesia. Por eso la expresión te mostraré las cosas que sucederán después de estas. Las cosas que sucederán usted las puede encontrar en el libro de Apocalipsis a partir del capítulo 4, pero van a suceder después de que sucedan las otras cosas que van de primero en el orden. Lo que va de primero es el mensaje a las siete iglesias. Eso anunciado allí acontecerá primero, antes que las otras cosas que van enunciadas desde el capítulo 4.

Se habla a partir de allí de la adoración celestial, del rollo y del Cordero que fue el único digno de abrirlo, de los sellos y de algo muy importante, una multitud de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas, delante del trono y en la presencia del Cordero, y se le dijo a Juan que esos habían salido de la gran tribulación, y habían lavado sus ropas en la sangre del Cordero. Es decir, el remanente dejado de Laodicea que se arrepiente en medio de la lucha que supone vivir bajo la gran tribulación, que oyó la voz del Señor, desde fuera de la iglesia, a la puerta, invitándoles a cenar con Él. Sigue el séptimo sello, con siete trompetas que fueron tocadas una a una, y cada una de ellas traía castigo a la tierra. A Juan parece habérsele revelado el tiempo del fin, pues se le prohibió escribir (cap.10 verso 4) lo que había oído y lo que seguía a continuación, que el tiempo no sería más (verso 6).

Después de eso tuvo que seguir escribiendo lo que tendría que profetizar acerca de muchas naciones, pueblos, lenguas y reyes. Entre otros eventos aparecen la mujer y el dragón, el dragón es Satanás persiguiendo a la mujer, la madre del niño que regirá con vara de hierro a las naciones, el que fue arrebatado para Dios y para su trono. Esa mujer no es otra que Israel, la de la promesa del Génesis 3:15, cuando se habla de la enemistad entre la simiente de Eva y la simiente de la serpiente, y esa simiente de Eva no es otra que la prometida a Abraham cuando se dice En Isaac te será llamada descendencia, cuya descendencia provee la simiente que es Cristo quien es el único capacitado para herir a la simiente de la serpiente. Por ello, cuando el dragón persigue a la madre del niño que regirá con vara de hierro a las naciones, no persigue sino al pueblo de Israel quien representa a la madre de ese niño, pues por la vía de Isaac y su descendencia nació Cristo. Nosotros nos preguntamos a estas alturas de la lectura del Apocalipsis, ¿por qué razón el dragón no persigue a la Iglesia de Cristo? ¿No es su enemiga esencial? La única razón lógica textual que encontramos es que esa iglesia enemiga de Satanás no va a estar en la tierra cuando estas cosas estén sucediendo.

Siguen los eventos de las dos bestias del abismo, las copas de la ira de Dios, la condenación de la gran ramera, la caída de Babilonia, el misterio religioso pagano y político. Inmediatamente después se oyen alabanzas en el cielo, un ALELUYA! por los juicios verdaderos y justos, porque se ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra. Y más gritos de Aleluya! Pues han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado (Ap.19: 7-8). Y el ángel le dijo a Juan que escribiera que Bienaventurados los que son llamdos a la cena de las bodas del Cordero. Después de las Bodas del Cordero, es decir, del matrimonio entre Cristo con su Iglesia, Iglesia que está en el cielo en ese momento de las bodas, Juan ve el cielo abierto y al caballo blanco y a Jesucristo montándolo, viniendo a la tierra para hacer justicia y tomar venganza en sus manos, y fue apresada la bestia y el falso profeta, y lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre. Siguió mirando Juan y vio lo de los mil años, el juicio ante el gran trono blanco, el cielo nuevo y tierra nueva, así como la nueva Jerusalén.

Entonces queda claro, por el texto mismo, que existen varios hechos relatados por Juan en un orden cronológico y lógico-textual que permite afirmar sin temor a equívocos que la iglesia de Cristo no va a pasar por la Gran Tribulación, sino que va a ser librada de la ira de Dios y del azote de Satanás en el período de siete años anunciado por Daniel en su famosa semana setenta. Pasará, sí, la iglesia apóstata, la iglesia tibia, la que Jesús vomita. Se arrepentirán los que Él tenga señalados para tal fin. Estos eventos relatados por Juan los vamos a resumir una vez más, para recordarlos más fácilmente:

1-Que a Juan se le reveló acerca del destino de las siete iglesias, que conforman un círculo geográfico, simulando con ello la idea de un período completo de existencia;
2-Que se escogieron siete iglesias en lugar de las decenas de iglesias existentes en ese entonces, queriendo configurar con ello una significación especial, pues siete es el número de la perfección divina connotada innumerables veces en las Escrituras;
3-Que la manera como está escrito el mensaje para cada iglesia da a entender un período in crescendo, es decir, un período progresivo en la historia, finalizando con las dos últimas iglesias, una a quien se le promete liberación de la hora de la prueba que ha de venir sobre los moradores de la tierra, y otra a quien no se le promete nada, sino que es vomitada por su tibieza y apostasía.
4-Que finalizado el mensaje a las iglesias, el Señor mismo le indica a Juan que suba al cielo –ya no va a estar en la tierra como miembro de la iglesia- para que vea lo que va a suceder después de lo que acontecerá a las iglesias. Recordemos que una de las cosas que acontecerá a la iglesia es su oferta de liberación de la hora de la prueba (Ap.3:10).
5- Que después de estas cosas, es decir, después de lo sucedido a la iglesia –su liberación de la hora de la prueba, no dice su liberación en la hora de la prueba sino de la hora de la prueba, dando a entender con ello que ella estará fuera de ese momento de prueba, pues la preposición griega es ek que traduce ex, fuera de- acontecerán unos eventos pormenorizados de juicio e ira divinas. Y el Señor no nos ha puesto para ira, como señalan otros textos de la Escritura.
6-Que después de mencionar la cadena de eventos terroríficos para los moradores de la tierra, Juan oyó las voces de gozo por la celebración de las Bodas del Cordero, el matrimonio de Cristo con su Iglesia. Eso sucede en el capítulo 19 versos 7 y 8 de Apocalipsis, poco antes de que el Señor, mencionado en el capítulo 19 versos 11 en adelante, monte su corcel blanco y sea visto como quien viene a combatir en la tierra con sus ejércitos celestiales, para apresar a la bestia y al falso profeta, entre otras cosas. Por lo cual, mal pudiera el Señor desposarse con su Iglesia si ésta se encontrase en la tierra. Y las bodas se celebran precisamente en el cielo, justamente antes de que él venga en su Segunda Venida.

Leer el texto nos da la orientación necesaria para entender lo que el texto mismo propone. Razón tenía el Señor cuando dijo: Examinen las Escrituras…Escudriñad las Escrituras…


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 15:04
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios