Domingo, 24 de marzo de 2013

A muchos les sorprende saber quién es el autor del mal. Desde los filósofos antiguos, hasta los nuevos teólogos, una gran variedad de opiniones se han levantado tratando de espantar semejante pajarera negra en torno de la iglesia. Así han visto la sola idea de que Dios sea el autor del mal. Desde antiguo, mucho antes de Cristo, Platón expuso en su República que Dios no es el autor de todas las cosas, solamente de las buenas. En otro diálogo (Timeo) habló de un espacio caótico que Dios no puede todavía controlar. En síntesis, su tesis da a entender que existe un dualismo en esa materia y vemos a Dios como una fuerza del bien que batalla contra el mal.

Fue Agustín de Hipona -siglo IV de nuestra era- quien con habilidosas palabras dijo que el mal es la ausencia del bien, por lo tanto no podemos achacar al autor de todo bien el haber hecho el mal. En otros términos, su filosofía descansó en el hecho de que un Dios que es por naturaleza bueno no puede querer lo malo. De igual forma, si el mal no existe no tiene una causa eficiente, lo que es lo mismo, Dios no sería esa causa.  Existen las cosas buenas y el mal es metafísicamente irreal. Existen los bienes menores y los bienes mayores; cuando un hombre peca lo hace porque escoge un bien  menor o porque no escogió uno mayor, o tal vez descartó el bien. La ceguera, dice, existe como la ausencia de la visión, pero no por sí misma. El mal es para él el no escoger un alto bien, y como no existe per se, no tiene ni origen ni causa en Dios, quien hizo todas las cosas buenas.  La iglesia tomó de Agustín este criterio por siglos, y aún hoy día se place en esgrimir que el que es malo lo es por estar vacío de bien o de bondad .

Otras voces se han levantado en contra de esta tesis agustina y unas más atrevidas han querido ajustarse a lo que la Biblia enseña. Incluso hay quien dice que el mal es bueno, pues todo lo que hizo Dios es bueno, de manera que en alguna medida el mal lleva gloria a Dios, porque Él lo ha creado para castigarlo y para que comprendamos lo que es bueno.

LA PARADOJA DE EPICURO

En el siglo III a.C., Epicuro expuso una paradoja relacionada con el problema del mal. O bien Dios quiere quitar los males y es incapaz de hacerlo, o puede hacerlo pero no quiere; quizás ni quiere ni puede, o tal vez quiere y puede. Si quiere pero no puede, es débil, lo cual no concuerda con su carácter; si puede pero no quiere, es envidioso, algo que también está en desacuerdo con él; si no quiere ni puede, es tanto débil como envidioso, y por lo tanto no es Dios, pero si quiere y puede, que es lo único que resulta apropiado para Él, ¿de dónde vienen entonces los males?, o ¿por qué no los quita?

Se ha dicho que Epicuro es citado en las Escrituras, en una frase también célebre: Si como hombre batallé en Efeso contra fieras, ¿qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, porque mañana moriremos (1 Corintios 15:32). Sin embargo, esta frase ya aparece en el siglo VIII antes de Cristo, acuñada por el profeta Isaías: Y he aquí gozo y alegría, matando vacas y degollando ovejas, comiendo carne y bebiendo vino, diciendo: Comamos y bebamos, que mañana moriremos (Isaías 22:33).

De la misma forma en que Epicuro no fue el único en referir el refrán de comer y beber porque vamos a morir, Platón tampoco fue el inventor del alma, como señalan algunos apresurados intérpretes; ya Isaías el profeta, quien vivió varios siglos antes que el filósofo, también refiere al alma y al espíritu.

La idea simple de vivir y comer porque no hay resurrección fue el tema de Pablo cuando les escribió a los Corintios. El supremo bien para el creyente es resucitar y conocer al Padre, al Hijo y al Espíritu en la reunión celestial. Por eso se les condenó durante siglos, por tener esa esperanza bienaventurada, de la cual daban fe los apóstoles que presenciaron la tumba vacía de Cristo y a él cuando se les apareció. Pero para un ateo esto es locura, mas la paradoja de Epicuro es de gran sabiduría, quien además enseñó que no había Dios que nos recibiera después de la muerte, que somos átomos que se descomponen y se incorporan a otras entidades físicas al desintegrarse nuestro cuerpo.

BASES BIBLICAS

Dios dice en Isaías 46:10, Mi designio se cumplirá y haré todo mi deseo. Por otro lado, la voluntad del hombre es esclava al pecado o a la justicia: Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados;  y habiendo sido libertados del pecado, fuisteis hechos siervos de la justicia (Romanos 6:17-18). De manera que la premisa fundamental de la Biblia es que Dios es soberano absoluto y el hombre un esclavo de lo que Él ha decidido. El objetor se levanta y reclama que sin capacidad moral no puede haber responsabilidad moral, pero esa ilusión dura poco al leer en Romanos 8:7:  porque la manera de pensar de la carne es enemistad contra Dios, pues no se sujeta a la Ley de Dios, porque tampoco puede.  

UN DIOS ACTIVO

(Yo) que desde el principio anuncio el fin, y desde antiguo cosas que no estaban hechas, que digo: Mi designio se cumplirá y haré todo mi deseo (Isaías 46:10). ¿Acaso no se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. (Mateo 10:29).  ¡Cuán bienaventurado es aquél a quien Tú escoges, y haces que se acerque a ti para que more en tus atrios! Seremos saciados del bien de tu Casa, de tu santo Templo.  (Salmo 65:4). Todas las cosas las hizo Jehová para Sí mismo, aún al impío para el día malo. (Proverbios 16:4); El corazón del hombre traza su camino, pero Jehová establece sus pasos (Proverbios 16:9);  ¿Se tocará la trompeta en la ciudad, y no se alborotará el pueblo? ¿Habrá algún mal en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho? (Amós 3:6); ¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? ¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno? (Lamentaciones 3:37-38); Ahora, pues, habla luego a todo hombre de Judá y a los moradores de Jerusalén, diciendo: Así ha dicho Jehová: He aquí que yo dispongo mal contra vosotros, y trazo contra vosotros designios; conviértase ahora cada uno de su mal camino, y mejore sus caminos y sus obras (Jeremías 18:11). Hasta nuestros días están prefijados, les han sido prefijados límites (Job 14:5); pero si alguno se cree gran cosa, observe la apreciación de Dios respecto a sus criaturas humanas: Y todos los moradores de la tierra son considerados como nada, y Él hace según su voluntad en el ejército de los cielos y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, ni quien le diga: ¿qué haces? (Daniel 4:35). Porque Dios es el que produce en vosotros tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad (Filipenses 2:13). Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto (Isaías 45: 5-7).

El mayor acto de maldad moral e injusticia en la historia de la humanidad fue concebido y realizado al detalle por Dios. Sí, quiso Jehová quebrantar a su Hijo y someterlo a padecimiento (Isaías 53:10). Por eso, Pedro y Juan dijeron: Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilatos, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera (Hechos 4:27-28). De manera que Dios decretó y causó la muerte de Su Hijo el Cristo para la redención de los elegidos; de la misma forma causa el mal para su propia gloria. Endureció a Faraón para mostrar su poder y para que Su Nombre sea glorificado en toda la tierra (Éxodo 14:4); y para hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria (Romanos 9: 22-23).

UN ULTIMO EJEMPLO

Recordemos el censo de Israel hecho por David. El libro de Samuel nos relata que todo fue por causa de haberse encendido la ira de Jehová contra Israel, por lo cual incitó a David contra ellos para que ordenara hacer un censo de Israel y Judá (2 Samuel 24:1); pero en 1 Crónicas 21:1 leemos que fue Satanás quien se levantó contra Israel, e incitó a David a hacer un censo de Israel. Estos dos libros hacen referencia al mismo incidente, pero lo que se lee conclusivamente es que Dios decretó el pecado de David al realizar el censo, pero hizo que Satanás realizara la tentación -pues Dios no tienta a nadie ni puede ser tentado. Como resultado final David tuvo remordimiento en el corazón y confesó su grave pecado, diciéndole al Señor que había obrado neciamente.

HACIA LA SINTESIS

Con esta abrumadora prueba bíblica se tiene suficiente material para llegar a una síntesis en cuanto al autor del mal. Sabemos que existen muchos otros textos que confirman lo ya expuesto -como los que adorarán a la bestia porque sus nombres no están escritos en el libro de la Vida desde antes de la fundación del mundo (Apocalipsis 13:8 y 17:8)- pero conviene con lo dicho afirmar esta gran conclusión: que aquellos que manifiestan prurito en asumir que Dios decretó el mal encuentran que existe algo malo en Dios al decretarlo. Estos suponen implícitamente que existe una norma moral que va más allá del mismo Dios por la cual juzgarlo. Con esto se vuelve a caer en el pecado de la dualidad, al suponer que Dios por ser bueno lucha en contra de otro dios que es malo. Pero nosotros sabemos por la exposición de Las Escrituras que no hay otro estándar superior a Dios; Él mismo ha asumido en Su revelación lo que ha hecho y ha afirmado que no hay quien detenga su mano ni quien le diga qué haces.

¿Cómo podemos juzgar a Dios si no es por sus dichos y por sus actos? No es sano llevar a un terreno extraño sus dictámenes y ejecuciones, cuando Él es Su propio modelo o estándar. Mis criterios subjetivos (por más que intente objetivarlos) jamás podrán ser la pauta indicada para juzgar los hechos de Dios. Pero en el caso de hacerlo, todavía resalta la pregunta formulada al objetor: ¿Y quién eres tú, oh hombre, para que alterques con Dios? ¿Podrá la olla de barro decirle a su alfarero por qué me has hecho así? Esa es la respuesta del Espíritu a la máxima objeción humana en relación a la injusticia de Dios, pues inculpa sin que nadie pueda poner resistencia a Su voluntad. El dios percibido por Epicuro y sus seguidores de hoy puede ser tratado en el terreno de la lógica epicúrea, pero el Dios de la Biblia es Dios eternamente y para siempre y Él le ha dicho a Epicuro: para esto mismo te he levantado a ti, para hacer notorio mi poder. Le ha respondido con las mismas palabras dichas a Faraón. ¿Ante quién va Dios a rendir cuentas? ¿Acaso hay otro Dios semejante al Altísimo? Haciéndole la promesa a Abraham no tuvo otro nombre más grande por quien jurar, tuvo que jurar por Sí mismo (Hebreos 6:13).

Antes de disputar con Él es conveniente leer y escudriñar los textos exhibidos y los que dejamos de lado en la misma Escritura, para conocer de quién estamos hablando. Tal vez éste sea otro Dios distinto al dios que se nos ha enseñado en las iglesias, cada vez más parecidas a las sinagogas de Satanás; pero fuera de ese Dios no hay quien salve ni quien de su mano libre. ¿Habremos de condenar a Dios para justificarnos? ¡Oh profundidad de las riquezas, de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos! Pues ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a Él primero, para que le sea recompensado? Porque de Él, por Él y en Él, son todas las cosas. ¡A Él sea la gloria por siempre! Amén.  (Romanos 11:33-36).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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