Jueves, 03 de mayo de 2018

A menudo se tiende a confundir la providencia divina con la redención de Jesucristo. La iglesia, cuerpo del Señor, es una comunidad de elegidos llamados eficazmente que demuestra tanto la providencia de Dios Padre como la redención del Hijo. En cambio, el mundo por el cual Cristo no rogó es testigo de la providencia del Creador que hace salir el sol sobre justos e injustos (Juan 17:9). No podemos confundir estos dos conceptos presentados, como para decir que la vida, muerte y resurrección de Jesucristo trajo consecuencias de amor para los réprobos en cuanto a fe.

Dado que el Señor afirmó que le había sido dada toda la autoridad en los cielos como en la tierra, su orden fue que saliéramos a predicar a todas las naciones, haciendo discípulos, enseñando todas las cosas que él nos ha dicho. Dios ha tenido el placer de la administración de la plenitud de los tiempos, para reunir todas las cosas en Cristo, tanto en el cielo como en la tierra. Este propósito nos incluye como herederos de Dios, habiendo sido predestinados de acuerdo al propósito del que opera todas las cosas  según  el consejo de su voluntad (Efesios 1:9-11).

El Señor ofreció de una vez y para siempre el sacrificio por el pecado, por lo tanto santificó con una ofrenda única a sus representados. Eso lo atestigua el Espíritu Santo en nosotros, lo declara la Escritura y es la característica principal del pacto que nos entregó. Podemos decir con certeza que la ley de Dios fue escrita en nuestros corazones y mentes, en tanto un signo inequívoco de los creyentes cuyos pecados no son más recordados por el Padre (Hebreos 10:11-17). Esta realidad demuestra que el trabajo de Jesucristo fue perfecto en forma absoluta y con una eficacia total. De esta forma la redención no toca en lo más mínimo al reprobado, por cuanto éste no recibe ninguno de los beneficios de la obra del Señor en el madero.

Si Dios tuviese el más mínimo deseo de salvar a los réprobos en cuanto a fe, de seguro habría logrado su objetivo. Pero la gracia de la justicia impartida recayó solamente en los elegidos del Padre, por el puro afecto de su voluntad. En este punto uno tiene que separar los dos conceptos referidos antes, ya que la providencia divina sirve como mecanismo de orden tanto en la iglesia como en el mundo no elegido. Pero la gente tiende a confundir providencia con redención, a pesar del énfasis que la Escritura señala para la distinción de la acción de Dios.

El rico y Lázaro es una parábola que presenta esta diferencia. El rico tenía provisiones para vivir a plenitud en esta tierra y su bienestar formaba parte de la providencia de Dios. Lázaro era mendigo y lo que Dios le proveía era menos que al rico, mucho menos. Sin embargo, la parábola nos muestra la redención del hombre que suplicaba por los mendrugos ante el rico, mientras que al poderoso y adinerado no le fue otorgada semejante gracia. Dios también proveyó para Judas Iscariote, para que no muriera antes de tiempo, para que llegara con plenas facultades mentales a conocer al Señor. Judas hizo lo que tenía que hacer bajo la providencia divina, pero la redención del Señor no se mostró para con el hijo de perdición.

En ocasiones la riqueza de los pecadores en la tierra constituye la providencia de Dios para que terminen en eterna destrucción. No que no haya ricos en la iglesia, sino que los ricos del mundo tienen sus posesiones como tropiezo y eso es solamente providencia mas no redención. La Biblia nos demuestra que el Señor no murió por los reprobados como para que ellos se beneficien en lo más mínimo de la sangre vertida como expiación por el pecado de su pueblo.

Entendemos que la regeneración está ligada a la vida y obra de Jesucristo, a su resurrección de entre los muertos. En este sentido debemos tener en claro que la muerte de Cristo fue de eficacia absoluta en los beneficiarios de la gracia del Padre. Llegar a decir que los réprobos en cuanto a fe pueden tener esperanza de alcanzar el perdón y el consuelo en medio del tormento que les ocasiona el pecado, implica que no se ha sido enseñado por el Padre para poder ser llevados hacia el Hijo. Por haber conocido a Jehová y al poder de su resurrección nos acompaña la incorruptible esperanza del creyente, sabiendo que ya no somos deudores de la ley y que tenemos el conocimiento del Señor.

¿Cuál era la esperanza del faraón cuando Dios le dijo a Moisés que lo había levantado para mostrar en él su poder? Fue Dios quien endureció al gobernante egipcio, el mismo Dios que llamó a Moisés como instrumento de su justicia y de su misericordia. ¿Y por qué hablar de la bendición que tuvo Judas Iscariote por el hecho de que anduvo con el Señor? Era el hijo de perdición por orden de la Escritura, de manera que en ningún momento fue objeto de la gracia del Padre. Pero tanto el faraón como Judas recibieron las provisiones del Padre para que cumplieran su oficio. Moisés, en cambio, recibió la gracia divina junto con su providencia para desempeñarse en el rol de líder del pueblo rescatado de Egipto.

El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo fue la expresión de Juan el Bautista para referirse al beneficio de los creyentes enseñados por Dios. Si Juan hubiese tenido en mente la universalidad de la salvación sin excepción, de seguro Judas Iscariote hubiese estado en el paquete de los afectados positivamente por la redención de ese Cordero. Ya lo dijo el Señor, que nadie tenía la capacidad para acudir a él, que no había justo ni aún uno, que no hay quien busque al verdadero Dios. Solamente los que el Padre le da vendrán a él, sin que los eche fuera en ningún momento. ¿Fue Judas enseñado por Dios para que se mostrara voluntario en el día del poder de Dios? En absoluto, fue preparado para que cumpliera su rol de traidor y sufriera el castigo de la ira divina por el pecado.

Jesucristo fue hecho en nosotros por parte de Dios tanto justicia como santificación y redención, por lo cual nos gozamos y gloriamos en el Señor (1 Corintios 1:30-31).  La palabra de la cruz es para nosotros los que somos salvados el poder de Dios del que no nos avergonzamos; en cambio, para los que se pierden, esa misma palabra ha venido a ser locura. Este es un punto de cruce donde la sabiduría del entendido es destruida por Dios. Más bien Dios hizo que la sabiduría del mundo fuese una locura, ya que por la sabiduría de Dios (Jesucristo) el mundo a través de su propia sabiduría no conoció a Dios; quiso Dios agradarse de salvar a los creyentes por medio de la locura de la predicación. Jesucristo crucificado es considerado una ofensa para los judíos (los cuales esperaban otro tipo de Mesías) y es considerado también una locura para los griegos (que hacían gala de su sabiduría). 

La cruz de Cristo no constituye ninguna providencia para el mundo por el cual el Señor no rogó ante el Padre (Juan 17:9). No lo es por cuanto el Señor no murió en ningún sentido por los que perecen eternamente; decir lo contrario es creer un falso evangelio, uno que es anatema, e igualmente sería considerar locura la cruz del Señor.

La eficacia del trabajo de Cristo en la cruz junto al poder de su resurrección han sorbido la muerte en victoria. De esta forma quedó abolida la muerte eterna en los elegidos del Padre, por lo cual es imposible que volvamos atrás. Si Jesucristo hubiese muerto por todos, sin excepción, el pecador condenado habría hecho que la muerte continuara triunfante en los supuestos elegidos. Por eso, sería igualmente un sin sentido creer que Jesús puso su vida por el mundo por el cual no rogó.

¿Cuál es la paz que Jesucristo compró para Judas? ¿Hubo alguna paz para los muertos en el diluvio universal? ¿Y qué de la paz para los habitantes de Sodoma y Gomorra? ¿Y cuál paz tienen los que mueren a diario sin la propiciación de Jesucristo como mediador entre Dios y los hombres? Porque para todos los réprobos en cuanto a fe la muerte continúa con vida, mientras que a los que mueren en Cristo les ha ocurrido la muerte de la muerte. Ambos bandos, redimidos y reprobados, gozan de la providencia divina en esta tierra; pero solamente uno de ellos goza de la providencia y de la redención eterna.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 12:17
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