miércoles, 10 de agosto de 2011

Esta es una de las siete palabras de Jesús en la cruz. Con ella quiso decir que su obra había acabado. Las primeras palabras de Jesús, registradas en la Biblia, se recogen en apenas una frase, una oración gramatical dicha en sus primeros 29 años de vida. Lucas 2: 29 las expone: ¿No sabíais que yo debo estar en los asuntos de mi Padre? Sus últimas frases fueron siete, como símbolo de la perfección, todas relacionadas con su obra final. Mateo y Marcos mencionan solamente una, conocida como la cuarta palabra. Lucas relata tres, la primera, segunda y séptima, pero Juan recoge las tres restantes, la tercera, quinta y sexta. Sin embargo, el orden de las mismas no es necesariamente el que la tradición ha asignado. No obstante, lo cierto es que fueron esas siete frases referidas con los asuntos del Padre, lo que él había venido a cumplir.

El verbo griego que usa es teléo, en una forma de perfecto pasivo: τετέλεσμαι. La forma empleada fue: tetélestai, indicando que su tarea para la cual había venido estaba cumplida. El Señor ya había usado esa forma verbal en su oración mostrada en Juan 17: Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Era costumbre entre los pastores en Israel usar esta frase tetelestai cuando querían referirse a las ovejas perfectas para sus sacrificios, de manera que al Jesús decir esta palabra el Padre mostraba que había provisto la oveja perfecta para el holocausto. Ya Juan el Bautista lo había presentado como el Cordero de Dios (Juan 1: 29).

Con el tetelestai se cumplió el proto-evangelio del Génesis, cuando Dios anunció la enemistad entre la serpiente y la simiente de la mujer, pues Satanás fue herido en la cabeza (Génesis 3: 15). Pero con esta palabra todo quedó hecho, pues no tenemos que continuar con los sacrificios judíos que se hicieron por más de cuatrocientos años. Con la tradición no hay que poner atención a la palabra revelada de Dios, simplemente seguir lo que otros hicieron. De esa forma muchos suponen que Jesús murió por cada uno de los habitantes del planeta, de manera que su Consumado es supone que como yo creo así, pues de esa forma fui enseñado, entonces ha de continuar de esa manera. Así enseña la tradición, pero así no enseña la Biblia.

Precisamente tetelestai implica que la tarea específica de Jesús fue cumplida absolutamente. El vino a salvar a su pueblo (Mateo 1: 21), pero sabemos que no todos los israelitas creyeron ni creen en él. El vino a poner su vida en rescate por muchos (Isaías 53: 11), lo cual quedó satisfecho en la cruz. Jesús dijo un día que él atraería a todos a sí mismo, pero eso no suponía que se refería a cada miembro de la raza humana. De manera que no siempre que vemos el vocablo todo en la  Biblia tiene significado distributivo, sino más bien colectivo. Por eso entendemos que el Consumado es proclamado en la cruz hace referencia a las ovejas escogidas, judíos y gentiles, de todo el planeta a través de la historia humana. De esta forma prevalece el todo armónico de las Escrituras, manteniendo el propósito de la elección por el que elige, y no por las obras (Romanos 9).

El Cristo que proclamamos no es popular, por lo cual seguimos siendo voces clamando en el desierto, semejantes a Juan el Bautista. Continuamos clamando con Isaías: ¿quién ha creído a nuestro anuncio?, o con Elías: solamente yo he quedado. Pero el Señor reafirma esta tesis cuando nos dice: no temáis manada pequeña, porque consumado es. El habló de puerta estrecha y camino angosto. En su palabra se revela que solamente el remanente será salvo. A muchos les molesta o les repugna esta forma de presentar el evangelio de salvación, y eso se puede entender. Solamente será posible aceptarlo y disfrutarlo cuando el Padre haya cambiado el corazón de piedra por uno de carne. Esa es la única manera de aceptar este evangelio de la gracia sola. El otro evangelio es el de la puerta ancha y el camino amplio, el que toma en cuenta la razón de las mayorías. Ese evangelio popular es más vistoso, sincrético, y muestra a un Cristo sufriente que está clamando por la humanidad para salvarla. La humanidad no quiere ir a él, pero él insiste. Por supuesto, ese Cristo se pasará la eternidad sufriendo por su fracaso, preocupado por los que quiso salvar y no quisieron ir a él. Ese Cristo sufrirá la amargura de verse derrotado por las fuerzas del mal que dominan al hombre, y previendo su dolor abarata su evangelio con un programa de ofertas que lo hacen atractivo.

Los seguidores de ese otro Cristo han llegado a proponer que aceptemos el reto por 60 días, como cuando uno prueba un software y si no le gusta lo devuelve y uno recupera el dinero del trato. Hay un desespero en los predicadores salvadores de almas, porque anhelan ganar comisiones en la vida eterna. Pretenden redimir a las masas y para ello copian modelos de la oferta y demanda de los mercados. El Jesús de la Biblia es muy diferente, pues solamente vino a salvar lo que se había perdido. Si Jesús vino a salvar a todos los perdidos ciertamente los salvó, pues dijo Consumado es. No fue un trabajo potencial sino actual. No se trata de posibilidades sino de realidades. Veamos lo que significa esta palabra dicha en el momento de su muerte:

1- Fue el sacrificio final por los pecados (ya no más sangre de animales que significaban un modelo de lo que había de venir). ¿Por qué tanta sangre? Porque la paga del pecado es muerte, y como el pecado es grande, grande también es su paga. En la misericordia de Dios, se propuso una muerte sustitutiva. En lugar de que las personas murieran por sus pecados, permitió que los animales fueran los sustitutos de su muerte. Pero esto lo hizo bajo la ley de Moisés para un pueblo específico, no para el resto de los pueblos de ese entonces. Este sistema sustitutorio duró por alrededor de 400 años, hasta que Cristo dictaminó Consumado es. Juan el Bautista fue un testigo del sustituto que vendría, cuando declaró: he aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Ya sabemos a cuál mundo se refería, a cuál pecado y por quiénes moría Jesús como sustituto. Si suponemos que fue por todo el mundo sin excepción, entonces la salvación es universal y no hay condenación, por lo que Cristo sería un mentiroso por haber hablado del infierno como ningún otro en el Nuevo Testamento. Hebreos 9: 24- 26 dice que Cristo entró en el santuario para presentarse por nosotros ante Dios, una sola vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. Y esto no para ofrecerse muchas veces, sino como un sacrificio final, pues habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios (Hebreos 10: 11- 12). Por eso Consumado es.

2- Jesús es la propiciación por nuestros pecados. Dios no miró para otro lugar de manera de pasar por alto nuestras faltas, sino que propició el sacrificio para aplacar su ira. En su inconmensurable visión pudo ver todas las variables para aplacar su terrible castigo, pero no encontró otra que Jesucristo como nuestra propiciación. Ha podido hacer un decreto diferente, sin embargo prefirió a su Hijo, pues era la única manera dentro de sus planes eternos e inmutables de propiciar el pago y rescate por su pueblo, y quedar satisfecho. Con esa propiciación aplacó su ira hacia nosotros, los creyentes que somos su pueblo, pues no nos ha puesto Dios para ira, como dijo Pablo. Propiciar en la teología bíblica es apaciguar la ira de Dios. Y él es la propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros sino por los de todo el mundo (1 Juan 2:2). Si entendemos bien lo que significa el término propiciación, sabremos que Cristo no es la propiciación de cada miembro de la raza humana, pues si él apaciguó la ira de Dios por todos distributivamente, entonces toda la humanidad es salva. Sabemos el contexto del apóstol Juan, que escribía para los judíos y quiso incluir a los gentiles en esta frase. Sabemos también que el otro contexto posible es que escribía para los amados de la iglesia y quiso incluir con el todo el mundo al resto de los creyentes. Pero el mismo apóstol, en la misma carta, un poco más adelante lo especifica. Y sabemos que somos de Dios, y que el mundo entero está bajo el maligno (1 Juan 5: 19).  El sujeto tácito nosotros es un grupo diferente de el mundo entero, por lo cual no puede incluirse en ese mundo entero a la iglesia, o al nosotros somos de Dios. Pero un poco antes, el apóstol escribió: En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados (1 Juan 4: 10). ¿Hizo lo mismo por el mundo, por el cual él no rogó? (Juan 17: 9).

3-  Cristo redimió a pecadores caídos. La palabra redención significa comprar para liberar. Cristo redimió a su pueblo que era esclavo del pecado, pues todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado (Juan 8: 34). El pagó un precio por su pueblo, pues fuimos justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención (la compra de esclavos para liberar) que es en Cristo Jesús (Romanos 3: 24).

4- La medida a pagar, el precio exigido fue pagado. Para comprar hay que pagar un precio, por lo que si Jesús pagó un precio entonces compró específicamente el objeto de su pago. Esa compra no fue otra que el pueblo dado por su Padre, por los cuales había pedido en su oración recogida en Juan 17. Ciertamente Cristo no compró el mundo, pues no rogó por el mundo (Juan 17: 9), sino que pidió que fuésemos guardados del mundo que nos aborrece porque no formamos parte de él, y no somos de él (Juan 17: 9-16). Cristo fue el precio para la redención de su pueblo, y por eso pudo decir Consumado es, pues él vino para servir y para dar su vida en rescate por muchos (Mateo 20: 28). Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo (1 Timoteo 2: 5-6).

5- Cristo en la cruz hizo la reconciliación entre Dios y los hombres. Sin embargo al final de los tiempos dirá apartaos de mí, nunca os conocí. Ese Cristo de la reconciliación no reconoce a un grupo de personas que hicieron milagros y señales en su nombre, que anunciaron su palabra en su nombre y echaron fuera demonios. Ese desconocer no se refiere a desconocimiento intelectual o racional, simplemente hace referencia a que no tuvo comunión con ellos. No eran de sus amados, no le fueron entregados por el Padre, no pertenecían al grupo por los cuales rogó (Juan 17), sino que eran los del mundo por los cuales no rogó (Juan 17: 9). Por eso no puede haber contradicción entre las palabras dichas por Jesús en Mateo 20: 28 y las de Pablo en su primera carta a Timoteo 2: 5-6. Los muchos de Jesús son los todos de Pablo (reyes, en eminencia, hombres en general: categorías de hombres).  El contexto de 1 Timoteo 2 es acerca de la prédica a todos los que están en posición de autoridad. Incluso aquellos que perseguían a la iglesia, pues ellos eran los que estaban en autoridad y hacían tales cosas. Era propio de los esclavos orar por los esclavos, era propio de la clase socioeconómica deprimida interceder y predicar el evangelio a los pobres, pero también les era necesario anunciar la salvación a los poderosos, pues era la voluntad de Dios el hacer tal cosa. De la misma forma, así como los profetas habían anunciado que el Mesías sería sepultado con los ricos, ahora el apóstol pide a Timoteo que la voluntad de Dios es que aún dentro de esta categoría de personas haya gente salva. Por supuesto que serán salvos los que Dios haya elegido para tal propósito, pero como siempre el fin no niega los medios. Ahora, estos todos no implica a cada miembro de la raza humana en forma distributiva, sino que es antes que nada un todo colectivo.  La Biblia no se contradice, por lo tanto no podemos imaginar a un Dios fracasado que quiso la salvación de cada individuo de la humanidad pero se vio impedido de hacerlo. Eso creen muchos, pero son los que creen en otro tipo de evangelio. Hebreos 9 muestra a un Jesucristo con una redención actual, no potencial, intercediendo por nosotros (los creyentes, sus ovejas). No intercede por el resto de la humanidad, como una actividad potencial, porque el Consumado es implica que su obra salvífica acabó, pues pagó el precio por los que iba a redimir. Ahora todos los que habrán de creer él los añadirá a la iglesia, y creerán por la palabra predicada, por la locura de la predicación, no por un acto ex machina de Dios, sino dentro del proceso histórico de la predicación de este evangelio. En Juan 12:32 Jesús les dice a sus discípulos que si el fuere levantado de la tierra (resucitado) a todos atraeré a mí mismo. ¿No se habrá de tener en cuenta el contexto en que fue dicha frase? De la misma manera que no implica a toda la humanidad, lo cual sería un absurdo respecto a sus enseñanzas acerca del infierno eterno, del hijo de perdición, de los réprobos en cuanto a fe, de los nunca os conocí, de los cabritos, así mismo el todos los hombres de Pablo a Timoteo tiene su contexto.

6-  Cristo nos justificó en la cruz, por lo cual Jesucristo aboga por nosotros. Si Satanás nos acusa día y noche, entonces Jesucristo nos defiende día y noche ante el Padre. ¿Cómo es eso posible? Simplemente porque Consumado es implica que todo está pagado para nosotros y que ya hemos sido justificados, por lo cual cada acusación hecha por acusador se estrella contra la cruz de Cristo, donde fue clavada el acta de nuestros decretos que nos era contraria (Colosenses). ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun ... el que también intercede por nosotros (Romanos 8: 33 - 34).

7- Estamos santificados, en el sentido literal del término, separados del mundo para Dios. Hemos llegado a ser utensilios útiles, esto es, santos.  Y esto se consumó en la cruz, pero se hizo desde la eternidad, cuando se nos bendijo con toda bendición en los lugares celestiales en Cristo, y se nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, se nos predestinó en amor, para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, con el objeto de la alabanza de la gloria de su gracia que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad (Efesios 1: 3 -12). ¿Fue esta predestinación fundamentada en nuestras obras, o en el pre conocimiento de Dios, porque Él vio que íbamos a escogerle a Él?  En ninguna manera, pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama ... Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí ... De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece (Romanos 9: 11 -18).

César Paredes

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