domingo, 15 de agosto de 2010

Ciertas cosas en la Biblia no encuentran explicación alguna en la historia, excepto que se considere a Dios como el Autor Primario de todo cuanto existe. Por ejemplo, el considerar a la Biblia como la Palabra de Dios no es un asunto de la historia, sino de la teología.  La relación inter-testamentaria es otro sujeto teológico que exige trabajo hermenéutico.  La sola interpretación histórica y gramatical de los libros sagrados necesita un nuevo eslabón en la cadena interpretativa del texto escrito, pues en este caso se requiere de la disciplina teológica.  Pero la teología cristiana, como estudio sistemático y racional de la religión cristiana, da cuenta del creer religioso y de las enseñanzas de ese Dios que la Escritura presenta. Acá entramos en una esfera perteneciente al campo de la fe. Solamente se asume que es por fe que podemos agradar a Dios, y solamente la fe puede permitirse el lujo de la disquisición teológica como una verdad trascendente para la humanidad. Por algo se dice que no es de todos la fe y que la fe es un don de Dios.

En este círculo la gramática junto a la historia ayudan enormemente en el andamiaje teológico. Los eventos humanos y de la naturaleza son cadenas de acontecimientos que corroboran la palabra revelada.  Este mecanismo esférico nos lleva a un Dios que es el mejor intérprete de su palabra.  Junto a la razón, la fe se hace necesaria. Creemos que tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento constituyen partes esenciales de la revelación divina, cuyo mensaje general es Cristo-céntrico. Dice Berkhof que Así como el Nuevo Testamento se halla implícito en el Antiguo, el Antiguo se halla explícito en el Nuevo (Berkhof, Louis. Interpretación Bíblica, 2005. Publicado por LIBROS DESAFIO 2850 Kalamazoo Ave. SE Grand Rapids, Michigan 49560 EE.UU.).

Aparte de Jesucristo, como sujeto anunciado desde el Antiguo Testamento, la redención es el objeto subyacente implícito y explícito desde Génesis hasta Apocalipsis.  Con ella se teje la gran unidad bíblica.  Cada rito y ceremonia del viejo pacto es mucho más que formalidad externa, es también un símbolo de alguna verdad espiritual. El sacrificio de los corderos y palominos, los holocaustos presentados ante Jehová, constituyen la asociación representativa del perdón de pecados, a través de la sangre de Cristo.  La tierra de Canaán presupone el mensaje codificado del reposo de Dios para su pueblo: es la tierra prometida que fluye leche y miel.  En esa tierra Israel tiene sus enemigos a los cuales se conquistan, de manera que al cruzar el Jordán se tome posesión de la promesa divina. Sin embargo, el Nuevo Testamento nos aclara que esa guerra es ante todo espiritual, y que nuestras armas de combate no son las convencionales, sino la oración, la Escritura y el Espíritu de Dios. Si antes se hablaba de gigantes, de los cuales Goliath era un prototipo, ahora se trata de los colosos del miedo, de la amargura y el odio, representados en las fuerzas espirituales de maldad, que pueblan las regiones celestes. Pero los israelitas, en medio de sus tradiciones religiosas, tenían también el sentido simbólico de lo que sus ceremonias implicaban.  El profeta Isaías en capítulo 1 verso 16 dice: Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo. Sabemos que el lavatorio era el receptáculo de cobre utilizado en el servicio del patio del templo, en el cual los sacerdotes tomaban el agua y la vertían sobre sus manos y sus pies.  El profeta habla de limpiarse y de lavarse.  David también escribió sobre la misma idea: Lavaré en inocencia mis manos, y así andaré alrededor de tu altar, oh Jehová (Salmo 26:6).

Existe otra relación importante entre los dos pactos. La salvación en ambos es a partir de la gracia, y se entiende que no se trata de un mero ritual en ninguno de los dos Testamentos.  El mismo David dice en el Salmo 37, verso 31, lo siguiente: La ley de su Dios está en su corazón; por tanto, sus pies no resbalarán.  El mismo Mediador entre Dios y los hombres lo era tanto para los antiguos como para los contemporáneos elegidos.  Son las formas de ambos pactos las que varían, mas no el fondo que hay en ellos. La purificación de la carne en el Antiguo Testamento, no hubiera conducido a nada a no ser que ella conllevara una simbología de algo distinto a lo que hacían.  Esos sacrificios para que fuesen aceptados por Dios necesitaban de buena conciencia del oferente.  Hoy día, el bautismo no significaría nada a no ser que se haga con la conciencia de lo que representa: muerte al pecado y nacimiento a la nueva vida.

Ambos testamentos son complementarios. Si uno anuncia la profecía, el otro su cumplimiento. En muchas oportunidades con la lectura del Nuevo Testamento, encontramos clarificados algunos textos del Antiguo.  En un discurso de Pedro, narrado en el libro de los Hechos, dijo que David había visto como profeta la resurrección de Cristo.

También Pablo cuando habló de la alegoría de Sara y Agar explicó tal situación en su carta a los Gálatas.  Queda manifiesto que el Antiguo Testamento sigue vigente, constituye vital importancia para entender el todo que representa la Palabra Revelada.  Esos relatos no son simple historia vieja o caduca, simplemente son tipologías, son profecías ya cumplidas y algunas por cumplirse, contenido moral y espiritual que anuncia lo que vendría bajo el Nuevo Pacto. Incluso hay profecías sobre el pueblo de Israel que todavía no se han cumplido a cabalidad, pero acerca de las cuales vemos su progresivo cumplimiento, ejecución o performance en nuestros días.

Las verdades espirituales son a veces interpretadas a través de símbolos que develan los acontecimientos históricos. Si Jacob luchaba con un ángel, si intentaba escalar hacia el cielo, si agarraba a su hermano por el talón, entonces eso además de historia puede constituir un símbolo de alguna lección espiritual.  No podemos luchar contra Dios y alcanzar el éxito basado en nuestras fuerzas, ardides o artimañas.  Cuando Jesús habló con la mujer samaritana y le pidió agua para beber, el diálogo que se generó demostró que Cristo era la fuente del agua viva.  La mujer así lo comprendió después de la explicación del Señor al respecto; de esta forma, un incidente histórico se transmuta en una lección o un paradigma espiritual para la humanidad.  También sucede que ciertos eventos acaecidos en el período del Antiguo Testamento pueden tipificar ciertas posturas teológicas, o modelos a imitar.  La serpiente levantada en el desierto contra las picadas de las víboras, tipifica a Jesucristo contra el veneno del maligno. El sacrificio no consumado de Abraham con su hijo es un tipo de lo que acontecería con el Hijo de Dios.  Los anti-modelos del Antiguo Testamento son un arquetipo de ejemplos a evitar, como lo sería el caso de Saúl, el rey desobediente y evasivo de su responsabilidad.  David con su mala conducta (anti-modelo) se convierte en un prototipo de cómo debemos ser en el momento de reconocer los errores. Cuando el profeta Natán le enrostró su pecado con Betsabé y le dijo tú eres ese hombre, el rey no se volvió soberbio, sino que cayó arrepentido con el rostro a tierra.   

Son muchas las posibilidades que se nos abren al realizar la interpretación teológica.  Simplemente debemos estar atentos a las enseñanzas que se desprenden de la lectura de las Escrituras.  Hay pasión cuando encontramos la aplicación para nuestras vidas y tratamos de resolver nuestras situaciones particulares de fe, duda o inquietud.  Lo que hace falta es echar a andar y comenzar a leer, recordando el mandato de escudriñar las Escrituras.  La Biblia tiene la invitación servida, para que busquemos la interpretación teológica de la palabra de vida.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 12:06
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