martes, 25 de mayo de 2010

Un pueblo nómada quedó en las manos de Josué, el líder de la transición entre la muerte de Moisés y la conquista de la tierra prometida. ¨Mi siervo Moisés está muerto. Ahora levántate y ve hacia el Jordán…¨ fueron las palabras de Jehová al nuevo líder del pueblo escogido. Como se le había dicho a Moisés,asimismo se le ratificó a Josué, pues que Dios les había entregado todo lugar que pisare la planta de su pie, desde el desierto del Líbano hasta el gran río Eufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol. La gran promesa del Dios soberano continuaba junto al nuevo conductor de Israel: Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. Esfuérzate y sé valiente (Josué 1:3-6).

Podríamos preguntarnos qué haríamos nosotros si se nos diera semejante oferta:así como con Moisés estaré contigo.Pero en el Nuevo Testamento está el mismo ofrecimiento por el mismo Dios, através de Jesucristo su Hijo: Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Entonces la pregunta se haría en esta otra forma: ¿qué estamos haciendo nosotros con esta promesa? A Josué, después de ratificada la providencia se le dijo: Este libro (de la Ley) no se apartará de tu boca, sino que meditarás en él día y noche, para que hagas conforme a lo que está escrito; porque así harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Existe un paralelismo con lo que enseña Juan en sus cartas: no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad…y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos las cosas que son agradables delante de él. Uno puede preguntarse cuáles son esas cosas agradables para él. Juan responde: Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado. Nosotros llegamos a conocer que Cristo permanece en nosotros por el Espíritu que nos ha dado, pues si alguien no tiene ese Espíritu, el tal no es de Cristo.

Josué había comprendido que Jehová estaba con él, pues ya había participado en varias batallas, una de las cuales fue contra Amalec. Moisés mismo le había encomendado esa contienda, célebre además en cuanto al relato de que Aarón y Hur habían estado sosteniendo las manos de Moisés levantadas hacia Jehová, para que de esa manera Israel prevaleciera contra Amalec. Estos hechos fueron escritos para que aprendiésemos de su memoria, pues para nosotros sirve de lección el saber que cuando nuestras manos se elevan hacia el cielo en busca de la victoria, nosotros prevaleceremos ante nuestros enemigos. Si nuestras manos decaen, entonces disminuimos en poder y nuestros enemigos prevalecen.Esto no contraviene para nada el destino prefijado por Dios desde los siglos para cada uno de sus hijos (incluso para los que no son sus hijos, como se viera claramente en Judas), sino que al contrario, es un aperitivo, un incentivo para mantenerse en actitud de oración ante el Padre que sabe de antemano de qué cosas tenemos necesidad.   En ocasiones necesitamos la compañía de hermanos, como Hur y Aaron hicieron con Moisés, para sentir el apoyo en nuestra súplica.  Josué también era llamado el ayudante de Moisés, así como muchos profetas también tuvieron ayudantes; su celo por el cabal cumplimiento de la labor encomendada le fue forjando como el conductor natural preparado en las luchas militares y espirituales para llevar a su pueblo al destino prometido.

Un dato importante en la biografía de este gran guerrero de Dios es que fue uno de los doce espías enviados a reconocer la tierra de Canaán, para observar a la gente que la habitaba, a sus ciudades, a sus campamentos y a su agricultura. En una de sus tantas ciudades habitaban algunos gigantes y en otra el famoso Amalec, por lo que muchos de los espías se asustaron, y regresaron con un informe negativo y muy objetivo acerca del peligro que representaba entrar a Canaán. Ellos mismos se veían como langostas, pero hubo dos espías excepcionales, Caleb y Josué, que opinaron de manera diferente, por lo que Josué hizo callar al pueblo delante de Moisés dando un discurso también diferente: subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos, además serán como pan comido.  La observación hecha por Josué y Caleb al pueblo constituyó en hacer una comparación entre la rebeldía contra Jehová y su relación directa con el temor a los enemigos, y la confianza hacia Jehová de tal forma que su agrado se tradujere en fortaleza, amparo para con el pueblo de Israel y el menoscabo para con sus enemigos. Ese discurso no fue aparentemente exitoso, pues toda la multitud habló de apedrearlos (Números 14:10), mas la gloria de Jehová se hizo presente en el tabernáculo de Israel, proclamando las célebres palabras: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos? …¿Hasta cuándo oiré esta depravada multitud que murmura contra mí, las querellas de los hijos de Israel, que de mí se quejan? (Números 14).

Josué hijo de Nun fue lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él; y los hijos de Israel le obedecieron, e hicieron como Jehová mandó a Moisés (Deuteronomio 34). Con estos antecedentes Jehová había forjado el nuevo conductor de Israel para entrar en la conquista del territorio ofrecido. Dios es soberano y hace como quiere, pero ha dejado claramente manifiesto a lo largo de la historia humana que nuestras acciones son naturales, obedecen al principio de causa efecto, guerreros que no surgen de la nada sino de la escuela de la batalla, de la preparación propia del oficio militar; profetas que son llamados aparte, a un trato especial con su Dios; un pueblo que participa armonioso en la obediencia sensata de su palabra. Sin embargo, cuando así lo considera, ese Dios es capaz de intervenir sobrenaturalmente para operar en nosotros lo que hemos denominado un milagro.

La historia de Josué -quien antes se llamaba Oseas, pero cuyo nombre fue cambiado por Moisés- demuestra que fue un héroe preparado desde niño, aunque ni él, ni sus padres, supieran que iba a ser un héroe. Su recorrido heroico cumplió con todas las facetas de entrenamiento, para llegar a la prueba glorificante de obtener el triunfo ante sus más despiadados enemigos. Pero como miembro del cuerpo de creyentes del Antiguo Testamento, sus fuerzas naturales,su preparación natural, provenían de la fuente sobrenatural del Altísimo. No fue un héroe antropocéntrico, o semidiós, como los de la mitología griega,simplemente un hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras. Pero su espíritu estuvo inclinado -o más bien elevado- a entender que las promesas del Dios soberano son una clara verdad para nuestro diario vivir. Su participación dentro de un pueblo en el cual Dios se manifestaba sobrenaturalmente endiversas ocasiones, le hizo un hombre de fe. Sin embargo, eso no sucedió en los miles de miles que de igual forma habían vivido en ese ambiente del Dios manifestándose milagrosamente, a ellos ciertamente eso no les había pronunciadola fe. Esa fue la gran diferencia entre Josué, el escogido junto a Caleb para entrar a la tierra prometida, y los miles de miles dejados atrás, bajo la muerte en el desierto, por ofuscar con tenaz empecinamiento al Dios que hace todas las cosas posibles.

Nosotros tenemos este gran modelo de héroe de la fe, por su confianza en el que hace todas las cosas posibles. Nosotros ya hemos creído en el Hijo deDios, hemos sido limpiados. Nos toca solamente echar a andar hacia nuestras tierras prometidas, hacia nuestros paraísos terrenales, mientras dure la peregrinación en este exilio llamado tierra. Podemos divagar dando vueltas en un desierto, y perecer de calor, de sed, de picaduras de serpientes. Podemos valorar que si Jehová nos ha traído hasta acá, ciertamente estará con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo. De momento pareciera que tuviéramos esa elección, al menos desde la óptica de los mortales. Nuestra tendencia hacia uno u otro parámetro mostrará sus frutos como consecuencias ineludibles. Digamos como ese gran personaje bíblico que fuera Josué: Yo y mi casa serviremos aJehová.

CésarParedes Vielma
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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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