Mi?rcoles, 03 de febrero de 2016

Dios no da su gloria a otro (Isaías 48:11) y parte de esa gloria es que lo conozcan como el que hace posible todas las cosas. Tal es el significado del étimo Jehová, el que es y posibilita todo cuanto existe. El alfarero dueño de la arcilla ha dicho que no pretende compartir su propia gloria con más nadie. Su obra habla de él, por lo que cuenta como una revelación fáctica; pero dado que el hombre cambió su gloria incorruptible por semejanza de animales fue necesario hacer una revelación escrita.

A los escogidos les fue dado a conocer los misterios del reino, pero a los dejados por fuera les fue negado (Mateo 13:11). Y cuando Jesús hablaba de la verdad se refirió a ella como algo que se debía conocer para ser libres del reino enemigo y de la teología equivocada (Juan 8:32). Esa verdad va referida al cuerpo de enseñanzas que él impartía junto a la multitud que se reunía a su alrededor, pero en especial a lo que decía a sus discípulos. El hecho mismo de que Jesús enseñara implica que hay asuntos necesarios de conocer. Si la salvación que vino a dar hubiese sido ajena a la doctrina enseñada, sencillamente no hubiese perdido tiempo adoctrinando a su gente. Pero en realidad lo llamaban Maestro.

Los creyentes fueron todos esclavos del pecado, pero su transformación pasó por obedecer  una forma de doctrina (Romanos 6:17). Y una de las actividades placenteras de Dios es hacer conocer las riquezas de su gloria (Romanos 9:23). ¿Y en qué consiste la vida eterna? En conocer a Dios y a Jesucristo (Juan 17:3). Hay cosas necesarias de saber, asuntos fundamentales, que los discípulos enseñaban. Por ejemplo, Juan en una de sus cartas refiere al entendimiento recibido para poder conocer que Dios es verdadero (1 Juan 5:20).

Pero si hay cosas necesarias de conocer para entender la doctrina de Dios, los incrédulos carecen de cierto conocimiento vital. Los que hacen un ídolo de un madero y le ruegan en tanto un dios que no puede salvar, no conocen (Isaías 45:20). De la misma manera hay miles y millones que desconocen los misterios del reino de los cielos (Mateo 13:11). Y todo aquel que coloca su propia justicia como válida ante Dios, presentando su celo por Él como buena obra, ignora la justicia de Dios (Romanos 10:3). De allí que el profeta Isaías haya declarado que es por el conocimiento del siervo justo de Jehová que el Señor salvaría a muchos (Isaías  53:11). Es el conocimiento de él, lo cual se traduce en fe en él. Pero para poder tener fe en algo o en alguien la gente tiene que conocer ese algo o ese alguien. De allí que la Biblia ha declarado que el que se acerca a Dios debe creer que es y que además premia al que se le acerca. Esa fe también es un regalo de Dios (Efesios 2:8), si bien no es de todos la fe (2 Tesalonicenses 3:2).

En los últimos días (los postreros tiempos) una característica particular sería la aparición de falsos Cristos y falsos maestros; asimismo, muchos se darían a las fábulas artificiosas. Nada más emblemático de nuestra época que la abundancia de la falsificación del evangelio. La mayoría de las imitaciones vienen con el mismo nombre, utilizando la misma Biblia pero con una interpretación peligrosa y tramposa. Los falsos maestros deslizan la doctrina de Jesucristo allí donde se habla de que nadie puede ir a Cristo sin que el Padre lo envíe hacia el Hijo, asegurando que el Padre envía a todo el mundo. De otra manera, agregan que Dios sería injusto juzgando a quienes jamás han tenido oportunidad de elegir.

Cuando la Biblia declara que la humanidad está muerta en delitos y pecados y no hay en ella quien busque a Dios, el otro evangelio asegura que Dios habilita por instantes a cada uno para que tome una decisión libre. Cuando la Biblia describe que los salvados fueron preordenados para vida eterna (sin que hubiesen hecho ni bien ni mal), el falso evangelio agrega que Dios conocía de antemano quienes lo aceptarían y quienes lo rechazarían. Como si Dios necesitase conocer algo que no conocía. Cuando Dios dice que no da su gloria a más nadie, los falsos maestros aseguran que tener la última palabra en cuanto a decidirse por Cristo no roba la gloria a Dios. Que cada pecador arrepentido reconoce que toda la salvación pertenece al Señor, que lo único que el hombre aporta es su decisión por Cristo, pues de otra manera el hombre sería un robot. Vemos que el otro evangelio niega una y otra vez lo que la Escritura dice, pero ellos quieren que los llamemos hermanos en Jesucristo.

Realmente la Escritura no menciona ni sugiere que Dios habilite a alguien para que decida libremente, tampoco implica que Jesucristo haya muerto en sustitución y representación por toda la humanidad. Al contrario, la Escritura asegura que la condenación no se tarda para los réprobos en cuanto a fe, para lo cual fueron también ordenados de antemano. Dice que los que no tienen su nombre escrito en el libro de la vida del Cordero desde la fundación del mundo no son salvos (Apocalipsis 13:8 y 17:8). Entonces, ¿cómo pudo Jesús representar en la cruz a esta gente condenada desde antes de la fundación del mundo?

Al contrario, la Escritura afirma que Jesús salvaría solamente a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21). Pero el Jesús que predican los falsos maestros de la expiación universal es un dios que no logra salvar a aquellos a quienes expió. Al parecer, los que anuncian este evangelio diferente no han comprendido el significado de la expiación, la representación del pecador para perdón de pecados. Pablo dijo que tales predicadores son malditos, muy a pesar de que anunciaban a su Jesús con igual nombre, en las mismas sinagogas, así hablaran de la expiación en la cruz o de las Escrituras del Antiguo Testamento. Tal Jesús era diferente, no en el nombre ni en virtud de que citasen otras Escrituras, sino porque le anexaban a su obra la obra humana. Aquellos falsos creyentes ignoraban la justicia de Dios, por lo cual proponían una justicia propia de hacer y dejar de hacer (Romanos 10:1-4).

Como lo señaló Isaías en su capítulo 53, Jesús moriría por su pueblo y salvaría a muchos (no a toda la humanidad). Lo mismo se presenta en el libro de los Hechos, que Jesús murió por nosotros, no por toda la humanidad en toda su extensión. Con todo eso Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando hubiere puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Del trabajo de su alma verá y será saciado; con su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y él llevará las iniquidades de ellos (Isaías 53:10-11). Estos muchos son los mismos por quienes puso su vida en expiación por el pecado, que no son otros sino los descritos por el ángel en Mateo1:21, los mismos por los cuales rogó la noche antes de su crucifixión -Juan 17-, los mismos que el Padre le dio (Juan 17) y aquellos que son llevados por el Padre al hijo (Juan 6:44). Son las ovejas por quienes pondría su vida (Juan 10:1-5), los que nacen de nuevo, por voluntad de Dios (Juan 3).

El creyente verdadero se gloría en el Señor que ha sido hecho por Dios sabiduría, y justificación, y santificación y redención para cada una de sus ovejas (1 Corintios1:30). En cambio, el otro Jesús del otro evangelio, el anatema pero que se parece mucho, tendrá que concluir que el trabajo conjunto entre Dios y hombre conduce a una gloria conjunta. ¿Será que esa sabiduría, justificación, santificación y redención es compartida? Con razón más del 80% de los feligreses protestantes norteamericanos creen que la expresión ayúdate que yo te ayudaré tiene base bíblica.

Con esa lógica se deduce que los que se condenan lo hacen porque no le pusieron corazón a la oportunidad brindada por su dios. Asimismo habrá que suponer que la expiación alcanzada universalmente en la cruz fue inútil en todos aquellos que ese Jesús no pudo salvar. Y si no pudo dirán que su impotencia no radica en él, pues a fin de cuentas hizo su parte, sino en los que no quisieron o no perseveraron. A los que así piensan hay que recordarles que el verdadero Jesús de la Biblia les va a decir a ellos en el día final que nunca los conoció, dado que todos los que el Padre le dio jamás los dejó perecer (nadie lo s arrebata ni de las manos suyas ni de las de su Padre). Por otro lado, como dijera Pablo, ¿quién nos separará del amor de Cristo?

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 18:30
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