Domingo, 10 de marzo de 2013

Es muy importante notar que la Biblia hace referencia a los tiranos como seres que afligen al pueblo de Dios y quitan el derecho de los afligidos. Dios trastorna a los poderosos, pero lo hace en su tiempo y de acuerdo a sus propósitos. Uno puede recordar el caso del Faraón y su arrogancia, cuando preguntaba quién era el gran Yo Soy para dejar ir al pueblo esclavo que tenía sometido. A Herodes Jesús lo llamó zorra, dando a entender con esa frase que era un don nadie.

El joven rico de la parábola es un ejemplo singular de quien se apega a las riquezas y a todas aquellas prebendas que se logran con ellas, en especial el poder. El dinero compra dominio, seduce a los fuertes y deslumbra a los débiles. El amor a las riquezas es la raíz de todos los males, dijo un apóstol, advirtiendo del gran peligro que hay en merodearlas. Y es que existe una relación estrecha entre el dinero y la tiranía, ya que el tirano es aquel que se aferra al gobierno de un Estado sin que medie justicia y con desapego al derecho, para lo cual se adueña del erario público.

Generalmente, el tirano (una forma provincial para designar Señor o soberano) es también un déspota, alguien que controla el estado de derecho a su conveniencia, quien también puede generar la ilusión de respetarlo apegándose a la letra de la ley pero con una cohorte de intérpretes que le adulan. Las cosas del Estado pertenecen al tirano, ya que ostenta tal poder que solo él puede decidir sobre ellas; el posee y dispone, pero no solamente sobre los objetos, en ocasiones lo hace sobre las personas.

También parece natural que el tirano vuelque su lengua contra las potestades celestes, como el caso típico del Anticristo, quien hablará grandes cosas contra Dios y se opondrá a todo lo que tenga que ver con Él. La razón descansa en que el déspota no conoce límites para su poder, y si los conoce maneja muy bien el umbral de su potestad para castigar sin piedad al más débil, si bien se cuida demagógicamente al generar una opinión pública de benevolencia hacia otros. Normalmente, todo aquel que adula al tirano recibe indulgencia por parte del mandatario. Esta adulación puede estar manifestada de diferentes maneras; los vítores de viva el rey o el presidente, la inscripción en su partido único, la asunción de que los hechos normales de la cotidianidad se deben a la intervención voluntaria del jefe del Estado.

El espacio que separa los actos socio políticos del tirano con los aspectos religiosos del pueblo que se le somete es apenas una franja muy indivisa. Casi siempre se le ve como a un señor, un Mesías que ha sido enviado a sacrificarse en la sabia conducción de su pueblo. Y es que el tirano construye enemigos oportunos para enjuiciar en forma pública el bochorno político que se le presente; con sus discursos los castiga, aunque también lleva a la cárcel en forma emblemática a ciertas personas escogidas para mostrar sus juicios y para deleite de las masas.

La Biblia habla del primer tirano sobre la tierra, un prototipo del último que vendrá. Nimrod era un poderoso cazador delante de Jehová. La expresión delante de puede ser interpretada como enfrente de, en contra de; de manera que ese gran constructor de la primera gigantesca ciudad mencionada en el libro del Génesis fue un líder de los que siguieron el camino de rebeldía contra el Dios del cielo. El último tirano, el Anticristo, recibirá los honores de los moradores de la tierra, quienes correrán presurosos a colocarse en sus cuerpos una marca de pertenencia, en señal de sumisión a su tiranía. Este hará un gobierno absolutista eliminando todo aquello que tenga referencia a Dios, tanto que se creerá él mismo Dios. Pero entre Nimrod y el Anticristo ha habido un sinnúmero de tiranos en el mundo. Muchos han querido imponerse a los sistemas jurídicos y colocarlos a sus servicios; otros lo han violentado de tal forma que han creado guerras mundiales. Pero hay algunos muy sutiles, que con dádivas del dinero que roban del Estado colocan bozales de alimento en sus seguidores para que silencien cualquier acto de terror que pueda denunciarse. Estos siervos voluntarios también se han colocado una marca, como aquella que se menciona en el libro de Apocalipsis, solamente que es un prototipo de señal no necesariamente tatuada al cuerpo. Estos estigmas o señales pueden ser adornos, ropa, saludos, gritos que identifican al grupo de fieles convertidos en los religiosos del régimen. No podría ser de otra manera, porque la religión viene de religo - religare, lo cual quiere decir unir, unificar, ligar; se ha cambiado la Biblia por algún libro de un color particular, el paletó o la corbata por gorra y franela del color que identifica al grupo. La parafernalia que representa al colectivo es variada pero repetida: el conjunto de usos habituales en determinados actos o ceremonias, y de objetos que en ellos se emplean.

PARAFERNALIA Y TIRANIA

Parafernalia proviene del griego, para (al lado de) y ferné (dote matrimonial). Tal vez la presuntuosa ornamentación que conlleva la entrega de la dote por parte del padre de la novia ha permitido que este vocablo tome otro giro hoy día. La antes dote griega cambió a la idea de objetos utilizados para un acto específico. Existe una parafernalia religiosa cristiana, si miramos la copa o cáliz, el vino y el pan, el himnario y la Biblia, los adornos en el templo, etc. Existe también una parafernalia militar si nos enfocamos en sus saludos jerárquicos, en sus diferentes tipos de armas, uniformes y marchas. Por eso también hablamos de la parafernalia de la tiranía, en donde se establece el ritual de una dote o entrega matrimonial por parte de los adeptos al Mesías-tirano. Puños contra la mano, vocería repetitiva, colores elegidos, incluso utilización de vehículos característicos (las motos como símbolo de libertad, el caballo de dos ruedas).

Cuando muere un tirano, también la forma de llorarlo suele manifestar una parafernalia instaurada en el grupo afecto al déspota. Hay regiones en el mundo donde contratan plañideros (hombres y mujeres que lloran); pero a veces se llora sin contrato, en forma espontánea, aunque siguiendo por vía inconsciente un patrón de conducta motivado por los medios de comunicación social. Pero la Biblia también ha dicho que por apartar del juicio a los pobres, y por quitar el derecho a los afligidos del pueblo de Dios, ¿quién podrá ayudar al tirano? ¿Dónde quedará su gloria? (Isaías 10).

Uno de los libros más antiguos de la Biblia nos ha dicho que Dios suelta la atadura de los tiranos, despoja a los príncipes y trastorna a los poderosos (Job 12: 18-19). Tal vez muchos nos preguntemos por qué tarda tanto en eliminarlos, pero más allá de nuestro afán existe un propósito divino en el tiempo de las ejecuciones. Lo que sí parece ser bastante explícito es que Dios en su soberanía lo hace, por lo cual muchos lo maldicen cuando deja como una momia inflada de bálsamo la figura corpórea de aquél que luchaba contra Dios. La muerte física es uno de los tantos castigos que se ven en primer lugar, mas por fe entendemos que después de ella viene el juicio y la condenación eterna, donde no habrá gloria ni música, solo el lloro y el crujir de dientes del tirano junto a sus compañeros.

Dice el libro de Job que Dios quita el seso de las cabezas del pueblo de la tierra y les hace que se pierdan vagando sin camino (Job 12:24). Pablo dijo que Dios  envía un poder engañoso para que crean a la mentira y sean condenados, a todos aquellos que se resistieron a la verdad y no la quisieron creer. ¡Ay de los que tuercen las leyes! ¡Ay de los que prefieren tener en consideración a las personas antes que al derecho, para favorecer las decisiones que benefician la tiranía! ¡Ay de aquellos que se dejan sobornar hasta por un bocado de pan!  Los que hacen pecar al hombre en palabra; los que arman lazo al que reprendía en la puerta, y pervierten la causa del justo con vanidad (Isaías 29:11); No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo (Levítico 19:15);   Amós, el profeta campesino, denuncia en nombre de Dios la realidad judicial de su época. ¡Ay de ustedes, que transforman las leyes en algo tan amargo como el ajenjo y tiran por el suelo la justicia! Ustedes odian al que defiende lo justo en el tribunal y aborrecen a todo el que dice la verdad (Amós 5:10 ); Yo sé que son muchos sus crímenes y enormes sus pecados, opresores de la gente buena, que exigen dinero anticipado y hacen perder su juicio al pobre en los tribunales (Amós 5: 12); ¿Galopan por las rocas los caballos o se ara el mar con bueyes, para que ustedes cambien en veneno el derecho o en ajenjo las sentencias del tribunal? (Amós 6: 13 ). El profeta Miqueas lamenta lo que sucede en su sociedad: Para completar la maldad con sus manos, el príncipe (tirano) demanda, y el juez juzga por recompensa; y el grande habla el antojo de su alma, y lo confirman. El mejor de ellos es como el espino; el más recto, como zarzal; el día de tu castigo viene, el que anunciaron tus atalayas; ahora será su confusión (Miqueas 7:3-4).

La tiranía es la forma de gobierno en la que el gobernante ejerce un poder total o absoluto, sin limitación legal, porque los ha obtenido normalmente por medios ilícitos. Se hace una primera trampa que conduce a la conquista de una cabeza de playa, después los soldados retóricos del régimen continúan alegando derechos y sobornando jueces. Más adelante el gobierno se convierte en pan comido, al servicio del absolutismo despiadado. El barniz jurídico adereza la opinión pública y los intérpretes del tirano reciben los beneficios que el momento histórico otorga. Las más de las veces estas benevolencias son dádivas económicas que conservan bajo llave en la banca internacional. Poco a poco, pero en forma segura, se va construyendo el abuso de poder en el trato con los demás, con un dominio excesivo sobre la voluntad de la persona. En este momento es posible hablar de la tiranía de las pasiones. La tiranía antigua era violenta y excesiva, pero la que impone la democracia es mucho más sutil. El poder de la mayoría traza un círculo en torno al pensamiento que refrena la expresión del otro, de la minoría. Una frase mitológica la mayoría tiene la razón es una falacia desde la perspectiva aristotélica. Está recogida como la falacia ad populum, y eso hace correr el riesgo de opinar contra corriente. Cuando el tirano se da cuenta del poder que tiene el arma de la democracia en sus manos se cree invencible.  

Cuando un Estado se socava por la mediación de un gobernante tirano (aunque tenga el disfraz de la piel de oveja), todo el hilo democrático es manejado en una misma rueca, por los hilanderos del poder. Solo nos queda la denuncia y el clamor, porque para el creyente Dios todavía oye y responde. Finalicemos con esta cita de Job, como clara advertencia a todos los amantes de la tiranía:  ¿Acaso pervertirá Dios el derecho, o el Todopoderoso pervertirá la justicia? (Job 8:3).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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