Lunes, 15 de febrero de 2016

El concepto de herejía tiene que ver con la doctrina que se dice creer en materia de fe. El vocablo refiere a una opinión, el escoger de la gente, por lo que en materia teológica se agrava la decisión que se tome si no concuerda con el fuero doctrinal que se dice poseer. Esa opinión personal es semejante a la interpretación privada, a decir yo creo en una forma diferente. Bien, la opinión teológica en asuntos doctrinales es muy variada, por eso también podría argüirse que existe una gran variedad de herejías.

Sin embargo, divergir en cuanto a materia religiosa no siempre raya en lo herético, como por ejemplo discutir detalles de hechos históricos de la narrativa bíblica que no tocan en lo más mínimo asuntos de doctrina. La materia preocupante aparece al momento en que examinamos el fruto del árbol y descubrimos que el mismo es malo. En tal sentido hemos de comprender el peligro de la herejía, aunque Pablo la cataloga como un fruto de la carne en su carta a los Gálatas.

El apóstol dice que los que practican tales cosas no heredarán el reino de los cielos; esas tales cosas incluyen la herejía como problema. La práctica de la herejía es un signo de andar completamente perdido, pero en otro contexto menciona las disensiones como un mal que ocurrirá para demostrar a la iglesia quiénes son los que andan en la verdad (1 Corintios 11:19). No por eso andaremos provocándolas con la idea de probarnos a nosotros mismos.

Sin embargo, llama la atención que el vocablo griego usado en Gálatas 5:20 y 1 Corintios 11:19 ha sido traducido en los dos sentidos presentados. En el primer texto se habla de herejía como la venimos exponiendo, pero en Corintios se traduce como disensiones. Y es que la αἵρεσις (hairesis), además de ser herejía, es también una desunión, un desacoplamiento, por cuanto mantener una opinión privada sobre un criterio público es desarticular el organismo que decimos tener como norte.

Esto hace que la herejía como problema sea grave, ya que es un síntoma-pecado. Es un síntoma de no andar bien ubicado en cuanto a la doctrina de Cristo y de sus apóstoles, y un pecado que nos puede dar el mote de maldito, anatema, separado de Cristo, por predicar un evangelio diferente. Dentro del matrimonio hay errores que se cometen a menudo, cosas que se dicen o hacen, o cosas que se dejan de hacer. Pero ¿quién estará de acuerdo con la práctica del adulterio en la vida matrimonial? ¿O quién aceptará el rescate por el delito de adulterio? He allí un claro ejemplo de la gravedad de ciertos pecados en la relación de la iglesia con ella misma.

La Iglesia a través de los siglos ha tenido varios sínodos en los cuales ha llamado herético a un teólogo o a un feligrés, en base a los planteamientos presuntuosos de la interpretación privada del supuesto creyente. Más allá de si la iglesia del momento ha acertado en sus decretos, el problema de la herejía es bíblico, es real y existe desde hace siglos. Porque la herejía es opinar en forma distinta al criterio doctrinal que emana de las páginas del libro sagrado. No obstante, los intereses religiosos han trucado el objeto de la herejía al colocar la opinión religiosa institucional como si fuese el cuerpo doctrinal emanado de la Escritura. De allí que haya aparecido la herejía contra la opinión de la iglesia o contra los dogmas establecidos por la institución religiosa.

Más allá de los intereses de las religiones que reclaman seguir a Jesucristo, nos ocupa la opinión torcida contra la doctrina de la Escritura. Porque la interpretación de sus textos ha de ser pública y no privada, como bien lo señaló el apóstol Pedro. La privacidad de la interpretación permite adaptar la doctrina a la ideología preconcebida, acomodando el ídolo con el ropaje doctrinal. Hablo de ídolo por cuanto toda imagen (física o mental) de un dios distinto al de las Escrituras es eso, una imitación burda de la verdad.

Uno de los peligros de la herejía es que oculta el error doctrinal que transmite. De hecho, el error nunca es establecido en su deformidad desnuda, no sea que siendo expuesto, pueda ser detectado de una vez. Sino que es vestido hábilmente como atractivo en su forma externa, para hacerlo parecer al inexperto (tan ridículo como la expresión pareciera) más verdadero que la verdad misma (Ireneo, Contra las Herejías. 1.2). Y ese es su gran mal, que aquello que pretende pasar escondido bajo el ropaje de la Escritura llega a ser más verdadero que la verdad.

Si María fue llamada en un Concilio Teotokos (madre de Dios), porque se pretendía dar respuesta a una herejía que decía que Jesucristo no era consubstancial con el Padre (que no era eterno, sino una criatura), este remedio llevaba escondido su veneno. Posteriormente la iglesia profesante y revestida de poder político asumió que aquella madre de Dios por definición tenía que venerarse y encumbrarse a semejanza de divinidad. Dado que no les era fácil derivar tal presunción de las Escrituras, las cuales condenaban desde el Antiguo Testamento a la reina del cielo, fueron dándole forma hasta que ascendida al cielo se convierte en reina, pero también fue llamada sin pecado concebida y se le dice corredentora. De ser madre de Dios a ayudante en la salvación del hombre (corredentora), en virtud de la similitud entre la ayuda maternal que se presta al hijo común con la ayuda espiritual que supone el ir a Cristo a través de María.

Esas palabras son doctrina católico-romana, pero también pudieran ser enseñanza luterana. Da igual, porque la Reforma fue solo eso, una reforma eclesiástica, no una huida de Babilonia. Podríamos escribir durante horas miles de palabras para ilustrar con ejemplos los peligros de la herejía. Baste por ahora entender que la herejía es tener una opinión privada y torcida (como la de aquellos que tuercen las Escrituras) sobre un hecho de doctrina bíblica.

Es por ello que la Biblia recomienda examinarse a uno mismo para ver si estamos en la verdad, no vaya a ser que hayamos sido permeados por el flujo herético de una doctrina de demonios. Poco importa que esa doctrina extraña provenga de Sínodos o Concilios de iglesias, lo que importa es saber que nace del pozo del abismo. Es de allí de donde brotan las malas ideas contra la sana enseñanza, para poder alcanzar a muchos que corren llevados por todo viento de doctrina. El que está firme mire que no caiga, aconseja la Biblia; el que ande sacudido o ilusionado por un cuerpo doctrinal extraño debe correr a cotejarse con la Escritura misma. El que continúe en tal práctica no heredará el reino de los cielos, como bien dijera el apóstol.

Recordemos este texto para meditar oportunamente sobre su tema: Porque llegará el tiempo en que los hombres no soportarán más la sana doctrina; por el contrario, llevados por sus inclinaciones, se procurarán una multitud de maestros que les halaguen los oídos, y se apartarán de la verdad para escuchar cosas fantasiosas (2 Timoteo 4, 3–4).

El no soportar más la sana doctrina parece ser el signo de esta época en la que vivimos. Existe una apertura total a las puertas del mundo por parte de los que se auto denominan iglesia cristiana. Sabemos que las ovejas del Pastor jamás irán tras el extraño, porque desconocen su voz (Juan 10:1-5). Pero los miles de miles que militan en las iglesias cristianas (mejor representadas con el mote de sinagogas de Satanás) corren tras los maestros para que les halaguen sus oídos y satisfagan la vanagloria de sus fantasías. ¿Qué doctrina escuchas? El creyente habrá de ejercitar su memoria en las palabras de Jesús, las que dijera acerca de sus ovejas, las que jamás se irán tras el extraño porque desconocen su voz. Ellas siguen solamente al buen pastor.

César Paredes

[email protected]

destino.blogcindario.com

 


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 19:49
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios