Jueves, 22 de noviembre de 2007

1 Timoteo: 4: 16 dice ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren. Esto puede significar en apariencia que la salvación depende de nosotros y no del Dios soberano. Sin embargo, como la Biblia no puede contradecirse –pues estaríamos sin brújula espiritual en este mundo- creemos que el problema suscitado en Timoteo, como en otros textos, es un problema de lenguaje.

Entendemos al lenguaje como un conjunto de signos que permiten la comunicación entre humanos, al mismo tiempo que es soporte del sistema de pensamiento. El lenguaje no es más que una metáfora de la realidad. Cuando decimos ´perro´ hacemos referencia a un animal de 4 patas que ladra; podemos referirnos también a un animal bravo, juguetón, que despliega buenos o malos recuerdos en nuestra memoria. Pero en síntesis, nunca la palabra ´perro´ huele a perro o ladra como perro. En otros términos, no hay ´perrunidad´ en la palabra ´perro´. ¿A qué todo esto? Solamente que el lenguaje es una metáfora. Una manera para sustituir algo por algo. La palabra es el instrumento metafórico por excelencia que me permite sustituir el objeto referido. No tengo que traer al ´perro´ para mostrarlo, me basta con nombrarlo.

Y como cada palabra me introduce en un mundo metafórico, deduzco que eso que llamamos realidad es difícil de aprehender, de agarrar. Los griegos dijeron que la palabra era el logos, un vocablo con más de 8 significados primigenios. El principal de ellos es escardilla, un instrumento agrícola que sirve para recoger cosas del campo. Con la escardilla yo recojo hojas, tierra, piedras, objetos del subsuelo. Con el logos yo puedo recoger el mundo, puedo aprehenderlo, asirlo, traerlo a mi imaginación o a mi memoria. Pero con la escardilla agrícola cuando yo traigo unas hojas de la tierra las puedo palpar con mis manos, puedo percibirlas con mis  cinco sentidos, mas cuando traigo a mi mente un objeto- esas mismas piedras- con el logos, lo hago en forma metafórica. Mis cinco sentidos no pueden palpar esas piedras, ni olerlas, ni gustarlas, ni verlas, ni escucharlas.

De manera que el problema se complica, pues aún cuando digo logos debo tener en cuenta que eso no es más que una metáfora del verdadero logos. Pero la Biblia me dice a mí que en el principio era el Verbo (Logos) y que este Verbo era con Dios y que el Verbo era Dios. Nosotros los creyentes lo asumimos como un hecho natural sin mortificaciones intelectuales. El problema del lenguaje sigue presente; por eso cuando leo textos como el de 1 de Timoteo debo tener presente todo este asunto del lenguaje como metáfora.

Ya los griegos de Platón se planteaban toda una doctrina acerca de la palabra. Se preguntaban qué había sido primero, la palabra o la cosa a la que hacía referencia la palabra. En tal sentido, Platón recoge en uno de sus diálogos, Cratilo, esta dilucidación; Platón era nominalista, creía que la palabra preexistía al objeto. Aristóteles, su discípulo, difería y proponía el realismo (de res o cosa en latín) argumentando que las cosas u objetos preexistían al nombre mismo. Por eso, Borges, el conocido escritor latinoamericano, una vez publicó algo en referencia a lo estudiado por los griegos: Si como dijo el griego en el Cratilo/en el nombre de la rosa está la rosa/ yo digo que todo el Nilo/ está en la palabra Nilo. Es pues una lucha filosófica tremenda eso de preguntarse si las cosas preexisten a las palabras o a la inversa. No es en vano la pregunta. ¿Podría existir algo sin nombre? O ¿no es acaso después que nombramos las cosas que éstas toman sentido para nosotros? ¿Pero dónde estaban antes de ser nombradas? ¿O existían los nombres en abstracto, sin referencia a las cosas? Estos planteamientos ya se hacían en la antigüedad clásica, y poco más o menos 450 años antes de Cristo.

Una metáfora es un fenómeno ubicado en el lenguaje, un recurso retórico, pero es también un mecanismo básico en la asimilación de la experiencia. Vivimos en metáforas, decimos que la vida es un viaje hacia la muerte, hacia el cielo, hacia el infierno, pero un viaje, y lo aceptamos para tratar de conceptualizarla. Cada palabra es en síntesis una metáfora, una manera de conceptualizar el mundo con imágenes que nos permiten su adecuada percepción en nuestra memoria.

Pablo se ha mostrado a sí mismo como el apóstol de la gracia, una gracia que se opone a las obras, incluso a la fe como obra, pues dijo que si la salvación fuese por obras la gracia ya no sería gracia,  ya que la fe misma es un don de Dios. El apóstol por excelencia de la soberanía de Dios no puede entrar a contradecirse en alguna de sus cartas bíblicas, por lo cual hay que ver lo que sucede en el texto que nos ocupa, recordando el adagio común un texto sin contexto es un pretexto. Ocúpate de la sana doctrina pues en esto hay dos consecuencias mínimas: te salvarás a ti mismo y salvarás a los que te oyeren. En el punto que nos concierne cabría sin embargo una pregunta, ¿salvarse de qué? Es acaso ¿salvarse de la condenación eterna? De seguro eso puede ser, pero es apenas una posibilidad, ya que el asunto queda abierto por su contexto, pues mal podría el apóstol contradecirse.

Cuando me ocupo de la doctrina me salvo o me libero de errores doctrinales, errores que cuestan caro. Una doctrina desviada en algún punto puede generar profundo dolor. Muchos maltratos se suceden por una ligera traducción del texto griego del Nuevo Testamento, que han causado incluso la creación de nuevas corrientes doctrinales dentro de la esfera cristiana. Cuando Pablo dice no permito a la mujer que enseñe al hombre, la palabra griega que emplea no es antropos sino aner andros, la cual tiene como primera acepción marido. Entonces, como algunas traducciones han escogido a andros como hombre (pues el marido es un hombre, incurriendo en ello en una falacia de composición por equívoco) se ha armado tremendo problema con eso de si la mujer debe o no enseñar en las iglesias. Por todo esto resulta prudente ocuparse de la doctrina, para salvarnos de semejantes problemas.

Pero en el texto de Timoteo que ocupa este breve análisis, si de salvación eterna se trata, el conflicto lo constituye la forma gramatical del verbo salvar, o mejor dicho su sujeto. Cuando Dios nos habla en su palabra ¿no lo hace a través de la lengua del profeta? ¿No lo ha hecho a través de la cultura del escritor bíblico? ¿No utiliza imágenes que le son comunes a su destinatario para que logre plasmar parte de su inmensidad, que por definición es tan compleja? Dice Job, de oídas te había oído mas ahora mis ojos te ven. ¿Es que alguno vio a Dios y vivió? La Escritura dice que nadie ha visto a Dios, sino el Hijo de Dios. Le dijo Dios a Moisés: después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro (Exodo 33:23). ¿Tiene espaldas Dios, siendo Él espíritu?, pues la Escritura no puede mentir. Es el recurso del lenguaje el que nos complica por naturaleza lo que el lenguaje quiere dejar explícito.

 Dijimos en otro capítulo que a un estudioso de la lengua el estudio se le pone fuerte pues debe explicar la lengua con la lengua misma. El lenguaje hablando del lenguaje, problema que no tiene el cardiólogo quien habla del corazón no con su corazón ni desde su corazón, sino con la lengua como instrumento lingüístico. De manera que cuando tratamos de discernir las cosas espirituales espiritualmente estamos frente a un fenómeno parecido al del lingüista, sería como hablar del espíritu con el espíritu. Esta tautología complica, pero la complicación no es necesariamente una mentira, sino un obstáculo a superar. Si Dios es el autor y consumador de la fe, si Él es el autor de la gracia, si Él es soberano y hace como quiere, si Él nos conoció (en el sentido de tener comunión) aun antes de la fundación del mundo, no puede ahora contradecirse a través de Pablo en Timoteo. Dentro de nuestra mente metafórica vemos como absurdo el que antes de la fundación del mundo Dios ya tenía comunión con nosotros; pero otra metáfora sale al camino a desvanecer ese absurdo, y es la metáfora de que Dios todo lo puede, de que Él está por encima del tiempo, de que mi memoria es afectada por el espacio-tiempo, y que por ser temporal puedo recordar en presente lo pasado y proyectar hacia el futuro. El Dios en operación delega en nosotros su actuar; nos hace partícipes, nos convierte en sus agentes. Por eso asumimos que nosotros hacemos las cosas, incluso nos salvamos, y algunos hasta se condenan. Pero eso lo decimos en otro deslinde metafórico, como cuando alguien trabaja en una empresa de seguros y es un vendedor de pólizas, ya inmiscuido tanto en ese tipo de actividad,  llega a decir frases metafóricas como ´mi compañía de seguros le resuelve ese problema´. ¿Cuál compañía de seguros, si apenas es un trabajador en la línea empresarial de esa oficina? Pero ¿es que acaso está mintiendo? ¿No es acaso su empresa? No obstante ese ¨su¨ tiene otras implicaciones, es su sitio de trabajo, su sistema de manutención, su espacio vital que ha llegado a compartir con muchos compañeros de labor, pero igualmente sabe que no es su propiedad. De manera que en la aseveración hecha de que ´mi compañía de seguros le resuelve ese problema´ no está mintiendo, está empleando otra metáfora en la que el lenguaje nos mueve inconscientemente. Lo mismo le pasa a los escritores bíblicos.

Por ejemplo, cuando Pablo dice en Romanos 8 a los que antes conoció a estos también predestinó, el verbo ´conocer´ transporta varias metáforas. La pertinente, de acuerdo al contexto, es la metáfora referente a tener comunión con. ¿Recuerdas a José el esposo de María, cuando estaba embarazada? Ella era su esposa, la llevaba en el asno hacia el pesebre, ya se le había aparecido el ángel para que él no supusiera cosas perversas en María embarazada, pero la Escritura dice ´Estando desposada María…con José, antes de que se juntasen…Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre Jesús (Mateo: 1: 18 y 24-25). Varios mensajes salen de este texto: primero, que María estaba desposada con José y ya se conocían, lo cual sigue probándose más tarde en la secuencia de la salida a Belén hacia el pesebre, cuando José llevaba a su esposa montada en un asno; segundo, María tuvo a Jesús como su primogénito, lo cual implica que tuvo más hijos después, como se comprueba por otros textos de la Biblia, de lo contrario diría el texto que María tuvo a su unigénito, pero dice primogénito, como queriendo advertir que siguen otros hijos más; tercero, que José no conoció a María hasta después del parto. Ese conocer no es el conocer informativo, intelectual, un darse cuenta de; es un conocer relacionado con tener comunión con su mujer, una relación íntima. Asimismo, hay otros textos bíblicos que apuntan en el mismo sentido de la comunión al expresar el verbo conocer desde esta otra perspectiva metafórica. Jesús dirá al final de los tiempos ´apartaos de mí, hacedores de maldad, nunca os conocí´. ¿Cómo puede ser posible que el Dios omnisciente diga que no conoció nunca a los hacedores de maldad que profetizaban en su nombre, hacían milagros en su nombre y echaron fuera demonios en su nombre? Obviamente no se trata acá de la metáfora del darse cuenta de algo, ni de adquirir información sobre algo; el sentido de este texto implica el hecho de no haber tenido nunca comunión con estos hacedores de maldad.

De esta forma, seguimos mirando ciertas estructuras del lenguaje bíblico para cumplir el mandato paulino de ocuparnos de la doctrina. Segunda Timoteo 1:9 nos informa que Dios nos salvó y llamó con vocación santa, no conforme a nuestras obras, mas según el intento suyo y gracia, la cual nos es dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos. No puede haberse vuelto loco el mismo autor al mismo destinatario para decir dos cosas aparentemente diferentes y contradictorias, pues si así fuera no habría credibilidad absoluta en las Sagradas Escrituras.

De igual forma se señala en 1 Pedro 1:2 acerca de los escogidos quienes son elegidos según la presciencia de Dios Padre, y Oseas 13:5 dice Yo te conocí en el desierto, en tierra seca. Y Amós 3:2 señala A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades. En la carta a los Romanos capítulo 11 verso 2 se aclara un poco lo antes dicho: No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció… Resulta evidente que un Dios Todopoderoso y Omnisciente conocía a todas las familias de la tierra, sin embargo se atrevió a decir que conocía solamente al pueblo escogido por Él. Implica este verbo, sin duda, una actividad que va más allá del acto intelectual de la información, subrayando el hecho de un conocimiento íntimo, como el de tener comunión cercana con su pueblo.

Estábamos en la mente de Dios desde el principio, conjugados con su amor, solamente que no tenemos memoria de eso, pues no nos ha sido dada. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él (Efesios 1:3-4). Dios llama a las cosas que no son como si fuesen. La presciencia puede ser tenida por conocimiento previo, pero cuando la Biblia lo refiere en relación a su pueblo hace la distinción de comunión de amor. Cuando leemos en la Primera Carta de Pedro que Cristo estaba preparado desde antes de la fundación del mundo debemos tener claro que el Padre no estaba viendo el actuar de Cristo como Cordero expiatorio como quien ve una conducta futura, pues Cristo habitaba junto al Padre (el Padre y yo uno somos, dijo Jesús); cuando Pedro señala que el Cordero de Dios estaba preparado desde antes de la fundación del mundo, antes de la creación de la tierra, antes de la creación de Adán, antes de su caída –que no fue accidental según este mismo pasaje muestra-, no pudo verlo el Padre en un futuro cognoscitivo dentro de su poder omnisciente. El Padre lo sabía porque así lo había dispuesto, porque eran sus planes eternos y Él hace como quiere, nadie ha sido su consejero, lo que hace lo hace por el puro afecto de su voluntad. Entonces no fue la conducta de Jesús la que vio el Padre en un universo no creado todavía la que hizo que lo escogiera como Cordero expiatorio. Lo que hizo de Cristo el Salvador de muchos, como bien señala Isaías, fue el destino soberano del Padre, que todo lo ha pre-ordenado. Pero cada vez que se explica esta palabra parece volver a nuestra mente la frase de aquellos discípulos que andando con Jesús oyeron esto mismo, que nadie puede ir a Jesús si el Padre no lo llevare, frase que se argumenta como palabra dura de oír. Si el Padre escogió a Jesús para ser nuestro salvador lo hizo porque tenía comunión eterna con Él, lo conocía y estrechaba la amistad con Él: intimaba con el Hijo. ¿No conoce el Señor a los que son suyos? ¿No creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna? Pero la respuesta no niega la pregunta ¿qué debo hacer para ser salvo? En ese hacer está también el tener cuidado de nosotros y de la doctrina que enseñamos. El Dios que predestinó el fin predestinó también los medios por los cuales vamos a creer. Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo… ¿Cómo oirán si no hay quien les predique? Lo insensato de Dios es más sabio que los hombres y en la locura de la predicación quiso Dios salvarnos, dijo Pablo. Y la predicación se hace con la Palabra y en palabras, con todas las limitantes lingüísticas que nos muestra el lenguaje; por eso volvemos a escuchar esta locura metafórica: ten cuidado de ti mismo y de la doctrina, pues haciendo esto te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.

César Paredes
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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 18:20
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