Martes, 16 de abril de 2013

El mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. Esas son palabras de Pablo al referirse a esa gloria que siente por la cruz de Cristo. ¿Cuál es ese mundo del que habla? El mismo al que se refirió Jesucristo la noche antes de su crucifixión: no ruego por el mundo (Juan 17: 9). Vamos a hacer una importante referencia a este mundo por el cual Jesucristo no ruega, y que es el mismo mundo crucificado en el apóstol; éste es opuesto al mundo que Dios ama, según Juan 3:16. Hay, al menos, dos categorías o referencias de la palabra mundo: una hace alusión a los amados y elegidos de Dios, y otra se destina para los rechazados por Dios, los que Él aborrece y los que jamás alcanzarán la justicia que es Cristo. También es importante recordar que el cristiano está en el mundo, pero no es del mundo. De la misma forma, todos los potenciales creyentes, las ovejas elegidas que todavía no han oído la voz del Buen Pastor, están en el mundo pero no son del mundo, si bien están bajo la ira de Dios como un día lo estuvimos los redimidos de Él.

Los que me diste no pertenecen al diablo, sino que aún a pesar de haber estado bajo la ira de Dios eran escogidos de Dios: porque tuyos son (Juan 17:9). Esa es la razón por la cual Jesucristo oró antes de morir por ellos: por los que ya habían creído en Él y por los que creeríamos por la palabra de ellos. En esta perspectiva Pablo se gloría en la cruz de Cristo, esa cruz que iría a tomar poco después de haber orado de esa manera tan particular en Getsemaní, la noche antes de ser crucificado, o de poner su vida en rescate por sus ovejas, de cumplir el cometido declarado por el ángel a José, el que salvaría a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21).

LA REGLA DE LA CRUZ

Todos los que caminan bajo la norma de gloriarse solamente en la cruz de Cristo tienen una consecuencia común: Paz y misericordia (verso 16). Pero gloriarse en esa cruz de Cristo tiene una particularidad para que produzca paz y misericordia, el hecho de que solamente uno puede gloriarse de ello y no de otra cosa. Por eso el apóstol afirmó que lejos de mí esté el gloriarme (de otra cosa); esta realidad viene expresada e impuesta por la conjunción adversativa sino, que introduce un nuevo concepto: en la cruz de Cristo. Entonces tenemos en esta cláusula descrita dos conceptos contrapuestos en sentido, conectados por la conjunción adversativa. Lejos de mí esté el gloriarme excepto (sino) en la cruz de Cristo.

De esta aseveración inferimos que existe un grupo de personas que no se glorían en la cruz de Cristo; asimismo, otros que se glorían en esa cruz pero que también se glorían en otra (s) cosa (s). La proposición del apóstol es singular, única, porque implica que solamente ha de gloriarse en esa cruz que él conoce. Cualquier otro gloriarse lo tiene lejos de él, pues al parecer no le produciría el fruto de la paz y la misericordia. El grupo que no se gloría en la cruz de Cristo es abiertamente no cristiano; en cambio, el otro grupo que se gloría en otra cosa aparte de la cruz de Cristo es altamente peligroso. Estos tampoco tienen paz ni misericordia, y en consecuencia no pueden ser llamados creyentes, pero se confunden con nosotros porque tienen ese rasgo común, el gloriarse en la cruz de Cristo. La gran diferencia es que ellos tienen otra cosa de que gloriarse, de ellos mismos. Ellos no tienen la excepción sino en la cruz de Cristo, más bien se glorían de esa cruz y le añaden el que le hayan dicho sí a Jesucristo, o que cedieron su voluntad ante Dios y le permitieron a Cristo que fuese su Señor. Pero nada más lejos del hombre que el poder agradar a Dios o ceder su voluntad, si no hay justo ni aún uno, si no hay quien busque a Dios. Sin embargo, éstos pretenden que aquel gloriarse en la cruz de Cristo de Pablo sea semejante al de ellos.

LA GRAN DIFERENCIA

Ya dijimos que los que se glorían en la cruz de Cristo tienen paz y misericordia, y llegan a tener verdadera comunión con Dios. ¿Por qué? Porque su gloria se fundamenta en el sacrificio expiatorio de Jesucristo en la cruz, saben que murió por ellos, pues han nacido de nuevo. De igual forma, conocen que así como Jesús no rogó por el mundo, tampoco murió por ese mundo por el que no rogó. Mucho menos los representó en el madero, por lo que sus pecados se mantienen activos como la gran barrera entre Dios y ellos.

Resulta muy importante examinarse a sí mismo, para saber en qué se ha creído. Son incontables los que dicen creer en el Dios de la Biblia, ellos cantan alabanzas y leen las Escrituras, asisten a las iglesias periódicamente, pero cuando son examinados en relación a la cruz de Cristo se descubre su error. Tienen de qué gloriarse, además de esa cruz: ellos también se glorían de su decisión, de su libre voluntad (libre albedrío) que pusieron al servicio del Señor. Entonces este tipo de fe es una obra de ellos que colocan a los pies de Cristo, al lado de Su sacrificio. En otras palabras, consideran incompleto el sacrificio expiatorio del Señor y le añaden su propia obra.

Urge recordar la forma en la que el Señor llamó a sus discípulos; él les decía que lo siguieran y ellos de inmediato obedecían.  Nunca alegaron voluntad expresa alguna a ese llamado, ni condicionaron su aceptación. De la misma forma el Espíritu Santo obra como tiene que obrar, y da el nuevo nacimiento a quien se lo da; no puede una persona declarada muerta en delitos y pecados llegar siquiera a imaginar el tener vida. Por eso es que la fe le viene por el oír la palabra de Cristo; cuando la persona oye esa palabra de Cristo es porque Dios le ha abierto el corazón para escuchar.

Todos los seres humanos pueden oír, en condiciones normales, la lectura de una Biblia. Pero hasta que Dios no abra el entendimiento espiritual no podrá jamás comprender la razón esencial de gloriarse solamente en la cruz de Cristo. Esto es un privilegio solamente para aquellos que Dios ha llamado porque los tiene escogidos desde antes de la fundación del mundo, no en base a nuestras obras (ni buenas ni malas), sino por el puro afecto de su voluntad y para que prevalezca la voluntad de quien elige. El que digamos sí a Cristo no es siquiera nuestra obra; si así lo fuera, entonces tendríamos de qué gloriarnos aparte de su cruz.

Cuando entendemos que la cruz de Cristo hizo posible la limpieza de nuestros pecados porque ese fue el instrumento por el cual él derramó su sangre por su pueblo, por sus ovejas, y no por el mundo, entonces nos podemos gloriar en esa cruz para obtener paz y misericordia. La única diferencia entre salvación y condenación es solamente la cruz de Cristo. Dios nunca hablará paz ni tendrá misericordia con aquellos que se glorían en la cruz de Su Hijo y algo más. No, pues así lo declaró el Espíritu por medio del apóstol Pablo. 

SINTESIS

Si yo me glorío solamente en la cruz de Cristo es porque entiendo que no puedo gloriarme en ninguna obra humana en materia de salvación. De allí que quien no traiga este evangelio no puede ser bienvenido entre nosotros, ya que eso sería ser traer otro evangelio, lo cual debe  considerarse anatema. Gloriarse solamente en la cruz de Cristo es asunto de la revelación escrita, por lo tanto es una doctrina que importa. Añadir a esa revelación o suponer siquiera que es posible gloriarse en nuestra buena voluntad para decirle sí a Jesucristo, es también una doctrina demoníaca. Todo lo que es ajeno a la Escritura y que por lo tanto busca añadirle o quitarle, proviene del pozo del abismo. Eso no trae ni paz ni misericordia, sino que no vale nada. Lo único que vale en Cristo es la nueva creación (verso 15) que no es otra cosa que el nuevo nacimiento. Pero si hemos nacido de nuevo sabemos que merece gloriarnos en la cruz de Cristo, solamente.

Que estos versos los hagamos presentes en nuestra memoria, para que nos recuerde la manera de creer: Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación. Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios (Gálatas 6:14-16).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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