Viernes, 07 de diciembre de 2007
El témino apostasía deriva del griego apo (fuera de) y stasis (estar, colocarse) y en su conjunto puede significar estar apartado de, colocarse fuera de. Se dice que la apostasía implica estar apartado de las creencias de fe que un día se profesaron. Pero más que estar apartado supone haber renegado de los principios de fe a que anteriormente se había adscrito el apóstata. De manera que más que un sistema de conducta en torno a la realización del bien o del mal, apostatar connota el rechazo al conjunto de creencias doctrinales que sustentan la fe del apóstata.

De allí que antes de mirar al sistema moral de una persona, sus costumbres éticas y prácticas pietistas, contemplar la perspectiva doctrinal del individuo es asunto de extrema importancia. Cualquiera dirá que basta una buena intención en el corazón para que Dios valore esa ética personal como elemento positivo en la comunión que Él pueda tener con el individuo. Sin embargo, la buena intención de la adivina que anunciaba a Pablo como predicador del evangelio del Dios viviente no fue suficiente para que el apóstol mantuviera una buena comunión con esa joven. No basta la conducta, importa mucho la doctrina. De lo contrario se hubiese dicho que en los postreros tiempos algunos apostatarían de la conducta cristiana, pero se dice que se apostatará de la fe, mas no necesariamente de la conducta.

Por otro lado hemos visto cómo ciertos personajes relevantes de la Biblia, como David, Pablo, Pedro, Elías, entre otros, tuvieron conductas impropias de profetas, de apóstoles o de simples creyentes. Sus conductas impropias no les fueron causas para apartarse de la fe. Ellos no apostataron de la fe. Porque apostatar de la fe implica renegar de la doctrina de la fe. Es más que hablar contra la doctrina de la fe, manifestando duda, va más allá de una simple angustia existencial que intenta probar que Dios está allí, a nuestro lado, pues apostatar supone renegar, apartarse totalmente, desviarse y tomar otro camino e ir contra la doctrina de la fe.

Es por ello que cobra capital importancia el hecho de tener un buen cimiento doctrinal. No es cuestión de suponer que hemos creído y eso se hace suficiente. El mismo Jesucristo dijo a quienes le seguían que escudriñaran y examinaran las Escrituras por ser ellas las que daban testimonio de él y por parecer que ellas conducían a la vida eterna. Le hubiera bastado al Señor decir simplemente crean en mí y olvídense de la doctrina, eso es complicado, teológico, peligroso; al fin de cuentas lo que importa es que ustedes han visto mis milagros, han tenido el privilegio de estar cara a cara con Dios mismo, de tocarme, de preguntarme sobre la realidad de la eternidad. Esas eran arras suficientes para mantenerse espiritualmente en forma, sin embargo el buen pastor habló en forma imperativa ordenando escudriñar y examinar. Escudriñar es indagar profundamente, rebuscar, trabajar intelectualmente, mientras que examinar implica repasar lo que se ha conocido, valorándolo, comparándolo, meditándolo, memorizándolo, hasta quedarse con lo bueno y excelente de lo estudiado, hasta estar seguro de haber alcanzado el grado aprobatorio de ese conocimiento que se busca.

No dijo el Maestro que era fácil seguirle; anunció que había que negarse a uno mismo, que había que sacrificar el Yo, había que tomar la cruz y seguirle. La cruz doctrinal diría yo, sacrificio del yo emocional también. La doctrina es fundamental y básica como cuerpo de creencias. El que logra entender la doctrina de cualquier cuerpo de creencias puede entender las creencias mismas. Los estudiosos del derecho estudian cuerpos doctrinales jurídicos para lograr entender los procedimientos y las razones que han motivado la aparición de la norma jurídica. Pero hay doctrina matemática, biológica, histórica y de cualquier rama del saber. Esas doctrinas no son otra cosa que sus principios que les permiten su existencia y movimiento como disciplinas de estudio.

La doctrina, en otras palabras, es el cuerpo de enseñanza matriz de cualquier disciplina del saber. Por eso la Escritura habla a manera de advertencia de la doctrina de demonios. Hay demonios que tienen sus doctrinas, sus enseñanzas, y se ocupan en ellas. Se encargan de ministrar en arduo trabajo a los hombres para que tomen sus enseñanzas y hagan conforme a lo que hayan aprendido.  Pero existe también la sana doctrina y Pablo le encomienda a Timoteo que se ocupe de ella. Entonces vemos que no es cosa superficial hablar de doctrina y mucho menos ocuparse de ella. De allí que apostatar es renegar de la doctrina que se ha creído.

Un apóstata puede cambiar la doctrina y quedarse en la iglesia. Al menos eso es entendible del ministerio del demonio, esa es una de sus maquinaciones más útiles, pregonar una doctrina similar a la verdadera que permita el cambio o traslado hacia aquélla. Y no es necesario el abandono cultural ni conductual del sistema de fe o del sistema de creencia en que se milita. La mujer del relato del libro de los Hechos había recibido doctrina (enseñanza) del demonio y supo por medio de esa doctrina que Pablo pregonaba el evangelio de salvación del Dios viviente. Ella mantuvo su conducta intachable, pues sólo era pregonera de esa justicia evangélica. Pero el apóstol tenía el don de discernimiento y pudo valorar que esa doctrina era parecida pero no igual a la doctrina (enseñanza) de Jesús. La Biblia nos manda a probar los espíritus para saber si son de Dios. Creemos a veces que eso de probar los espíritus es una tarea de espiritistas. O es tal vez una tarea esotérica, ocultista, difícil, o propio de superhombres de la fe. Pero podemos estar equivocados si así pensamos, ya que nosotros no somos sino espíritu en esencia, estamos viviendo en un cuerpo que tenemos por casa, cuando morimos es el cuerpo el que muere y se descompone, pero nuestro espíritu va a Dios quien lo dio, y allí Él nos envía hacia donde debemos estar. Somos espíritu también. Probar los espíritus es probar a las personas que nos hablan, que nos pregonan doctrinas. También implica probar las influencias demoníacas que puedan tener las personas al formular un cuerpo doctrinal cualquiera.

Hay gente que escucha a espíritus engañadores. Unos los escuchan a través de inter posita persona (por intermedio de algún pastor, predicador, amigo, etc), mientras que otros los escuchan directamente a ellos, a los que habitan los aires, a las fortalezas espirituales de que habla Pablo, quizás porque se han acercado más a ese juego y han sido más atrevidos y osados en la interrelación con esos seres espirituales de maldad. Tal vez han acudido a algún adivino o hechicero para que les lean la mano o para que les hagan algún ´trabajo´, y allí comienza la conexión ocultista, la comunicación abierta con esos seres espirituales de maldad. Y como los seres humanos tenemos nuestra naturaleza caída se les hace fácil a los adoctrinadores espirituales de los aires penetrar con sus sugerencias a las mentes incautas que se atrevieron a ir con un apóstol de esa fe - adivino o hechicero y sus similares. Hay personas que se abren a un escaneo espiritual y creen que eso es simple juego, o una indagación científica. Pero lo que parecieran no saber es que están dando una autorización consciente a esos seres superiores a nosotros en potencia, para que penetren con sus enseñanzas y ministren en las vidas de los que allí incursionan.

Ahora bien, no sólo se acude a los seres espirituales de maldad cuando se actúa en esa forma premeditada al ir al adivino o hechicero. También cuando se celebran sus fiestas, sus halloween. Hay fiestas de brujas por todas partes y eso a la gente les parece bien, les parece cultural, una tradición simpática para los niños y un pretexto para socializar. He visto iglesias que adornan lo que ellos llaman el altar con auyamas de halloween, auyamas con huecos que simulan la cara de un muñeco, y sus pastores dicen que allí se celebra el halloween de esa manera, nada más. Uno se pregunta ¿eso no es apostasía? ¿No es eso renegar de la propia fe? Pues una doctrina pura o sana que se mezcla con lo insano o lo impuro ya deja de ser una doctrina sana. Ya se ha adulterado al punto de que quien la asume y la comparte se convierte en alguien que ha renegado de la verdadera fe. Eso es una forma sutil de apostasía. También lo es admitir actividades ecuménicas, conjugar y combinar otras creencias en el camino de salvación. Ya Jesús lo dijo, que nadie vendría al Padre sino por Él. Pero hay predicadores del evangelio que convienen con otros predicadores de doctrinas distintas a lo que la Biblia enseña, aunque muy parecidas, en realizar actividades conjuntas. ¿No es eso apartarse de la fe de una manera apostática? Pero se quedan dentro de las iglesias y el cambio no se nota mucho, y es allí donde suelen hacer más daño. ¿No dice la Biblia que lo que los gentiles (entiéndase las gentes, los incrédulos) sacrifican (referente a pedir a los ídolos) a los demonios sacrifican? ¿Y si sacrifican a los demonios por qué vamos a admitirles a ellos su doctrina?

De manera que los que transitan el camino del ecumenismo doctrinal son bien llamados hombres de entendimiento, de mente abierta, despiertos, conciliadores, unificadores, comprensivos, entendidos de la diversidad cultural. Pero también pueden ser llamados hombres apóstatas pues han renegado de su fe al no considerarla suficiente en su cuerpo doctrinal, al punto de que han tenido que añadir nuevas formas que son malas formas. Son malas formas pues lo que no viene de la fuente de agua viva contamina al agua viva. La fuente permanece incambiable, pero el agua que ha manado de ella puede contaminarse en la persona que la ha recibido y ha pretendido beber de ella.

Si ya en los orígenes de la iglesia cristiana se escuchaba el grito de la apostasía, no pensemos que con la fuerza del poder político Roma no logró penetrar en una clara mixtura con su paganismo las doctrinas esenciales del evangelio. Empezando por María, quien era la madre del Mesías, a quien convirtieron en la diosa del cielo, una divinidad que data de la antigua Babilonia y a quien ellos adoraban. Así, cada hecho bíblico notorio, digno de ser recordado por las generaciones, los primeros apóstatas los ligaron a sus costumbres paganas en un sincretismo religioso que hoy día se ve compactado como la gran verdad de los siglos. Razón tienen los que desde reciente data se han atrevido a apostatar de esa iglesia que ya es apóstata. Han pedido que les borren sus nombres del libro de actas de nacimiento, que les identifica como bautizados desde niños –a la fuerza-, en virtud de unos hábitos impositivos como producto del negocio religioso. La apostasía (dentro de la iglesia) es tan fuerte y notoria que aún Lutero quedó con algunos vicios del clero romano, si bien su labor fue descomunal y contra el mismo Satanás.

Y es que esta apostasía de data antigua toma muchos visos y colores. Recordemos que Pablo decía hace más o menos 2000 años atrás que el misterio de la iniquidad ya estaba obrando (2 Tesalonicenses 2). Pero la historia nos muestra en sus anales que existía desde la época de la antigua Babilonia un culto a la diosa madre y al niño. Desde los antiguos misterios de Egipto, Grecia, Fenicia y Roma, podemos seguir la pista al origen babilónico de este llamado misterio de la iniquidad.

Hubo un personaje del Génesis bíblico llamado Nimrod, engendrado por Cus, y llegó a ser el primer poderoso en la tierra, vigoroso cazador ante o en frente de Jehová, y el inicio de su reino fue Babel, en la tierra de Sinar. Luego fundó Nínive entre muchas otras ciudades (Génesis 10: 8 en adelante). La palabra poderoso en hebreo es gibor y significa tirano, así como el nombre Nimrod tiene el significado de rebeldía. De manera que hay un gran simbolismo en estos textos mencionados en el inicio de la Biblia. Nimrod era pues un cazador rebelde ante Jehová, ese es el significado contextual desprendido de los étimos y de lo que se dice literalmente en los textos citados del Génesis. De Babel sale Babilonia, cuyo fundador es Nimrod, su primer rey.

Señala Alexander Hislop,en su libro Las dosBabilonias, que como Cus era hijo de Cam (en inglés Ham), este Cus no era otro que el Hermes egipcio, pues Hermes no era sino un sinónimo dado por los egipcios para denotar al hijo de Ham. También observa Hislop que la palabra Nínive, el nombre de la célebre ciudad bíblica, significa la habitación de Ninus, y se supone que este Ninus no es otro que Nimrod, su fundador, como lo señala el verso 11 de Génesis 10.

Bien, todo este recorrido por el Génesis y por las opiniones de un experto investigador en el área tratada, como lo es Hislop, se hace con el fin de poner en el ambiente el origen de este gran misterio de la religión babilónica. Si tomamos en cuenta la historia narrada en el Génesis con respecto a la creación del hombre, a su caída, a la maldición y a la promesa hecha en el Génesis 3:15, Y pondré enemistad entre tí y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza y tú le herirás en el calcañar, debe entenderse que los primeros pobladores del planeta transmitían de generación en generación esta promesa de la simiente de la mujer, que según lo aclara el Nuevo Testamento no es otro que Cristo. De manera que Semíramis, la mujer de Nimrod, conocía también acerca de esta tradición oral, y a la muerte de su marido, el gran cazador, fundador de ciudades, rey de Babilonia, quiso subsumir para sí misma, y para su recién hijo Tammuz, hijo postmatrimonial, el cumplimiento de dicha promesa. Por eso inaugura ella el tributo de adoración a la madre con el niño.

Como dato curioso, la palabra Tammuz se inicia con una T, que se escribe en diversas lenguas simulando una cruz. De allí que el símbolo de la cruz, como la señal de la cruz, no sea un símbolo necesariamente cristiano, sino que proviene del paganismo, pues se buscaba a través de esas señales recordar y reverenciar a Tammuz, quien se suponía era el redentor prometido del Génesis. Es por ello que se han conseguido imágenes relacionadas con la cruz, con la señal de la cruz, proveniente de miles de años antes de Cristo.

Hay mucha más información al respecto, pero esto es solamente una breve motivación para todo aquel que quiera investigar al respecto. En librerías, en internet, en consultas a la misma Biblia, usted puede hallar referencia al fenómeno de la apostasía que estamos viviendo actualmente. Siempre ha habido apostasía, pero nunca como en estos momentos de la historia de la humanidad.

Y me llevó a la entrada de la puerta de la casa de Jehová, que está al norte; y he aquí mujeres que estaban allí sentadas endechando a Tamuz. Luego me dijo:¿No ves, hijo de hombre? Vuélvete aún, verás abominaciones mayores que estas…y adoraban al sol, postrándose hacia el oriente (Ezequiel 8:14-16).

Los hijos recogen la leña, los padres encienden el fuego, y las mujeres amasan la masa, para hacer tortas a la reina del cielo y para hacer ofrendas a dioses ajenos, para provocarme a ira (Jeremías 7: 18).

Publicado por elegidos @ 23:01
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios