Domingo, 28 de mayo de 2017

Es común escuchar hablar del Anticristo, pero poco se dice acerca de la mente anticristiana. Normalmente se piensa que un sujeto especialmente diabólico tomará el control del planeta y gobernará por algunos años a cada habitante; a unos matará mientras a otros someterá con su número, su marca y su nombre. El libro de Daniel nos relata sobre la abominación desoladora y Jesucristo refiere a ella; en el Apocalipsis de Juan se mencionan a la bestia y al falso profeta, a los cuales el Señor destruirá en su venida. Pero Juan también nos advierte en una de sus cartas que ya está en acción el misterio de la iniquidad, que así como hemos oído que el anticristo viene también han surgido muchos anticristos. Estos anticristos tienen en común la mente anticristiana. Pero no creamos que son seres especiales y distintos a nosotros, más bien Juan se ha propuesto enseñarnos que de la cotidianidad surgen estos seres. Son personas como cualquiera que simplemente no creen en Jesucristo. Ellos poseen una mente anticristo a la que llamamos mente anticristiana. En realidad engañan a muchos porque llegan diciendo que tienen mucho que ver con Jesucristo y argumentan ser discípulos y maestros anunciadores de su doctrina. Pero al examinar la doctrina de Cristo podemos entender que aquéllos son lobos disfrazados de ovejas, sepulcros blanqueados y maestros del engaño. Ellos se dan por entero a la interpretación privada, torciendo las Escrituras para su propia perdición. Es en ese lugar donde más hacen daño. Podríamos colocar numerosos ejemplos para demostrar lo que señala Juan, pero baste por ahora mencionar lo que dicen estos seres respecto al trabajo y a la persona del Hijo de Dios. El profeta Daniel habló de un período de tiempo específico que separaba su momento histórico y el advenimiento del Mesías esperado por Israel. Se refirió a la Santa ciudad (Jerusalén) y a ciertos hechos que tendrían allí lugar (Daniel 9:24). Dijo que vendría bendición especial sobre ese pueblo y para todo el pueblo de Dios (ese pueblo que viene a ser un conjunto espiritual). Se hablaba de semanas de años, lo cual constituye un período de tiempo de 490 años (70x7). Entre las cosas que se llevarían a cabo al cumplirse ese período de tiempo estaría el poner fin a la iniquidad y expiar el pecado, para traer justicia perpetua y sellar la visión y la profecía, así como ungir al Santo de los santos. Es obvio que el fin de las transgresiones hace referencia exclusiva a su pueblo, en clara consonancia a lo escrito en Mateo 1:21: él salvará a su pueblo de sus pecados. Fue el Señor quien puso fin a la iniquidad del pueblo que iba a redimir, pero fue él también quien exclamó en la cruz que todo había sido consumado. Su trabajo quedó concluido, sin nada más que añadir; por esta razón David escribió lo que pudo comprender acerca del ministerio del Mesías que vendría: Bienaventurado aquel cuyas iniquidades han sido perdonadas y cubierto sus pecados (Salmo 32:1). Siendo abolido el pecado en los redimidos, se entiende que en la cruz hubo una transferencia de los pecadores escogidos por Dios hacia el Cristo que sufre y padece por ellos. Judicialmente hubo una satisfacción plena de Dios por causa de la justicia que es Cristo, de manera que nosotros podemos estar seguros de que nuestra culpa y nuestro castigo fueron llevados como un fardo por el Señor. Nos recuerda al chivo expiatorio del Antiguo Testamento sobre cuya cabeza el sacerdote colocaba sus manos descargando los pecados del pueblo. Ese animal era echado fuera del campamento y allí moriría, en un claro símbolo de lo que ocurriría con la llegada del Mesías. Jesús también fue llevado fuera del campamento, muriendo fuera de Jerusalén, en el Gólgota, alejando nuestros pecados tanto como está distante el Oriente del Occidente. De igual forma había otro animal que se sacrificaba y cuya sangre representaba la expiación de los pecados del pueblo. Jesucristo igualmente murió por los pecados de su pueblo, no por los pecados del mundo (Juan 17:9). Entonces, lo que el Señor hizo en la cruz fue perfecto como su persona, un Cordero sin mancha, de tal forma que vino a ser la justicia de Dios para nosotros. Si él todo lo completó en la cruz diciendo Tetélestai - Consumado es, no podemos añadir nada a su obra. Pero hablábamos de los maestros, profetas y discípulos extraños que vienen con mente anticristiana (mente de anticristo), los cuales añaden siempre algo a la obra del Señor. Ellos argumentan que Dios nos capacita en Cristo para que hagamos lo que es debido, para que seamos hábiles al ejecutar nuestra propia salvación. Dicen que el Señor hizo todo pero que nos toca a nosotros hacer nuestra parte. Esto no es más que un sutil engaño anticristiano (de los anticristos que han salido por el mundo) y que pretende hacer insuficiente el trabajo del Señor. La Biblia nos ha dicho muchas veces que no depende de nosotros, que no se requiere obra humana alguna, que no hay obras de justicia de parte nuestra. Más bien, que la gracia de Dios es tan completa que ha cubierto en forma eficaz y absoluta nuestra ineficacia. Fue un acto judicial de Dios el que nos declaró justos en Jesucristo, fue la expiación del Señor la que agradó al Padre para apaciguar su ira con los que Él hubo elegido desde antes de la fundación del mundo para tal fin. Nos toca confesar nuestros pecados y apartarnos de ellos, para que nos venga prosperidad (Proverbios 28:13). Pero esa es una actividad exclusiva de las personas que han sido llamadas por Dios a través del evangelio de Su Hijo. Solamente a los que el Padre ha elegido para salvación Él les da fe y arrepentimiento, una vez que los ha hecho nacer de nuevo con el cambio de corazón. Hemos sido revestidos con la vestidura de justicia de Cristo, se nos ha cubierto todos nuestros pecados para que no sean vengados por la ira de Dios. Más bien, Dios nos reprende como a hijos para corrección pero no nos castiga con su ira para condenación. En síntesis, el pecador no puede hacer nada, ni es habilitado para que haga cosas para lograr la salvación. No se trata de que Cristo haya preparado la condición para el perdón siempre y cuando nosotros aceptemos. No se trata de creer que Dios hizo su parte y ahora nos toca hacer la nuestra. Ni siquiera la fe es nuestra sino que es un don de Dios. De paso, la Escritura dice también que no es de todos la fe, que Jesucristo es su autor y el que la premia. La mente anticristiana también sugiere que el bautismo es un sacramento indispensable para poder ser salvos. Recordemos también que el ladrón en la cruz no se bautizó pero se fue al Paraíso con el Señor; asimismo, miles de hombres de fe antes de Cristo no fueron bautizados y caminaron con Dios. El bautismo es un mandato que se debe cumplir para demostrar que hemos muerto al pecado y nacido al Señor, pero nunca un medio de salvación. No puede ser un medio para salvarnos porque haría insuficiente la obra del Señor en la cruz, la cual ha sido declarada como terminada y perfecta. Parece ser que son muchas las expresiones de la mente anticristiana, si bien casi todas ellas tocan el área de la expiación. La mente que está contra Dios busca falsear la Escritura, inclinada a las obras para obtener garantías del hacer y del no hacer. Sin embargo, la única garantía que Dios nos da es Su Espíritu, que habita con nosotros hasta el fin de los tiempos. El nos conduce a toda verdad, nos consuela y nos testifica ante nosotros de que somos hijos de Dios. Cualquiera que se diga creyente no puede tener una mente anticristiana (o una mente anticristo) junto al Espíritu de Dios. César Paredes [email protected] destino.blogcindario.com


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 8:46
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