Viernes, 19 de febrero de 2016

Según dice la Biblia, la humanidad se ha dedicado poco más de seis mil años a adorar a los demonios. Un Dios que ha tolerado semejante actividad ha tenido que demostrar mucha paciencia para soportar tal ignorancia entre sus criaturas. La historia demuestra con los hallazgos de escritos y reliquias que ha habido una constante entre los diversos grupos humanos esparcidos sobre el planeta, dados a la elaboración de estatuillas de un muy variado tipo de figuras acerca de de lo que consideran es Dios.

Pero antes de reconocerle a los hombres esa inclinación religiosa como válida actitud, las Escrituras concuerdan en decir que es una grave ofensa al Dios revelado en la creación. Pablo coloca el problema en ascuas cuando afirma que lo que la gente sacrifica a sus ídolos, a los demonios sacrifica (1 Corintios 10-20). Juan lo reafirma en Apocalipsis al describir el trágico castigo que recibe una humanidad que no se arrepiente del servicio a los demonios:  Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar (Apocalipsis 9:20).

El resto de las Escrituras lo dice en forma muy variada, que aún los israelitas se dedicaron también a adorar las figuras de Moloc, de los baales, sacrificando a sus hijos e hijas (Isaías 46:6-8). Ofrecieron sacrificios a los ídolos de Canaán, contaminando la tierra con su sangre. En la ley de Moisés se condenaba a muerte a quienes se dieran a tales prácticas y se dejaba claro que no se podía entregar a nadie para ser inmolado al ídolo Moloc, porque eso sería una profanación del Señor (Levítico 20:1-4).

Muchos de ellos hicieron pasar a sus hijos e hijas por fuego, dándose a las adivinaciones y agüeros, provocando a ira a Jehová. Porque el que se dedica a los ídolos también participa de la adivinación, se inclina a lo esotérico, busca la interpretación extraña de cada cosa que le rodea para hacer de eso su hechicería. Pero eso no es nada más que dar culto a la criatura antes que al Creador (Romanos 1:25). Poco importa que en los tiempos modernos la gente haya cambiado los antiguos ídolos por figuras de santos, estatuillas con nombres bíblicos, diciéndose que son símbolos para recordar al verdadero Dios.

En este punto se ha de tener sumo cuidado. Jesús le dijo a la mujer samaritana que ellos adoraban lo que no sabían, asunto que no les convenía (Juan 4:22). A veces, la adoración a Dios llega a ser vana (Mateo 15:9). Los griegos eran personas de una vasta sabiduría pero se entregaban fácilmente a la adoración de divinidades diversas. Ellos llegaron a levantar un monumento al Dios no conocido, por si acaso habían dejado uno de lado. Pablo les dijo que él conocía a ese desconocido Dios para los griegos y les presentó el evangelio. Con esta predicación les dio a entender que no se puede adorar correctamente al Dios que no se conoce.

Pero luchar contra la idolatría implica oponerse a las grandes ganancias de los que administran la miseria espiritual de las masas. Pablo en Efeso y en otros lugares de Asia había persuadido a mucha gente a que se apartaran de la adoración de los ídolos. Ellos daban honra a Diana de los Efesios, por lo que el negocio de las estatuillas y demás oficios religiosos peligraba. De allí que la mal llamada iglesia se ha dado a la tarea de administrar los ídolos que se deben adorar, teniendo ella el monopolio de las bendiciones especiales a los fieles de la idolatría. Para responder a los que objetan tal proceder, argumentan que el feligrés no adora al ídolo, sino que lo que se hace con el fetiche es una evocación de la verdadera divinidad o del santo que intercede por ellos haciéndoles favores.

En torno a esta práctica pagana, cristianizada a partir de Constantino, una serie de eventos mágicos se ha anunciado por los siglos. Apariciones y discursos, reliquias que operan beneficios sobre los enfermos y necesitados de cualquier favor, junto a explicaciones teológicas que respaldan institucionalmente el oficio hacen gala de sofisticados argumentos. Pero el mensaje del cielo es el mismo, guardaos de los ídolos; el que sacrifica a los ídolos a los demonios sacrifica.

Importante resaltar que la Biblia se opone a la adoración de ángeles. Muy a pesar de las diversas declaraciones en las Escrituras, hoy día muchos que se llaman a sí mismos cristianos adoran ángeles. Ellos compran las estatuillas y las veneran, diciéndose que tienen la protección del ángel de la guarda. Bien, Juan quiso inclinarse ante un ángel de verdad, en su visión apocalíptica, y éste le dijo: Mira que no lo hagas: yo soy siervo contigo, y con tus hermanos que tienen el testimonio de Jesús: adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía (Apocalipsis 19:10).

El problema de la adoración a los demonios se agrava cuando los que se llaman cristianos adoran una forma un poco distinta de quienes creen es Dios, de acuerdo a su teología. Hay quienes suponen que Jesucristo murió por toda la humanidad sin excepción, que está haciendo un gran esfuerzo por traer a toda la humanidad hacia sí mismo. Estos que así piensan han reinterpretado las Escrituras en forma privada y han forjado un nuevo Cristo. Claro, si le dan el mismo nombre que tiene el Dios de la Biblia, aseguran que todos comprenderán que se trata del mismo Ser. Pero esa también es otra forma de idolatría.

Es importante saber a quién se adora y cómo se adora; de lo contrario se puede incurrir en el error de los samaritanos, quienes teniendo el mismo libro y las mismas tradiciones que los judíos adoraban lo que no sabían. El servicio a los demonios trae castigo inmediato en la vida del que ha permutado la gloria incorruptible de Dios por la de sus criaturas. Y el no tener en cuenta a Dios hace que Dios deshonre a quienes así actúan (Romanos 1).

César Paredes

[email protected]

destino.blogcindario.com


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 11:59
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios