Lunes, 29 de octubre de 2007

Plantear el tema de la predestinaci?n resulta hoy d?a algo extra?o y novedoso. En la era de la democracia mundial, en la ?poca de los valores estad?sticos, no parece usual hablar de manada peque?a frente a la idea de que la mayor?a tiene siempre la raz?n. Cierto es que en las Escrituras B?blicas nos encontramos con la sumatoria de una gran multitud al final de los tiempos, como bien relata el Apocalipsis. Resulta evidente que todos aquellos que han profesado fe verdadera lo han hecho a trav?s de los siglos, lo cual no nos debe hacer suponer que en tiempos muy puntuales haya existido tal masa de gente, sino solamente el concepto de la manada peque?a.

Dios gobierna el mundo, aunque pareciera que tal vez lo hace el hombre; sin embargo, en la Biblia Jehov? es presentado como el Rey de Reyes y Satan?s como el Pr?ncipe de este mundo, mostr?ndonos una jerarqu?a ante la que el hombre en solitario est? con muy bajo poder. No obstante, la visi?n de la iglesia institucional muestra sus matices de corrupci?n en cuanto al tema, y a pesar de que algunos de los llamados padres de la iglesia fijaron una posici?n c?nsona con Las Escrituras, no siempre la instituci?n oficial se mantuvo en esta consonancia. De hecho, se hizo necesaria la reacci?n en el proceso de la Reforma Protestante para rescatar de nuevo el concepto de la soberan?a de Dios.

El Concilio de Trento, en 1563, en los c?nones sobre la justificaci?n, expone: "Si alguno dijere que excitada y movida por Dios, la voluntad humana no coopera dando su asentimiento a Dios, que le excita y llama a prepararse a obtener la gracia santificante, y que no puede disentir si quiere, sino que es inactiva, y meramente pasiva, sea anatema (Canon IV). Si alguno dijere que desde la ca?da de Ad?n el libre albedr?o se ha perdido y extinguido, o que es cosa nominal, ficci?n introducida por Satan?s en la Iglesia, sea anatema (Canon V)". (cf.La Soberan?a de Dios, de A.W. Pink.). En la arremetida contra el protestantismo Roma fij? posici?n desesperada en uno de los puntos relevantes del evangelio de la Reforma. Es obvio que este evangelio reformado es un puro extracto b?blico, emanado de lo dicho desde tiempos antiguos por los profetas, avalado por las palabras del Mes?as y ratificado por los escritores del Nuevo Testamento. Lo triste es contemplar c?mo la Iglesia del siglo XX y ahora del XXI se mueve hacia los par?metros de la masificaci?n. La iglesia contempor?nea, en su af?n por predicar el evangelio, hace disc?pulos a un cuerpo de personas que milita en una suerte de democracia b?blica, que raya incluso los l?mites de la herej?a.

Jes?s, seg?n lo relata Juan en cap?tulo 6 de su evangelio, verso 44, les habl? a un grupo de sus seguidores acerca de la elecci?n: "Ninguno puede venir a m?, si el Padre que me envi? no le trajere", pero muchos de sus disc?pulos dijeron "dura es esta palabra; ?qui?n la puede o?r?". Contin?a el texto diciendo que Jes?s sab?a que sus disc?pulos murmuraban de esto, por lo cual les dijo: ?esto os ofende? -porque mucha gente se ofende cuando oye hablar de la predestinaci?n, de la soberan?a de Dios, pues la consideran injusta?y?un tema tab? nada diplom?tico,?que aleja diezmos y ofrendas, que?nos hace sentir solos como El?as el profeta. Jes?s sab?a desde el principio qui?nes eran los que cre?an y qui?n le habr?a de entregar. De manera que les agreg?, seg?n los versos 60 al 65 de Juan cap?tulo 6, por eso os he dicho que ninguno puede venir a m?, si no le fuere dado del Padre.? La consecuencia fue soledad, la vuelta a la manada peque?a, porque entonces muchos de sus disc?pulos volvieron atr?s y ya no andaban con ?l.

Los modernos predicadores conminan a su p?blico a levantar la mano, a dar sus nombres, a repetir oraciones, a asistir a la iglesia para engrosar las estad?sticas de los convertidos. Confunden predicar con convertir, y asemejan reiteraci?n de conductas con hacer disc?pulos. El Maestro le dijo a sus disc?pulos, luego de lo narrado en Juan 6 antes citado ?Quer?is acaso iros tambi?n vosotros?, con lo cual no se preocupaba por aumentar el n?mero de sus seguidores, ni por hacer multitudes para present?rselas al Padre en se?al del ?xito de su misi?n. ??

El hombre que se disocia del grupo se asemeja al renegado, al loco desubicado que tiende a integrarse solamente para no convertirse en un apocal?ptico. A veces queremos identificarnos con un colectivo, utilizar sus mismos signos, lo cual nos retribuye el ser miembro, pero el paradigma b?blico es otro: Voz del que clama en el desierto, actualizado en Voz del que clama en la soledad de la masa.

El profeta Isa?as reclamaba igualmente: ?Qui?n ha cre?do a nuestro anuncio? ?La respuesta que obtuvo la declar? ?l mismo, cuando asegur? que si el Se?or no hubiera dejado un remanente, ser?amos semejantes a Sodoma o a Gomorra.? El?as tambi?n tuvo una inquietud parecida, con una respuesta que tambi?n refiere a un remanente: me he reservado 7000 hombres que no han doblado sus rodillas delante de Baal. Si miramos ese contexto sabremos que 7000 personas son una ?nfima proporci?n entre aquellos habitantes de Israel, y menos proporci?n a?n frente al resto de los habitantes del planeta para ese entonces (Seg?n fuentes estad?sticas mundiales, se estima que la poblaci?n mundial para ese entonces era de 50 millones de habitantes).

No tem?is manada peque?a, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino (Lucas 12:32). Esta frase de Jes?s pone de manifiesto un concepto en pugna con el criterio moderno, de n?mero y estad?stica, de atropello de las multitudes, sea en el b?isbol, en el f?tbol o congregada en los recintos de la iglesia. Pero donde hay dos o tres en mi nombre, dice Jes?s, all? estoy en medio de ellos.

Jes?s no exigi? multitudes, sino que m?s bien dijo: Porque muchos son llamados y pocos escogidos (Mateo 22:14). Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdici?n, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan (Mateo 7:13-14). La soberan?a de Dios coloca en la escena el concepto de predestinaci?n. Para la mayor?a suele ser injusto, pero para la manada peque?a es la ?nica v?a de garant?a hacia el reino de los cielos.

En el siglo XVI Juan Calvino defini? el concepto que tratamos de estudiar de la manera siguiente: ?Llamamos Predestinaci?n al eterno decreto de Dios, por el que ha determinado lo que quiera ser de cada uno de los hombres. Porque ?l no los crea a todos con la misma condici?n, sino que ordena a unos para la vida eterna, y a otros para condenaci?n perpetua.? Por tanto, seg?n el fin para el cual el hombre es creado, decimos que est? predestinado para vida o para muerte? (Calvino, Juan. Instituciones de la Religi?n Cristiana, vol. II. Edit. FELIRE, Pa?ses Bajos, p. 729).?

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C?sar Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 11:29
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