Lunes, 02 de marzo de 2015

No es cosa extraña que los falsos apóstoles se muestren como ángeles de luz, de otra manera no podrían engañar a quienes va dirigido su fraude. Claro, hay un conglomerado de personas que continuará engañada por siempre, ya que pareciera ser ese su destino en este mundo. Otros, en cambio, escucharán el evangelio de salvación y actuarán como consecuencia de lo que Dios haya hecho en sus vidas. No obstante, el deber de cada creyente es predicar el evangelio para testimonio a todas las naciones, de manera que por esa vía algunos lleguen a creer.

Pero hay que tener mucho cuidado con aproximaciones eclécticas, ya que la verdad no se forma con mezcla de mentiras. No se trata de hacer una amalgama religiosa ni de personalizar la fe. Los falsos maestros enseñan que es posible encontrar medias verdades en el universo religioso del planeta. Ellos predican que todos buscan al mismo Dios pero con diferentes nombres, de acuerdo a sus culturas. Además, añaden que el Dios de la Biblia no se opone a los corazones que lo buscan con sinceridad, de manera que poco importa el nombre que le den ni el desconocimiento que de Jesucristo tengan.

Incluso hay quienes ven la misma Deidad detrás del Judaismo, del Cristianismo y del Islamismo, porque Abraham vendría a ser el padre de todos ellos. Bueno, Jesús dijo que Dios no tiene inconveniente en sacar de una piedra hijos a Abraham, pero como no es ese su propósito entonces no lo hace. Mucho menos buscaría Dios validar descendencias biológicas como garantía de dicha eterna. Por otro lado, la Biblia es categórica al especificar el grupo de los redimidos: en Isaac te será llamada descendencia (No en Abraham y no todo aquel que desciende de Isaac).

Lo que la Escritura expone es que no por ser israelita se es miembro del cuerpo de Cristo. La descendencia de Abraham o de Isaac su hijo es Jesucristo, simiente prometida en el Génesis 3:15. Los cristianos que no entienden la expiación de Jesucristo desconocen la esencia del evangelio; muchos han sostenido que se puede ser creyente aunque exista una concepción diferente en torno a la expiación. Ellos lo llaman cambio de perspectiva, un punto de vista diferente. Entonces, en lugar de haber un solo cuerpo de Cristo parecieran coexistir diversos corpúsculos, los cuales conformarían la monstruosa estructura de un Jesús de factura humana.

Si el cuerpo de Cristo no es único y no está regido por su cabeza, todos los órganos agregados lo hacen un monstruo divino. Tal divinidad proviene del paganismo y no difiere mucho de lo que la iglesia espuria ha dibujado como el deber ser de un dios. Cada una de las partes del cuerpo fragmentado reclama tener una parte de la verdad esencial, de manera que si unos hablan como los otros ambos se reagrupan en torno a la misma deidad.  La diferencia entre un grupo y otro sería un asunto de énfasis, no de principio. Más bien, como un grupo viene a ser el complemento del otro, ambos deben darse la mano para cooperar en su mutuo crecimiento hacia ese Dios que pretenden.

Es más o menos como la convergencia de diversos riachuelos que al final de su transcurrir llegarán a la mar en forma de un gran río. Pero si uno mira la Escritura encuentra advertencias por todos lados contra estas falsas doctrinas. Conviértanse ellos a ti y no tú a ellos (Jeremías 15:19), expresión que no deja espacio para la mezcla de medias verdades. No aprenderás a hacer las abominaciones de aquellas naciones, de aquellas gentes. No sea hallado en ti mago, ni exorcista, ni adivino, ni hechicero, ni encantador, ni quien pregunte a los espíritus, ni espiritista, ni quien consulte a los muertos. Porque cualquiera que hace estas cosas es una abominación a Jehová (Deuteronomio 8: 9-12).

La respuesta inmediata de muchos falsos maestros es que ellos también condenan tales prácticas. Entonces, ¿no hablan ellos la verdad? Solamente en parte, pues olvidan que los ídolos también pueden ser una construcción mental acerca de la divinidad. Ignorar la expiación de Jesucristo como el centro del evangelio es caer en la trampa de aquellos judíos que colocaban su propia justicia en lugar de la justicia de Dios, la cual es Jesucristo. Los tales eran dignos de oración para salvación (Romanos 10:1-3). Si se oraba por ellos para salvación era porque estaban perdidos, muy a pesar de su gran celo por Dios. Ellos habían pasado por alto la justicia de Dios y por ende colocaban la suya propia; así actúa todo aquel que ignora el propósito de la expiación de Jesucristo y en consecuencia coadyuva en su propia salvación.

Ante la gracia de Dios ellos colocan su fe (como si ellos la produjesen), ante el llamado de Dios ellos alegan que fueron llamados porque Dios sabía que ellos estarían dispuestos a obedecer. Ante la expiación de Jesucristo por su pueblo ellos añaden una expiación universal por toda la humanidad, sin excepción, pero que es despreciada por la mayoría. En otros términos, Dios quiere pero el hombre se le resiste; de manera que por argumento derivado ellos han querido y marcan la diferencia con los que se pierden.

De nuevo, ¿de qué le sirve la escultura al escultor? ¿De qué sirve la imagen de fundición, si es maestra de engaño para que el escultor confíe en su obra, haciendo ídolos mudos? Ay del que dice al palo: ¡Despiértate!, y a la piedra muda: ¡Levántate! ¿Podrá él enseñar? He aquí que está cubierto de oro y de plata; no hay espíritu dentro de él (Habacuc 2:18-19).

Los falsos maestros son los extraños que se llevan sus propias ovejas tras ellos, enseñando desviaciones doctrinales, errores convertidos en herejías manifiestas, razonamientos torcidos de las Escrituras. Ellos enseñan, al igual que sus similares paganos, que Dios es un Dios de amor, inclusivo, que quiere que toda la humanidad sin excepción sea salva. En consecuencia sostienen que Jesucristo murió por toda la humanidad (sin excepción), que llama a cada corazón con súplica y ruego, pero que como el Espíritu Santo es un Caballero no interrumpe el hilo conductor de la libertad humana.

La convergencia entre este dios cristiano y las esculturas de palo de Habacuc radica en que ambos son constructos humanos. Pero aquel dios no es más que una completa mentira, una abominación que la gente se lleva a su casa. Por lo tanto, cuando se ordenaba quemar las imágenes de los dioses paganos y de paso no codiciar ni el oro ni la plata que estaban sobre ellas, se hacía en base a que tal práctica implicaba una abominación ante Dios. Cuando se dijo: No meterás en tu casa ninguna cosa abominable, para que no seas anatema (maldito) juntamente con ella, se estaba refiriendo a los ídolos (Deuteronomio 7:25).

¡Ay de los que a lo malo llaman bueno; y a lo bueno, malo! Consideran las tinieblas como luz, y la luz como tinieblas. Consideran lo amargo como dulce, y lo dulce como amargo (Isaías 5:20). Como ellos, son los que los hacen y todos los que en ellos confían (Salmo 115:8). ¿Y cómo son esos ídolos? Son a imagen y semejanza de quienes los hacen, de quienes los predican. Un teólogo puede hacer un ídolo y lo reviste con algo de buena doctrina para ocultar su torcedura. Los falsos maestros han hecho a un Jesús que murió por todos, pero que no puede salvar a ninguno; han creado a un dios benigno, pero a quien el hombre lo ignora en su terquedad. Han fabricado a un Jesús todopoderoso, pero que es derrotado por la libertad humana; le cantan con salmos de la Biblia a un dios que no puede oír, que con ojos no puede ver, con boca no puede hablar.

Jesucristo dijo que sus ovejas no oyen la voz de los extraños, sino que más bien huyen de estos porque desconocen esa voz. La pregunta que se deriva es ¿cuál voz escuchas? Porque los falsos apóstoles son obreros fraudulentos disfrazados como apóstoles de Cristo. De esto no hay que maravillarse, porque Satanás se disfraza como ángel de luz, así que no es gran cosa que también sus ministros se disfracen como ministros de justificación, cuyo fin será conforme a sus obras (2 Corintios 11:13-15).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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