Jueves, 22 de noviembre de 2007
Una novela con el nombre de Los Miserables escrita en el siglo XIX por V?ctor Hugo, el c?lebre y rom?ntico escritor franc?s, sirve como parte del t?tulo de este trabajo. En la Biblia ciertos personajes demuestran en algunos espacios de su vida la actitud de miserableza, que bien recoger?an este apodo de los miserables de la Biblia y, si bien hay muchos, voy a referirme apenas a unos pocos de ellos.

El?as el profeta del Antiguo Testamento es un firme candidato para constituir este grupo; lo es tambi?n el conocid?simo rey David, aquel que en su juventud temprana venciera en el enfrentamiento de combate nada menos que al gigante Goliath. En el Nuevo Testamento tenemos a otras personas dignas de integrar este conjunto, quiz?s una bien relevante es el mencionado fornicario que se acostaba nada menos que con la mujer de su padre, por lo que hubo de ser entregado a Satan?s para destrucci?n de la carne, de tal manera que su esp?ritu fuese salvo en el d?a postrero. Pero hay m?s, el mismo ap?stol que escribe la carta a Corintios hablando del caso del fornicario se considera a s? mismo un hombre miserable, el primero de los pecadores. Podemos invitar a este consistorio a Pedro el ap?stol, quien neg? a Jes?s y dio maldiciones, y quien adem?s ense?aba a judaizar para quedar bien con todos. Creo que con estos cinco miembros de equipo podremos configurar nuestro grupo de los miserables de la Biblia. Por supuesto, usted que es buen conocedor de las Escrituras puede ir incorporando a otros, y si lee con m?s detenimiento en ellas de seguro que la lista permitir?a hasta escribir una novela.

Si recordamos los relatos de la Biblia, Santiago nos habla del profeta El?as como de un hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras. No dice m?s nada en relaci?n a cu?les eran esas pasiones, pero s? se?ala que eran como las nuestras. Entonces tenemos que investigar al menos en dos sitios: en nosotros mismos y en la vida de El?as. El?as fue un profeta impresionante, notorio por sus actos, que mat? a 450 profetas de Baal degoll?ndolos, que se burlaba de los baales y del pueblo que los segu?a dici?ndoles ir?nicamente que gritaran m?s alto, que a lo mejor estaban dormidos, colocando en evidencia su propia pasi?n. Pero al parecer all? no habr?a nada malo en el profeta, pues esa era la conducta esperada para un profeta veterotestamentario.

No obstante, cuando seguimos las narraciones sobre las actividades del profeta en cuesti?n, vemos c?mo El?as tuvo un decaimiento f?sico impresionante, despu?s de una gran actividad. Toda esa situaci?n f?sica y espiritual fue demasiado para un solo d?a - sus victorias p?blicas sobre el mal, la satisfacci?n por adecentar al pueblo de Israel, las ense?anzas que hab?a dado al pueblo cuando les dijo ?hasta cu?ndo claudicar?is entre dos pensamientos? Si Jehov? es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de ?l, la aniquilaci?n de una gran fuente del mal con la muerte de 450 profetas del falso dios por el cual el pueblo de Israel hab?a claudicado, aunado a haber orado postrado en tierra, colocando su rostro sobre sus rodillas, pidiendo el retorno de la lluvia o el cese de la sequ?a.

En el mismo d?a tambi?n tuvo El?as que correr muchos kil?metros delante del carruaje del rey Acab, como era costumbre en aquella ?poca hacerlo delante de los reyes, porque Jehov? hab?a ce?ido sus lomos, es decir, le hab?a dado una fortaleza especial para tal fin. Con toda esta victoria en el plano espiritual y f?sico, El?as llega a Jezreel donde despu?s de haber pasado unos d?as se enter? por un mensajero que Jezabel, la esposa del rey, hab?a jurado matarle por haber degollado a los 450 profetas de Baal, pues ella serv?a a Baal y manten?a con el dinero del reino a todos esos profetas, dejando viva la ilusi?n de la esperanza en el pueblo de Israel en torno a los baales.

El?as hab?a hablado con el mismo Acab, rey de Israel, habi?ndole hecho tomar conciencia en relaci?n a su desv?o idol?trico. Tambi?n hizo que los israelitas convocados en el monte Carmelo tomaran la decisi?n sobre qui?n era Dios, Baal o Jehov?, decidiendo que era Jehov? el Dios. Hab?a sido usado para que vieran la impotencia del dios Baal en eso de hacer descender fuego y consumir el holocausto, pidi? la prodigiosa manifestaci?n celestial consumiendo la ofrenda. El?as propici? un careo p?blico, objetivo y directo; el dios que actuara debidamente ganar?a. Un s?lo Dios actu?, el otro no funcion?. Vive Jehov? en cuya presencia estoy, sol?a decir el profeta. Pero la noticia del mensajero de Jezabel lo desconcert?, al punto de que el hombre fuerte de Dios fue abordado por una de sus pasiones semejantes a las nuestras. Algo sucedi? en El?as que se sinti? acobardado, temeroso, desesperanzado. Era como si ?l hubiera arado en el mar. De nada habr?a servido toda esa cadena de milagros en presencia del rey de Israel si la esposa del rey actuaba con m?s poder que el mismo Acab. El?as supuso por momentos que con Acab consciente de la cadena de milagros a favor del pueblo de Israel todo se arreglar?a y la prosperidad vendr?a para su pueblo, pero esa piedrecilla en el zapato llamada Jezabel lo aterr?. Supuso mal, pero le entendemos porque El?as era semejante a nosotros, y sus pasiones eran como las nuestras.

El relato contin?a diciendo que El?as comenz? a huir de Jezabel y se fue por el desierto, solo, y debajo de un enebro dese? la muerte y dijo: basta ya, oh Jehov?, qu?tame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. El?as se sumergi? en sus pasiones o emociones, pues el t?rmino pasi?n viene de pathos y significa emoci?n, sentimiento. Los sentimientos que acompa?aban a El?as eran semejantes a los nuestros, de all? que podamos inferirlos. Si examinamos lo que dijo el profeta llegaremos a ellos m?s f?cilmente. Basta ya, p?rate Jehov?, no me presiones. Reconoci? que Jehov? es soberano y estaba detr?s de todo este asunto de Jezabel, pero se le borr? r?pidamente de su memoria inmediata la majestuosa intervenci?n de Jehov? en el monte Carmelo, por eso el basta ya, oh Jehov?. La culpa es otra pasi?n como la que nosotros tenemos a veces; sospecho que El?as se sent?a culpable y ten?a un poco de envanecimiento como otra de sus pasiones parecidas a las nuestras. Su culpa pudo estar en el hecho de que su trabajo hab?a sido en vano; su intercesi?n no le llev? a un final feliz con el pueblo de Israel (qui?n sabe lo que habr?a imaginado el profeta, sus ilusiones inferidas despu?s de esa cadena de milagros); y Dios no actuaba conforme a su l?gica, pues lo l?gico en esas circunstancias era que el rey Acab impusiera su poder sobre Jezabel, pero Dios no lo permiti?, de nuevo lo dej? por otra v?a distinta a nuestra l?gica com?n. Dado que conoc?a la soberan?a de Dios pudo haber pensado que toda su frustraci?n en ?ltima instancia era culpa de Jehov?, en virtud de ese mecanismo de evasi?n y transferencia en el cual nos escudamos cuando estamos conflictuados y perplejos con nuestras circunstancias.

En todas estas reflexiones posibles sobre el profeta contemplamos en El?as un estado depresivo m?ximo: qu?tame la vida. Claro, la depresi?n sigue a la culpa; y no es ?l mismo quien se ?atrever?a? a cometer semejante agravio contra el Alt?simo, sino que le pide a Jehov? que le quite la vida. En otros t?rminos, ?por qu? no dej? que Jezabel le quitara la vida? ?No estaba huyendo para salvar su vida? Ac? vemos un razonamiento culposo mediante el cual el profeta trata de transferir su sentimiento de culpabilidad hacia una persona distinta a ?l mismo, y lo hace contra Dios el Creador de todas las cosas. Eva dijo que hab?a sido la serpiente la enga?adora, Ad?n dijo que fue Eva, y Dios par? de preguntar pues si preguntaba a la serpiente todav?a estar?amos oyendo discursos.

Casi nadie asume su rol, su responsabilidad y sus circunstancias. Siempre hay otras circunstancias, otras personas, otros roles que nos llevan a actuar de determinada manera. Pero eso somos nosotros, esas son parte de nuestras pasiones. Las pasiones de El?as se evidenciaban m?s y m?s mientras continuaba hablando con Dios; una de ellas es el envanecimiento al agregar pues no soy yo mejor que mis padres. A lo mejor tuvo otros hermanos, no lo se; pero s? tuvo padres y de seguro ni pap? ni mam? hab?an sido testigos de semejantes prodigios de los cuales ?l no s?lo era testigo sino una especie de actor, ya que era Dios el que actuaba usando al profeta. Pero El?as hab?a hecho inconscientemente una conclusi?n emocional acerca del poder de Dios que era real, de la presencia de Dios que era real, lo que le permiti? suponer que si estaban en ?l era en alguna medida debido a su importancia. Tal vez su importancia radicaba en que era un hombre ungido por Dios, un hombre que amaba la presencia de Dios, otro de sus amigos. Esa presencia divina, ese poder celestial no los recuerda haber visto en la vida de sus padres. A lo mejor sus padres fueron simple pueblo de Israel, an?nimos, nada c?lebres y tal vez muy pobres. El?as hab?a transferido la raz?n de todo ese poder en su vida a alguna virtud oculta en ?l mismo que lo distingu?a de sus padres, y por supuesto del resto de Israel. En ese estado depresivo, de derrota, hubo una confesi?n muy importante para nosotros, y es que el profeta se sent?a superior a otras personas, incluso a sus padres. Por eso el reconocimiento de que ?l no era mejor que sus padres, ante la que ?l supon?a la hora de su muerte ?pues tan seguro estaba de morir que confes?, y ten?a que estar tan seguro puesto que todo lo que ?l le ped?a a Jehov? le hab?a sido concedido.

Pero podr?amos seguir imaginando pasiones semejantes a las nuestras, aunque sea por un instante. Tal vez El?as supuso que sus pecados le habr?an alcanzado y por eso Jehov? permit?a que Jezabel lanzara ese grito de muerte contra ?l. A lo mejor el enemigo de las almas que tambi?n se hac?a presente en esos tiempos le susurraba en su memoria alguna cadena de pecados por los que ser?a alcanzado. La hora del juicio por esos pecados hab?a llegado a manos de Jezabel. Si escap? de la sequ?a, de la persecuci?n de Acab, de tantos meses escondido en los montes en medio de una gran soledad, ahora que pod?a haber llegado su liberaci?n, para integrarse como un profeta famoso en la casa del rey y disfrutar en su vejez de una vida tranquila, es sacudido de repente por Jezabel, la malvada anfitriona de los profetas de Baal. De seguro sus pecados le hab?an alcanzado, pudo haber supuesto el profeta. Pero tambi?n es inferible, despu?s de lo dicho por Santiago, que el profeta El?as haya sucumbido a otra categor?a de malos pensamientos, a pensamientos de pecados que ser?a mejor ni imaginar. Lo cierto es que este hombre miserable fue o?do a causa de su aflicci?n, pero tambi?n fue usado a pesar de su miseria, pues hubo orado por sequ?a y por lluvia y Dios lo oy?. Adem?s de todo su breve historia nos muestra de que pese a su condici?n de hombre pecador viv?a en la presencia de Jehov?. Vivir all? y tener conciencia de ello hace la vida soportable, la soledad resistible, la compa??a llevable. Salirse de su presencia, aunque sea por un instante, como lo hizo El?as, saboreando el triunfo espiritual, pol?tico, social, conseguido en frente del rey Acab y del pueblo de Israel, puede perturbar al m?s fuerte de los hombres de Dios, pues volvemos al polvo de donde somos, nos embarga de inmediato la conciencia de que somos vasijas de barro, muy a pesar de guardar un gran tesoro dentro. En medio de su dolor la gran lecci?n dentro del plan soberano de Dios es que ?l no lo inculp?, pues la Escritura se?ala que despu?s de eso un ?ngel de Dios le toc?, le dio de comer, le dio de beber y lo dej? dormir de nuevo. Le dio reposo y fuerza f?sica. Despu?s le volvi? a dar de comer y le dijo que se levantara y echara a andar pues un largo camino le esperaba todav?a. Todav?a Dios se dispon?a a seguir usando a ese profeta que por ciertos momentos se vio sumergido en la miseria (1 Reyes 17-19).

David, el rey de Israel es nuestro segundo hombre en este an?lisis. Conocemos su historia desde que ?l pastoreaba las ovejas de la casa de su padre, de c?mo se enfrentaba a osos y leones para defender su reba?o; su historia de cuando el profeta Samuel fue enviado por Jehov? para ungir al futuro rey de Israel, de c?mo se desfil? frente al profeta hasta que por ?ltimo aparece el menor de la familia, el m?s d?bil, el que se la pasaba en el campo junto a las ovejas de su padre, y a ?ste y no a otro escogi? Dios. Conocemos la historia de cuando este peque?o hombre se integr? en las filas de Sa?l a combatir a los filisteos y cuando todo Israel estaba temeroso, incluyendo a su rey Sa?l, sabemos c?mo ?l se ofreci? para combatir cara a cara contra el gigante Goliath. Hay una frase que dijo David en ese momento, frase reveladora de su estado de conciencia teol?gica acerca de qui?n era ?l y de qui?n era el pueblo escogido de Dios: Porque ?qui?n es este filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente? (1 Samuel 17:26).

Con esta claridad teol?gica David inicia su actuar p?blico. Sus andanzas, sus victorias, todas est?n escritas en libros de la Biblia, pero tambi?n su actividad m?s trascendente como un ser miserable. Lo bueno de la Biblia es que no trata de biograf?as perfectas sino reales; no relata solamente los hechos nobles y prudentes del pueblo de Dios, sino adem?s de eso sus ca?das y derrotas. David cay? ante la belleza de una mujer ajena, Betsab? era su nombre y desnuda la mir? por primera vez bajo unas circunstancias muy particulares, como suele presentarse la tentaci?n en los seres humanos. El esposo de Betsab? estaba en el campo de batalla y la mujer estaba sola, tomando un ba?o, cuando fue vista por David desde el terrado de la casa real al caer la tarde. All? atac? la concupiscencia al rey y todo lo dem?s no fue sino un c?mulo de circunstancias conspiradoras para que el pecado se consumase. Por supuesto que su alta jerarqu?a jug? el papel m?s importante para seducir a esa mujer.

Por si fuera poco David hizo lo posible por disimular su acto inmoral y trat? de persuadir a Ur?as, el esposo de Betsab?, a quien orden? volver del campo de batalla, para que fuese a dormir con su mujer, neutralizando cualquier sospecha de posible embarazo. Pero Ur?as no acept? hacer eso ya que el pueblo de Israel en batalla acampaba en carpas y el arca del pacto estaba en carpa y ?l no pod?a, dec?a, estar en el lecho con su mujer mientras eso suced?a, pues era hombre de guerra y s?lo hab?a vuelto por mandato del rey. De manera que a David ?las circunstancias? lo llevaron a hacer que Ur?as fuese colocado al frente de la batalla para que muriera. Cuando supo esa noticia se alegr? y esper? que Betsab? guardara el luto por su marido y la mand? a traer a la casa real y la hizo su mujer oficial.

Jehov? envi? a David un profeta de nombre Nat?n, quien le cont? una historia o una par?bola, de un hombre rico y de un hombre pobre. El rico con numerosas ovejas y el pobre con apenas una sola, pero muy consentida. Un d?a el hombre rico no quiso sacrificar una de sus ovejas para obsequiar a un allegado suyo por lo que tom? la oveja de aquel hombre pobre y la prepar? para quien hab?a venido a ?l. Al o?r este relato, David entr? en furor contra aquel hombre rico y dijo que ese hombre merec?a la muerte, por lo que Nat?n le respondi?: t? eres aquel hombre. Y sigui? Nat?n profiriendo argumentos contra David y anunci?ndole el castigo que le vendr?a de parte de Dios, por lo que David tom? la palabra diciendo a Nat?n: Pequ? contra Jehov?. Y Nat?n dijo a David: Tambi?n Jehov? ha redimido tu pecado, no morir?s?el hijo que te ha nacido ciertamente morir? (2 Samuel 12:13-14).

Como fruto de esta congoja en que cay? David la Biblia nos muestra el salmo 51, una plegaria de arrepentimiento y purificaci?n: Ten piedad de m?, oh Dios, conforme a tu misericordia?He aqu?, t? amas la verdad en lo ?ntimo?Esconde tu rostro de mis pecados?Vu?lveme el gozo de tu salvaci?n, y esp?ritu noble me sustente. David cay? en un pozo de miseria por su pecado, cay? desde una de las alturas m?s elevadas, un hombre con su trayectoria, desde que venci? a Goliath, el que mataba a sus diezmiles mientras que Sa?l a sus miles, el poeta de Dios, rey de Israel, vencedor en batallas, a quien le fue prometido que su reino no terminar?a, ese hombre p?blico pec? en lo secreto y quiso mantener las cosas ocultas, pero Dios le envi? un profeta para amonestarle por sus actos y no lo hizo en secreto, pues nosotros lo sabemos y lo supo el pueblo de Israel en su momento. Dios public? el pecado de David su siervo, quien era conforme a su coraz?n; en parte lo hizo para ense?anza nuestra, para que cada quien pueda ver en ese espejo su alma reflejada. A pesar de su miseria espiritual David nunca sinti? que su salvaci?n la hab?a perdido, solamente perdi? su gozo, por lo cual ruega No me eches de delante de t?, Y no quites de m? tu santo Esp?ritu; Vu?lveme el gozo de tu salvaci?n. ?Qui?n puede permanecer en el pecado y seguir gozoso? No un hijo de Dios.

A diferencia de David, un verdadero hijo de Dios, Sa?l no tuvo un sincero arrepentimiento, no reconoci? su pecado ante Jehov?. Cuando fue enviado a destruir a Amalec y a todo lo que alli hab?a, Sa?l y el pueblo perdonaron a Agag, rey de Amalec, y a lo mejor de las ovejas y animales engordados, los carneros y todo lo bueno que hab?a en ese sitio, de tal forma que Jehov? habl? con Samuel y dijo que le pesaba haber puesto por rey a Sa?l pues no hab?a cumplido sus palabras. Cuando Samuel despu?s de haber orado toda una noche va a visitar a Sa?l, este le sale al encuentro dici?ndole que ?l hab?a dado cumplimiento a las palabras de Jehov?. Entonces Samuel le incrimina sobre esos balidos de ovejas y bramidos de vacas que estaba oyendo, pero Sa?l le respondi? que los hab?an tra?do de Amalec y que hab?a sido el pueblo el que lo hab?a hecho as?. Adem?s agreg? que el pueblo lo hab?a hecho para dar un sacrificio a Jehov?. Pero Samuel no le crey? el cuento y le sigui? recriminando esta vez con la pregunta de ?por qu? has hecho lo malo ante los ojos de Jehov?? Pienso que Samuel ten?a un gran inter?s por ver el arrepentimiento de Sa?l, pues hab?a pasado la noche orando a Dios al respecto. Por eso de nuevo la pregunta, ?por qu?? Mas Sa?l dijo a Samuel Antes bien he obedecido la voz de Jehov?, y fui a la misi?n que Jehov? me envi?, y he tra?do a Agag rey de Amalec, y he destru?do a los amalecitas. Mas el pueblo tom? del bot?n ovejas y vacas, las primicias del anatema, para ofrecer sacrificios a Jehov? tu Dios en Gilgal. A medida que Sa?l se defend?a m?s se complicaba en sus argumentos, pues lleg? a hacer referencia a Jehov? como al Dios de Samuel, como diciendo eso es para tu Dios, as? que c?lmate. Pero Samuel agreg? lo que a nosotros a veces no nos gusta mucho, y es que Dios no se complace en la desobediencia. Porque como pecado de adivinaci?n es la rebeli?n, y como ?dolos e idolatr?a la obstinaci?n. A estas alturas del debate Sa?l de rebelde pas? al rango de obstinado. Recuerdo un texto de la Biblia que dice: El que reprendido endurece la cerviz, de repente ser? quebrantado y no habr? para ?l medicina.

Sa?l fue un miserable pero no entra en la lista de nuestros miserables de la Biblia por cuanto no hubo para ?l medicina. Usted saque la conclusi?n, pero nuestra referencia es solamente a los miserables hijos de Dios que salen adelante: Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; Mas los imp?os caer?n en el mal (Proverbios 24:16).

Pasemos ahora al an?lisis del acusado en la Iglesia de Corintio. Pablo escribe acerca de lo que hab?a o?do, de un caso de fornicaci?n tan particular que ni siquiera era mencionada entre los gentiles, es decir, entre la gente no creyente. La iglesia se sent?a envanecida por ese caso, como cualquier iglesia contempor?nea que sigue la moda y costumbre social del mundo, con una mente muy abierta, con una nueva comprensi?n del evangelio. El caso hab?a afectado tanto a la iglesia en Corintio que se sent?an orgullosos. Pablo ordena que reunidos en el nombre de Jesucristo y con su esp?ritu mismo, es decir, con la voluntad y consentimiento de Pablo, se entregue a Satan?s a ese fornicario tan particular, para destrucci?n de la carne, a fin de que su esp?ritu se salve en el d?a postrero. Ese hombre se convierte ahora en un gran miserable. Miserable por partida doble: primero, por haber cometido semejante pecado que ni siquiera era cometido entre los gentiles, pues la legislaci?n romana lo prohib?a expresamente, as? como la legislaci?n del Antiguo Testamento; segundo, por haber sido entregado a Satan?s, separado de la Iglesia. De vuelta al mundo en un solo instante.

A cualquiera le puede resultar una gracia irse de farras al pecado, con una visa espiritual asignada por la Iglesia, con una garant?a teol?gica tal que el mismo Pablo daba fe de que su esp?ritu se salvar?a en el d?a del Se?or. No hab?a otra salida sino ser salvo, siempre salvo, puesto que as? como por fuego acababa de decir el mismo ap?stol en la misma carta, apenas en lo que llamamos el cap?tulo 3 si bien el caso del fornicario est? referido en el cap?tulo 4 de la Primera Carta a los Corintios. Pero esto no es gracioso sino miserable. Doblemente miserable: por un lado lo acusa el Estado, la ley imperial romana lo prohib?a en forma expresa, por el otro lado los hermanos, el afecto, el n?cleo espiritual le estaban vetados. Es como ser expulsado de la Iglesia y entregado al pr?ncipe de este mundo, abandonado al mundo, para que uno se sacie de pecar y aprenda a llevar el fruto del pecado hasta que lo aborrezca. Y tal parece que as? sucedi?, pues en una segunda carta a la misma iglesia Pablo recomienda el perd?n y la consolaci?n para esta persona, a fin de que Satan?s no gane ventaja alguna sobre los hijos de Dios y que el hermano reprendido no sea consumido de demasiada tristeza.

Su miserableza era tal que estaba siendo consumido en demasiada tristeza; ?por qu? no disfrut? del mundo una persona que fue enviada al mundo, con la visa de su salvaci?n segura? Algo pasa en los creyentes verdaderos que no nos acostumbramos al mundo, a la vida de pecado. Juan dijo que el creyente no peca, y despu?s sigue escribiendo y aclara que el creyente no practica el pecado. Eso es lo que le sucedi? a este personaje de Corintio, hab?a ca?do en el pecado pero no se gozaba con su pr?ctica, pues m?s pudo el Esp?ritu que moraba en ?l que sus propias concupiscencias. Esa es tambi?n nuestra lucha de cada d?a.

Pablo se convierte en un miserable tambi?n, seg?n sus propias palabras ?l hac?a aquello que aborrec?a, no hac?a el bien que quer?a hacer, estaba entrampado en una conducta tormentosa de contradicci?n continua entre el querer y el hacer, entre el deber ser y el ser. Por eso tuvo que resolver ese conflicto por s? mismo y nos leg? el ejemplo, otro espejo en el cual mirar nuestros rostros para ver retratadas nuestras conductas. Pablo se declar? el primero de los pecadores (?l sabr? subjetivamente por qu? lo dijo); a Pablo lo atormentaba un mensajero de Satan?s, con aquello del aguij?n en la carne para que no se envaneciera como producto de sus visiones y traslados al cielo; no sabemos en qu? consist?an esas bofetadas recibidas, si eran literales o si eran metaf?ricas. Pienso m?s que pudo haber sido algo metaf?rico, relacionado con su conflicto del deber ser confrontado con el ser. No hac?a lo que sent?a en su mente que deb?a hacer y en cambio lo que m?s odiaba hacer eso hac?a; si eso no es recibir una bofetada en el sentido metaf?rico entonces habr? que entender que literalmente un mensajero de Satan?s le daba de bofetadas. El punto, sin embargo, es que toda esta tribulaci?n en su conciencia lo lleva a un estado de miseria en el cual clama: Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago?Y yo s? que en m?, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien est? en m?, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en m텡Miserable de m?! ?qui?n me librar? de este cuerpo de muerte? (Romanos 7: 15-25).

Sin embargo, despu?s de ver un poco su situaci?n de miseria, constatamos que en ning?n momento Pablo se sinti? fuera del reino de los cielos, ni asom? duda acerca de su salvaci?n eterna, sino que concluy? su disertaci?n acerca de su estado de miseria argumentando que con la mente sirve a la ley de Dios mas con la carne a la ley del pecado. Y no es una licencia para pecar lo que proclama con esta dicotom?a presentada; por el contrario, acababa de decir en la misma carta, cap?tulo 6, ?Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ?c?mo viviremos en ?l? El ap?stol lanza una pregunta ret?rica para que le digan c?mo vivir en el pecado sin sentirse miserable, pues los que han muerto al pecado no pueden por fuerza vivir en el pecado. Qu? claridad teol?gica la que nos leg?!

Finalmente nos ocuparemos de Pedro. Un ap?stol ejemplar, un compa?ero espectacular en el c?rculo de los doce con Jes?s, un hombre intr?pido, audaz, dispuesto al sacrificio y a jug?rsela hasta la ?ltima consecuencia. Pedro, el que era Sim?n; una fr?gil ca?a era su nombre, pero Jes?s lo llama y lo transforma, por eso tiene que cambiarle el nombre, ahora es Pedro, Petrus, una roca. De fr?gil ca?a a una dura piedra, ese es trabajo del alfarero con el barro, un compromiso dif?cil para nosotros pero habitual para el Creador. ?l conoce todas las cosas y hace todas las cosas posibles, por lo que no hay nada dif?cil para ?l. Nuestro amigo Pedro, un escritor ameno y directo, humilde, reconocedor de la grandeza de otros, como afirma de nuestro amado hermano Pablo, un docto, al que los indoctos e inconstantes le tuercen su verdad, pasa a este hall de los miserables de la Biblia por cuanto su pecado notorio fue de mucha gravedad, gravedad para el grupo naciente, gravedad para su propia alma. Neg? al Se?or varias veces bajo predicci?n del mismo Se?or; fue pedido por Satan?s para ser zarandeado o agarrado por los hombros o los brazos y ser movido con violencia, entrando por ello al mundo de los miserables. La Escritura dice m?s que los predicadores, pues dice que Pedro neg? al Se?or y maldijo. ?Se imaginan? Lo neg?, jur? que no conoc?a a ese hombre, y ante la insistencia de los que lo conoc?an comenz? a maldecir y a jurar enfatizando que no conoc?a a Jes?s. Despu?s cant? el gallo. Recordar es f?cil, tambi?n lo fue para Pedro cuando al negar a Jes?s y o?r cantar el gallo empez? a llorar amargamente, primero que nada recordando las recientes palabras de Jes?s acerca de su triple negaci?n antes de que el gallo cantara, pero posiblemente pas? por su mente en un haz de luz todo su andar con Jes?s, desde que san? a su suegra cuando ?l se llamaba Sim?n, de la pesca milagrosa cuando Jes?s le dijo que ser?a pescador de hombres, cuando fue enviado con los doce a la misi?n, su caminata sobre el mar, el momento en que se hund?a y el rescate hecho por Jes?s; record? cuando confies? que Jes?s era el Cristo, cuando le cort? la oreja al siervo del sumo sacerdote para que dejara a Jes?s tranquilo, y tambi?n record? Pedro cuando el Maestro dormido en la barca tuvo que ser despertado por los doce a causa del embravecido mar, y el Maestro hizo grande bonanza. Eso quer?a Pedro en este momento crucial de su vida, despu?s de haber alcanzado tan alto honor de andar con el Mes?as y ser el primero en hablar, en proponer, en defender, llegando a ser uno de los m?s miserables creyentes de la tierra, negando a Jes?s y con el Maestro al lado, mir?ndose mutuamente, anhelaba profundamente una grande bonanza. Eso le debi? doler demasiado.

Pero despu?s Pedro toma su iniciativa en el Pentecost?s y aparece de nuevo de primero en la palestra; grande fue su discipulado, grande fue su obra, y sin embargo debi? ser reprendido por Pablo, ya que andaba y com?a con los gentiles pero ante los de la circuncisi?n se retra?a en su simulaci?n. A pesar de ello, sus dos ep?stolas hablan mucho de su teolog?a y de su humildad ya que reconoce de gran val?a a aquellos que amamos a Jes?s sin haberle visto. Pedro no se qued? postrado en el dolor de su miseria, sali? a flote con la mirada de Jes?s, una mirada que le cost? llanto y amargura, pero que le recordaba su predestinaci?n: Jes?s le hab?a advertido de lo que le iba a suceder, pero le hab?a dicho tambi?n que ?l hab?a orado para que su fe no fallara.

De miserables a afortunados; la palabra afortunado es uno de los ant?nimos de miserable, el otro es liberado. De esta forma los miserables de la Biblia son tambi?n ahora los liberados, los afortunados de la Biblia. Cuando Jes?s dijo por sus frutos los conocer?is no estaba hablando del fruto de no cometer pecado, sino de no practicar el pecado. Sa?l no se arrepinti?, se excus?, dio vueltas sobre su razonamiento, se justific? ante su conciencia hasta cauterizarla, porque era un practicante del pecado. David cay? humillado ante Dios, cuando Nat?n le dijo ?T? eres ese hombre?. Una constante en los que practican el pecado es se?alar los pecados viejos de los que predican la palabra de Dios. Eso les permite aplacar por instantes su conciencia, eso es como el arpa de David para Sa?l, que le calmaba su esp?ritu. Porque la Escritura se?ala que contristamos al Esp?ritu Santo cuando andamos en el pecado; por eso, porque ?l est? injertado en nosotros, sentimos tristeza al igual que ?l, y esa tristeza nos apaga el gozo, incluso el gozo de la salvaci?n, y venimos a ser como rama seca que no sirve sino para ser echada en el le?o y quemarse. Eso representa nuestro testimonio ante nosotros mismos. Sin embargo, cuando clamamos al Se?or, la situaci?n se recompone. Puede no ser as? ante la iglesia, comunidad de hombres donde suele haber mixtura, gente madura, pero tambi?n gente que ven la paja en el ojo de los hermanos y no ven su propia viga en sus ojos. Juan dijo: salieron de nosotros pero no eran de nosotros.

El que est? libre de pecado que lance la primera piedra. Hay muchos que se sienten libres de pecado y han construido edificios con las piedras lanzadas; monumentos de piedra; se construyen sus propias im?genes a base de piedra, las piedras lanzadas contra los hijos de Dios que han pecado pero que no practican el pecado, porque el creyente no peca, como dice Juan. Otra met?fora m?s! No peca, y aclara m?s adelante, no practica el pecado. Porque despu?s dice que si hemos pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el Justo. No tenemos como abogado al pastor, al di?cono, a los hermanos de la congregaci?n; no, tenemos a Jesucristo el Justo. Es nuestro abogado, nos defiende del Fiscal General del Mundo, de Satan?s, el gran acusador de los hermanos. Pero nos defiende tambi?n de nuestra conciencia, que es la gran perseguidora de los creyentes. Porque existe todav?a el canal abierto con el mundo, con la vieja naturaleza que va quedando atr?s y que todav?a convive con nosotros. Por eso decimos todav?a miserable de m?. Esa vieja naturaleza vive en el espacio-tiempo y se aferra desde el pasado en el presente, para opacar nuestro futuro. El pecado confesado ha sido perdonado (Nunca m?s me acordar? de sus pecados y transgresiones Hebreos 10:17). Pero la vieja naturaleza ligada al maligno nos perturba en m?ltiples ocasiones, y se vale de personas como Sa?l, con roles parecidos a los de David, para acusarnos de nuestras faltas. No es Goliath quien nos acusa, a quien podr?amos llamar tranquilamente filisteo incircunciso. Es Sa?l, desde adentro, el que m?s da?o hace. Es el ?ungido? al que no se puede tocar quien batalla como aguij?n en nuestro espacio. Sabemos que Sa?l fue ungido para ser rey de Israel, nada m?s. Esa era una unci?n particular usada en esos tiempos.

La historia final indica que David venci? a Goliath, mataba osos, leones y gigantes. Y en su paciencia venci? a Sa?l. Su paciencia consisti? en esperar en Jehov?. David conoc?a plenamente la soberan?a de Dios, Pablo la predicaba, Pedro la sosten?a, El?as fue su testigo, el hermano de Corintio vio el perd?n soberano en su vida. Todos estos cinco fueron hijos del Dios soberano, bajo la consecuencia de las virtudes de su soberan?a, la m?s preciada: la soberan?a del perd?n.
Publicado por elegidos @ 12:35
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