Jueves, 30 de abril de 2015

Si Cristo murió por todos, entonces todos somos salvos. Dado que la Biblia habla de Judas y de Caín, como hijos del maligno, sabemos que ellos no fueron redimidos. Una gran cantidad de personajes del relato bíblico son mencionados como seres perdidos, tales como el Faraón, Simón el Mago, uno de los ladrones en el Gólgota, todos los llamados réprobos en cuanto a fe. Entonces uno se pregunta, ¿cuál es el alcance de la universalidad pregonada en torno a la muerte de Jesús?

Los que defienden la posición universal sostienen al menos una de estas dos variantes: 1) que Jesús murió por todos y al final todos serán llamados a su presencia para heredar el reino de los cielos; 2) que Jesús hizo posible la salvación para toda la humanidad, sin excepción, pero depende de cada quien aceptar y aplicar esa salvación. La primera proposición es mucho más coherente con el criterio de universalidad que la segunda. Si murió por todos sin excepción, luego todos sin excepción son salvos. La segunda variante es menos estable, pues si Jesús murió por todos sin excepción no se entiende por qué muchos que forman parte de esa totalidad se hayan perdidos en la eternidad.

Se le achaca la responsabilidad al ser humano, al decir que no quiso oír el evangelio, o no quiso aceptar lo que fue comprado para él. Pero  surge una interrogante en este escenario, lo que sucede en relación a los que jamás oyeron hablar de Jesucristo y no pudieron tener la opción de aceptar o rechazar tal oferta. El hecho de los que oyeron y no aceptaron se une al de los que no oyeron y no pudieron aceptar. ¿No escuchó el ladrón en la cruz el mensaje de salvación a través de las palabras de Jesús en su diálogo con el ladrón arrepentido?

La incoherencia de esta posición doctrinal la hace antibíblica, sin apoyo de ningún tipo en el enunciado de las Escrituras. La noche antes de la crucifixión Jesús oraba al Padre y le agradecía por los que le había dado y le daría a través de la palabra de aquellos. En esa misma oración dijo que no rogaba por el mundo, asunto que no es un supuesto sino un verosímil derivado de sus palabras. El Señor de la expiación le dijo al Padre que no rogaba por el mundo, lo que no cabe dentro de la tesis de la expiación universal. Jesús no tuvo en ningún momento la intención de morir por toda la humanidad, sin excepción.

En otros contextos, el Hijo de Dios habló de poner su vida por las ovejas, no por los cabritos. A un grupo de judíos le dijo que no podían creer en su palabra aquellos que no formaban parte de sus ovejas. Esta declaración está en consonancia con otro enunciado bíblico, que reclama para Jesús el hecho de salvar a su pueblo de sus pecados. También dijo que nadie podía ir a él, a no ser que el Padre lo llevare a la fuerza, de igual manera preguntó acerca de la razón de la ofensa de aquellos que se escandalizaron de su doctrina. Un grupo numeroso de seguidores dijeron que sus palabras eran duras de oír, cuando hablaba de la predestinación.

El objetor bíblico levantado en Romanos 9 es un claro ejemplo de la voluntad del Espíritu en decirnos que no todos están incluidos en la expiación de Jesús. En esa carta se narra acerca del plan eterno del Padre en relación con la humanidad, diciéndonos que a unos escogió para vida eterna y a otros para condenación eterna, independientemente de nuestras obras. Esta declaración le pareció muy injusta a nuestro objetor, por lo cual reclamaba que no había razón alguna para inculpar a Esaú y a sus representados, ya que nadie puede resistir la voluntad de Dios.

Hemos de concluir con esta rápida exposición de motivos que no existe ninguna expiación universal de Cristo en la cruz; más bien, existe una expiación limitada, cuyo alcance ha sido previsto desde los siglos por el Padre que amó y ama a todos sus elegidos. A los creyentes esto no nos ofende, pues no podríamos ser incluidos en el reino de Dios de no haber sido por este acto de misericordia. Con la humanidad muerta en delitos y pecados, sin uno solo que busque a Dios o que haga lo bueno, sin que haya en ella ni un solo justo, se hacía necesaria tal predestinación. La pregunta vuelve a la mente que objeta, cuando inquiere acerca de la razón por la que Dios no incluyó a todos sin excepción.

La única respuesta frente a la ausencia de expiación universal la encontramos también en las Escrituras, que Dios así lo quiso para la alabanza de la gloria de su justicia y de su poder. Así le agradó al Padre, al esconder estas cosas de los sabios y entendidos, este fue el afecto de su voluntad, el escoger a algunos para salvación desde los siglos. Ciertamente Él lo ha dicho de esta manera: A Jacob amé, más a Esaú aborrecí -antes de que hiciesen bien o mal, antes de que naciesen.

Los que creen en la expiación universal profesan un falso evangelio y los que no creen en el verdadero evangelio no son salvos (Marcos 16:16). El evangelio se define como el poder de Dios para salvación de los creyentes, el instrumento por el cual se revela la justicia de Dios por fe y para fe. Jesucristo obedeció hasta la pena de la cruz, como Cordero fiel sin reproche alguno, cumpliendo la ley y sufriendo el castigo de la ley en lugar de su pueblo. Por esta razón ha sido llamado la justicia de Dios, no la justicia de los hombres. Por esta razón Jesucristo pudo justificar al hombre ante la presencia de Dios, pero no a los hombres por los cuales no rogó la noche antes de su crucifixión.

Jesucristo es el Dios hecho hombre, el único mediador entre Dios y nosotros. Jesucristo es el justo y el justificador de los que tenemos la fe en Jesús (Romanos 3:26). De manera que existe la ley de la fe que está sobre la ley de las obras (verso 27), para que no haya jactancia alguna en ningún creyente y para que no se diga que fue por causa de nuestra sabiduría o de nuestra voluntad tenaz el aceptar a Jesucristo como salvador. Es por gracia y no por obras, dice la Escritura una y otra vez, a fin de que nadie se gloríe en su presencia.

El evangelio es la buena noticia de salvación condicionada en la persona y la obra de Jesucristo. Si usted no cree en esa persona y en esa obra particular, no es salvo. El trabajo de Jesucristo fue consumado en la cruz, acabado en forma definitiva. La ofrenda por los pecados de su pueblo fue hecha de una sola vez en virtud de su sacerdocio, de manera que no hay que repetirla nunca jamás. Tal sacerdote nos convenía sobremanera, por el problema de nuestras debilidades e impotencia espiritual. En la economía de la salvación no hay desperdicio alguno, en el plan de un Dios perfecto no hay lugar para el despilfarro. Si usted cree que hubo una expiación universal está creyendo otro evangelio, está siguiendo al otro dios, está obedeciendo a los falsos maestros y anunciando su falsa doctrina.

En la última cena del Señor con sus discípulos, él hizo referencia al nuevo pacto basado en su sangre. Dijo que entregaba su cuerpo por nosotros los creyentes, que derramaba su sangre por ese mismo grupo. Se refirió a Judas como quien le habría de entregar, a quien ya había calificado como el hijo de perdición. Por lo tanto, su expiación no pretendió nunca universalidad alguna. Si fue universal lo fue dentro de un conjunto cerrado, el de su pueblo por el cual vino a morir, el cual es su iglesia, los que somos sus amigos, sus ovejas. Jesús es el buen pastor, el que dio su vida por las ovejas (Juan 10:11, 15).

Cristo nos redimió de la maldición de la ley y quitó el pecado de muchos (Hebreos 9:28). Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero a fin de que nosotros, habiendo muerto para los pecados, vivamos para la justicia. Por sus heridas habéis sido sanados (1 Pedro 2:24). No es un asunto trivial el suponer que Jesucristo murió por todos sin excepción en la cruz, es más bien un error notorio que exhibe una interpretación torcida de las Escrituras. Jesucristo no substituyó a toda la humanidad en el madero, no expió los pecados de Judas o del Faraón, ni de aquellos cuyos nombres no están en el libro de la Vida del Cordero inmolado desde la fundación del mundo (Apocalipsis 13:8 y 17:8). Quienes creen en la expiación universal demuestran su error doctrinal y su contradicción para con las Escrituras. Ellos creen un evangelio diferente al que anunciaron Jesús, los apóstoles y los profetas.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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