jueves, 21 de febrero de 2008

Irak ha dominado políticamente las relaciones exteriores de EEUU desde hace muchos años.  En 1990 cuando se ataca Kuwait, Saddam Husseim hizo lo que pudo para estorbar y acosar a Israel y a los EEUU.  A partir de la guerra del Golfo se despertó el sentimiento de reconstruir la vieja ciudad de Babilonia.  Desde la construcción de la Babilonia bíblica a.C., hasta nuestros días, hubo un profundo silencio histórico en lo que pudiera significar ´una nueva noticia` sobre ese territorio.  Solamente la referencia recogida bajo el gobierno de Nabucodonosor, bajo la importancia histórica del principal imperio del mundo de la época, con sus legendarios jardines colgantes, una de las siete maravillas del mundo antiguo, era el recuerdo de una historia convertida casi en leyenda.  Quizás es la Biblia la que mejor difundió popularmente el concepto de Babilonia, obligando a sus lectores a tener siempre presente la antigua historia de esa región.

 

A partir de 1990, con la célebre guerra del Golfo Pérsico, los mismos lectores de la Biblia aprendimos a tomar conciencia  de que ese viejo territorio babilónico se encontraba en las vecindades de Israel como nación del Medio Oriente.  Si Jerusalén aparece poco más de 800 veces mencionada en la Biblia, dibujada como la ciudad de Dios, la segunda ciudad más nombrada en ese libro es Babilonia, cercana a 290 ocurrencias.  Ambas ciudades aparecen referidas en el primer libro de la Biblia, el Génesis, así como en el último, el Apocalipsis, mostrándonos con ello el carácter relevante de las mismas.  Pero de manera contrastante, Babilonia es retratada como la ciudad del hombre, la primera ciudad fundada después del diluvio, bajo el primer dictador mundial, Nimrod.  Fue allí donde se construyó la célebre Torre de Babel, cuyo nombre es confusión, por lo que a Babilonia se la conoce como la ciudad de la falsa religión, o la de la religión de la confusión, al punto de que su nombre pasó a ser un símbolo negativo en la boca de muchos profetas y escritores bíblicos.

 

Pero hay más, en Apocalipsis se describe a la Gran Ramera con un misterioso nombre en su frente: “Babilonia la Grande, madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra”.  Por lo tanto, Babilonia desde el juicio bíblico es tanto una ciudad como también un sistema de corrupción religiosa.  Estas referencias son encontradas fácilmente en el Génesis y en el Apocalipsis, así como en otros textos de las Escrituras. 

 

Los textos más descriptivos acerca de la destrucción profética de esta ciudad se pueden leer en el libro de Isaías, capítulo 13, 45, 46 y 47; así como en Jeremías 50 y 51.  Referente a su cumplimiento, sabemos que los medos fueron los que conquistaron a Babilonia en el 539 a.C.  La ciudad nunca más sería habitada y se convertiría en desierto inhabitable. Interesante lo descrito en la Enciclopedia Británica referente a esta ciudad:  “ Hasta el siglo diecinueve, el conocimiento de Babilonia y de Asiria se basaba en el Antiguo Testamento y en unos pocos escritores griegos.  No fue sino hasta después del descubrimiento de monumentos antiguos y de documentos escritos en los dos países(sic), y especialmente después que se descifró la escritura cuneiforme y los idiomas escritos en este tipo de escritura, que se llegó a conocer la historia y la civilización de Asiria y Babilonia” (cita referida en el libro de Josh McDowell, Evidencia que exige un veredicto. Cruzada Estudiantil para Cristo, México, 1972).

 

Según nos muestra McDowell en su libro arriba citado, las 8 profecías reseñadas por Isaías y por Jeremías contra Babilonia fueron absolutamente cumplidas: Babilonia sería como Sodoma y Gomorra; nunca volvería a ser habitada; los árabes no colocarían sus tiendas allí; no habría allí rebaño de ovejas; las fieras del desierto infestarían las ruinas; no se tomarían piedras de allí para otros proyectos de construcción; la antigua ciudad no sería visitada con frecuencia; estaría cubierta con lagunas de agua.  Jenofonte, escribiendo sobre Ciro, relata la toma de Babilonia y cómo hicieron para desviar el curso del río Eufrates que corría por debajo de las gigantescas murallas de la ciudad, lo cual permitió que el ejército enemigo penetrara por el cauce casi seco marcado como huella al desviar el río para tomar la ciudad, que estaba celebrando en borracheras su antigua gloria contra los persas.  Es Jeremías quien literalmente nos habla de estas borracheras relatadas por Jenofonte, borracheras que permitieron la toma ´pacífica` de la ciudad:  “ Y embriagaré a sus príncipes y a sus sabios, a sus capitanes, a sus nobles y a sus fuertes; y dormirán sueño eterno y no despertarán, dice el Rey, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos” (Jeremías 51: 57).

 

Sin embargo, el que estas profecías sobre Babilonia estén ya cumplidas no implica que lo relatado en Apocalipsis acerca de esta ciudad sea pura simbología.  Bastaría nada más con creerle a Juan, el autor de Apocalipsis, su carácter profético; pero hay más,  alrededor del año 520 a.C. – unos 20 años después de la caída de Babilonia – el profeta Zacarías escribió sobre la maldad que retornaría en el futuro a esta ciudad.    En una visión para los últimos días el profeta ve a una mujer en un efa (canasta).  Levantaron la tapa de plomo y una mujer estaba sentada en medio de aquel efa, y un ángel le explicaba a Zacarías:  Esta es la Maldad, y la echó dentro del efa y lo tapó con la masa de plomo.  Pero dos mujeres aparecieron cuando el profeta alzó sus ojos, teniendo alas como de cigüeña y alzaron el efa entre la tierra y los cielos.  Zacarías le preguntó al ángel adónde era llevado el efa por esas dos mujeres, y el ángel le respondió: Para que le sea edificada casa en tierra de Sinar, y cuando esté preparada lo pondrán sobre la base (Zacarías 5:5-11).

 

“…la Biblia es la palabra de Dios y debe ser literalmente cumplida, debemos concluir que esto es un evento futuro.  Y hay solamente un momento cuando todo esto ocurrirá: al final de la futura tribulación en conjunción con la segunda venida de Cristo” (Walvoord, John y Mark Hitchcock, Armagedón, Oil and Terror. Tyndale House Publisher, Inc., in 2007. USA.).

 

Para despejar duda, la tierra de Sinar está reseñada en el Génesis 10:10 y 11:2, mostrándonos que es la tierra de Babilonia.  Hablando de Nimrod, el primer dictador de la tierra, fundador de lo que conocemos como Babilonia, el Génesis dice que fue el comienzo de su reino Babel, en la tierra de Sinar, y allí se establecieron.  Babilonia es "babilani" en idioma acadio que significa "Portal de dios(es)" y se convirtió en la capital del territorio de Babilonia. La etimología del nombre Babel en los términos bíblicos significa "confusión" y ha servido como símbolo bíblico referido a la confusión religiosa.  Si en hebreo consigo Babel, en griego consigo a Babulon.

 

El nombre ha sido apropiado para establecer un reino, el reino de la confusión; nombre apropiado para el comienzo de un reino fundamentado en la apostasía para con Dios, cargado de tiranía, rapiña y opresión.  El texto hebreo de Génesis 10:9 parece indicar que Nimrod fue un poderoso cazador contra Dios, pese a que ha sido traducido por muchas versiones como delante de Dios.  Pero Nimrod no quería ser solamente eminente ante sus vecinos, sino que quería estar por sobre ellos –como si se imaginara reflejado en él el espíritu de los gigantes prediluvianos. 

 

Nimrod quería hacer una ciudad y una torre cuya cúspide llegare al cielo, y hacerse a la vez un nombre por si llegasen a ser esparcidos por sobre la faz de la tierra.  En el libro de Isaías, capítulo 14, vemos un contexto similar de un personaje anterior a Nimrod, quizás su inspirador.  Este personaje era el Lucero de la mañana (verso 12) que fue derribado del cielo, el que decía en su corazón Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo (versos 13 y 14).  Pero fue derribado hasta el Seol, a los lados del abismo (verso 15).  En este mismo texto de Isaías, Dios quiso definir a este Lucero de la mañana como el rey de Babilonia (verso 4).  De forma indisoluble en las Escrituras se insiste en hacer el vínculo de lo terrenal, vil y demoníaco con un término que arranca desde el Génesis y culmina en el Apocalipsis, Babilonia.   El primer dictador de la humanidad, un cazador contra Dios prefigura el último dictador de la raza humana, el anticristo, un cazador de almas.  Ambos se ufanan de la ciudad, de los monumentos, de lo apoteósico, de sus torres que llegan al cielo –con su implicación literal y metafórica-,  pero ambos son cazadores contra Jehová.  Si la palabra anticristo puede significar estar en lugar de Cristo, también implica estar contra Cristo.  Asimismo, Nimrod era un cazador delante de Jehová, en el sentido etimológico de estar contra Jehová.

 

Si Nimrod luchó contra las fieras salvajes y depuró la tierra de ellas, por lo cual se ganó la simpatía de sus vecinos hasta que logró convertirse en su gobernante, el anticristo hará algo parecido:  se ganará el favor del planeta cuando intente resolver los conflictos salvajes que su padre Lucifer ha generado a través de los siglos. Y como dijo Jesucristo en Lucas 22:25, Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores…, asimismo Nimrod fue un bienhechor o benefactor como lo será el Anticristo para la postrimera humanidad.

 

Queda claro en este momento que Babilonia es una ciudad y es al mismo tiempo un símbolo.  Que puede tener una interpretación literal y al mismo tiempo englobar una metáfora de carácter muy amplio y general.  El hecho mismo de que Isaías en capítulo 14 verso 4 dijera que Lucifer es el rey de Babilonia- independientemente de que literalmente hubiesen otros reyes como Nabucodonosor y los siguientes-, abre un compás metafórico en el sentido de poder interpretar a Babilonia como cuna de maldad.  El ángel le muestra a Zacarías, 20 años después de la caída de Babilonia, a una mujer con un nombre: Maldad (lo cual implica otra metáfora personificada en un ser humano con nombre propio), todo lo cual nos permite acercarnos mejor en la interpretación apocalíptica de Juan cuando escribe sobre Babilonia.  Eso no deja por fuera la interpretación literal, sino que lo literal de la interpretación nos agrega como dato en el horizonte una señal metafórica para tener en cuenta en la hora de la precisión interpretativa.  Por otro lado, el hecho de que Lucifer sea el rey de Babilonia parece ser una metáfora y una literalidad simultáneas en la profecía bíblica.

 

El problema de la simbología.

 

El hecho de que Zacarías haya escrito que se le habría de edificar casa o templo a la Maldad, en la tierra de Sinar, no tiene que implicar forzosamente que se le construya una ciudad.  La tierra de Sinar es la tierra donde se construyó antes a Babilonia.  Esa es su cercanía o vínculo inmediato.  Podría llamar a esta manera de expresar la profecía ´una manera abierta` sujeta a unos límites sugerentes.  La tierra de Sinar es uno de esos límites geográficos-simbólicos (por ser la tierra de la antigua Babilonia); Maldad, el nombre de la mujer, es otro de los límites, en este caso atribuido a una simbología femenina que puede implicar su delicadeza y sutileza como capacidad de seducción; edificar templo o casa implica un límite espacial, la morada de la mujer llamada Maldad.

 

Cuando Juan habla en el Apocalipsis de que ha caído Babilonia, habla del sistema.  Puede hablar de una ciudad al suponer que el comercio es parte inherente al concepto citadino.  Aunque un sistema religioso es también susceptible de comerciar con los reyes de la tierra, en virtud de su influencia ecuménica sobre la tierra.  La religión une, religa (de allí su concepto), y ¿qué mejor instrumento para el comercio que la unión de la muchedumbre en un concepto, y qué mejor instrumento para la religión que la unidad servida bajo el estímulo comercial? 

 

-1 Pedro 5:13 “La iglesia que está en Babilonia, elegida juntamente con vosotros, y Marcos mi hijo, os saludan”.  Este texto ha sido interpretado de diversas formas alegando una interpretación simbólica al vocablo Babilonia que allí aparece.  Muchos sugieren que se refiere a Jerusalén, por ser ésta una ciudad donde se perseguía al evangelio y donde se crucificó a Jesús.  Otros argumentan que se habla de Roma, pues se supone que el apóstol Pedro era su obispo y escribió desde allá.

 

Las respuestas a estos argumentos no se han hecho esperar y son numerosos los comentaristas bíblicos que han trabajado el texto.  Razones sobran para suponer una cosa o la otra, sin embargo, el problema de la simbología cuando no es clara en su referencia genera otras implicaciones. Una de ellas es que cuando el referente simbólico no es prístino como signo, ha de volverse a la interpretación literal.  De paso sea dicho que no hay ningún inconveniente en que Pedro haya escrito su carta desde esta región llamada Babilonia. 

 

Pedro era el apóstol de la circuncisión, mientras que Pablo lo era de los gentiles.  Si Pedro hubiera predicado el evangelio en Roma Pablo no hubiese dicho que Pedro era el apóstol de la circuncisión, como lo hace en la carta a los Gálatas:  “Antes, por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircucisión, como a Pedro el de la circuncisión…¨ (Gálatas 2).  Por otro lado Pablo estuvo preso en Roma y escribió cartas desde allí y jamás mencionó a Pedro ni hizo ninguna referencia a él.  Cuando escribió la carta a los Romanos no saluda a Pedro –como si éste hubiera estado allí.

 

Estas son algunas de las razones por las cuales se hace difícil entender el término Babilonia en el texto de Pedro como un símbolo de otra ciudad.  El Salmo 87:4 dice: “ Yo me acordaré de Rahab y de Babilonia entre los que me conocen…”  Esta profecía del Antiguo Testamento pudiera hacer referencia a los judíos que quedaron desde la época de la cautividad en Babilonia y no se volvieron con Esdras a la restauración de la ciudad de Jerusalén.  Asiria fue una metrópolis y su centro conocido como Babilonia (si bien no era la exacta Babilonia de Nabucodonosor) recogía a muchos judíos que se hicieron célebres por sus estudios, que se jactaban de su pureza sanguínea (en el sentido de su linaje judaico).  Asiria, para ese entonces, era cuna de varias universidades.  No es raro, entonces, que Pedro estuviera visitando las iglesias de Asia – entre otras del Oriente -, y que cuando escribiera su carta hiciera referencia a la iglesia que estaba en Babilonia, propiamente una iglesia constituida por judíos de la antigua dispersión que se habrían quedado a vivir en la región de la antigua Babilonia. 

 

Si Babilonia es Babilonia, y no un símbolo de Roma o de Jerusalén, pudiésemos entender que la profecía de Zacarías acerca de la futura Babilonia o tierra de Sinar, ha estado cumpliéndose a través de muchos siglos en la formación de esa casa o templo para que habite la Maldad.  Su fin último pudiera bien ser cuando se cumpla lo relatado por Juan en Apocalipsis, Babilonia la grande ha caído.

 

Una mujer está vestida de púrpura y escarlata, sentada sobre una bestia escarlata.  En la frente de la mujer aparece un nombre, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA (Apocalipsis 17).  La palabra ramera casi siempre hace alusión a la mezcla adulterada del paganismo con la fe en el verdadero Dios.  La idea y concepto de prostitución ligado al vocablo ramera –quien comercia con su cuerpo- se aplica figurativamente en relación a la profanación de valores.  Dice el Salmo 106:39 que “Se contaminaron así con sus obras, Y se prostituyeron con sus hechos”.  En el Levítico se confirma esta idea presentada en el libro de Apocalipsis referente a la ramera como sistema religioso adulterino:  “ …entonces yo pondré mi rostro contra aquel varón y contra su familia, y le cortaré de entre su pueblo, con todos los que fornicaron en pos de él prostituyéndose con Moloc.  Y la persona que atendiere a encantadores o adivinos, para prostituirse tras de ellos, yo pondré mi rostro contra tal persona, y la cortaré de entre su pueblo” (Levítico 20:5-6). 

 

Si bien la práctica de la ramera vendiendo su sexo es la forma más ordinaria o común en las sociedades humanas para concebir a la prostitución sexual, en el libro del Génesis se relata acerca de lo acaecido en Sodoma y Gomorra, ejemplo de prostitución masculina.  Algunos estudiosos han llegado a sugerir que la prostitución se originó dentro de la práctica religiosa, en donde la mujer entregaba su cuerpo al sacerdote en una suerte de sacrificio.  Herodoto –el historiador- señala que en Babilonia antigua toda mujer debía trasladarse por lo menos una vez en su vida al Templo de Hellita –la que hoy conocemos como Venus- para entregar su cuerpo a un extraño. 

 

La Biblia habla de Rahab la ramera como de una mujer que fue protegida por Dios mismo; Cristo hace referencia a que las rameras irán delante en el reino de los cielos, aunque le dijo a la mujer adúltera ni yo te condeno, vete y no peques más. La Biblia también habla de una mujer de nombre Gomer quien fuera ramera y esposa del profeta Oseas, representando la infidelidad espiritual del pueblo de Israel.  Dios mismo le dijo al profeta que se tomara una mujer fornicaria, porque la tierra fornica apartándose de Jehová (Oseas 1).  Este ejemplo simboliza que Dios escogió a Israel a pesar de ser semejante a un pueblo fornicario en pos de otros dioses, a pesar de ser un pueblo no merecedor de ser tomado en cuenta en lo que a fidelidad se refiere.

 

Como ya dijimos, la palabra ramera hace alusión a la mezcla adulterina del paganismo con la fe en el verdadero Dios. El misterio religioso de la figura simbólica de la Gran Ramera apocalíptica, nos recuerda a otra mujer, la de Zacarías, llamada Maldad, ubicada en la tierra de Sinar, todo lo cual resulta apropiado para que Juan la llame Babilonia La Grande.  En el capítulo 18 de Apocalipsis la gran Babilonia ha caído como poder y sistema religioso, pero se ha convertido en habitación y guarida de demonios, de espíritus inmundos y aves aborrecibles, lo cual concuerda con Zacarías y la mujer antes mencionada con el nombre Maldad, a quien se le ha hecho templo o casa en la tierra de Sinar (Babilonia).

 

Así como en la época de Pedro hubo judíos pertenecientes a la iglesia ubicada en Babilonia, en la visión juanina de Apocalipsis hay pueblo de Dios atrapado en el sistema babilónico.  Por eso la orden de salir de ella al pueblo mío, para no ser partícipes de sus pecados ni de sus juicios.  Los dos últimos textos de Apocalipsis 18 nos dan una clave interpretativa  muy importante, para entender a esta Gran Ramera como sistema religioso: …por tus hechicerías fueron engañadas todas las naciones. Y en ella se halló la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los que han sido muertos en la tierra.

 

Este sistema de ´pecado` capaz de generar hechicerías que engañan a todas las naciones es contenedor de la sangre de los profetas y de los santos, de todos los muertos en la tierra.  El sistema engañador ha sido desenmascarado y destruido (en Apocalipsis 18), pero la Maldad seguirá viviendo en la tierra de Sinar y permanecerá activa bajo la forma de demonios y de espíritus inmundos.  El mal continuará aunque el sistema  (religioso) babilónico haya sido destruido.

 

La hechicería es la práctica que intenta influir en las personas y en sus circunstancias por vías sobrenaturales.  Es una forma camuflada de idolatría, pues quien rinde culto a un ídolo le rinde culto a un demonio (Pablo en 1 Corintios 10:20); pero es también una manera de demostrar que no se confía en Dios sino en unos poderes misteriosos.  El libro de Deuteronomio dice: No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos (Deut. 18:10).  En la concepción bíblica, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, la hechicería es real y no puro engaño, su fundamento estriba en el apoyo que le dan los demonios al hechicero y a sus prácticas.  Por eso la prohibe y la castiga. 

 

La hechicería toma muchos rumbos y busca predecir el futuro así como intervenir en él mediante formas ocultas. Veamos uno de ellos.  Fue en Mesopotamia que el sistema astrológico de la humanidad tomó su cuerpo, confundiéndose con un movimiento religioso centrado en el sistema de interpretación astral.  Otro medio de predecir el futuro era examinando las entrañas de animales sacrificados (Ez 21.21), u observando el vuelo de ciertas aves. También se acostumbraba invocar a los espíritus de los muertos (Is 8.19), con miras a averiguar algo del futuro o recibir consejos al respecto. Mucho menos perniciosa era la seudociencia de la interpretación de  sueños.  Pero la hechicería no se limitaba a predecir el futuro, sino que también intentaba influir en él mediante sortilegios y otras magias. Estas prácticas se basaban en una concepción del mundo y de los dioses según la cual estos no pueden, o no quieren, cumplir ciertas funciones, y resulta entonces necesario que los hombres los estimulen o los fortalezcan. Un gesto, pues, de magia, un sacrificio, o una fórmula pronunciada ayuda u obliga a los dioses a hacer un favor, o bien debilita a sus enemigos. Otras veces, se teme que algún ser maligno pueda hacerle daño a la persona, y entonces el devoto de la hechicería usa amuletos u otros medios para ahuyentar a tales seres (Exorcista). (Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, Nashville, TN: Editorial Caribe 2000. -Entrada Hechicería).

 

En la libertad y apertura del símbolo hay quienes ven en el vocablo Babilonia a todo un sistema religioso y político de maldad.  Algunos apuntan contra los Estados Unidos de Norteamérica, como la potencia política, económica y militar que actualmente domina gran parte del mundo, aduciendo que su sistema estructural es un sistema babilónico en el pleno sentido del símbolo que anuncia el témino.  Los seguidores de esta interpretación sostienen que la estatua de la Libertad es la misma mujer que anuncia Juan en el libro del Apocalipsis.  Aducen para ello que la proposición y construcción de la estatua es de origen masónico y que su mano levantando la antorcha tenía, en el diseño original, un cáliz al igual que la diosa pagana Libertas.  Se le agrega a esta proposición el hecho de que está asentada en la ciudad de Nueva York, cuyo puerto tiene una entrada a la que toda embarcación debe apuntar para no encallar, y curiosamente esa entrada tiene un letrero muy visible que anuncia BABYLON.  Esa construcción de Babylon es atribuida a los primeros judíos colonos que llegaron a esa tierra. 

 

Que los Estados Unidos de Norteamérica coadyuve en el mantenimiento de un sistema religioso perverso, puede ser posible.  No son un estado aséptico y por otro lado el misterio religioso alcanzará a toda la tierra.  Pero suponer que EEUU es la Gran Ramera sentada en la bestia apocalíptica rompe con el mínimo orden interpretativo escritural:  la Gran Ramera está sentada sobre una bestia que es una persona, pero que también es un sistema político, si nos atenemos al origen de la bestia vista por Juan.  Esa bestia es el octavo rey y es también de entre los siete reyes previos.  Luego la misma bestia con sus corregentes se irán contra la ramera y la quemarán y la aborrecerán, dejándola desolada.  De manera que la bestia es una persona que representa un sistema político.  Los EEUU son un sistema político en el mundo, pero son un sistema más como lo puede ser cualquier otro país en el globo terráqueo, y no son por sí mismos un sistema religioso. Los EEUU no puede ser La Gran Ramera apocalíptica por cuanto ésta es un sistema religioso, y EEUU es una potencia política-económica-militar.

 

Una cosa es pertenecer o apoyar logísticamente a un sistema religioso y otra muy distinta es ser el sistema religioso.  Lo que sí parece ser una verdad innegable es que el sistema babilónico como misterio religioso ha leudado en el planeta, como la levadura leuda toda la masa.  La misma religión protestante actual dista mucho de lo que fue en sus orígenes, apenas unos siglos atrás.  El creciente fervor ecuménico que se propone unir al mundo a partir de los elementos comunes de las distintas religiones, por aquello de que es más lo que nos une que lo que nos separa, ha necesitado y recibido apoyo de organizaciones protestantes norteamericanas, europeas y de otros continentes.  La iglesia católica hace siglos que anda en esos derroteros del misterio religioso, aunando esfuerzos por conciliar al planeta a partir de esos elementos comunes que parecieran tener a simple vista todas las religiones. 

 

Las hechicerías de que hablara Juan por las cuales fueron engañadas las naciones de la tierra están patentes en la simbología católico-romana, con su adoración camuflada al dios sol, a Mitra, a Dagón –el dios pez de los filisteos-, con la adoración a la cruz que es un símbolo pagano que intentaron ´cristianizar`, con la señal de la cruz  que no es más que la señal para recordar a Tammuz, cuyo nombre se inicia con la letra tau, una T que recordaban simulando su forma en el cuerpo, pues la misma Biblia dice maldito todo aquel que es colgado en un madero, haciendo alusión al sacrificio de Cristo que iba a recibir nuestra maldición en la expiación de la culpa, lo cual hace suponer que la cruz o el madero no iba a ser un símbolo grato para recordar.  Es como si Cristo hubiese sido pasado por la silla eléctrica, o por la horca, o por la cámara de gas, y la cristiandad venerara la silla eléctrica, la soga o el gas como su gran símbolo.  Todo lo contrario, sentiríamos rechazo por esos elementos que hicieron tanto daño a una persona inocente.  No veneraríamos nunca a la silla eléctrica ni a la horca.  Pero esa veneración a la cruz se coló en la mezcla del misterio babilónico como una veneración camuflada a Tammuz. 

 

La diosa madre.

 

Quizás el concepto más emblemático dentro del sistema misterio babilónico es el de la diosa madre.  Casi todas las religiones del mundo, a través de los siglos, han mostrado rendir culto a una diosa madre que en ocasiones se ve con un hijo en los brazos. 

 

Los pueblos antiguos estuvieron pendientes de los cambios que la naturaleza ofrecía en las distintas estaciones del año.  Se hacían conjuros y danzas para que la lluvia llegara a tiempo, para que el sol brillase en su esplendor o para evitar cualquier catástrofe natural.  Lo más natural era buscar una diosa de la reproducción, femenina por cuanto involucraba per se a la maternidad, asociada siempre a lo reproductivo, a la fertilidad misma de la tierra.  Aunque innumerables dioses se han inventado en el curso de los siglos y muchos de ellos han desaparecido de los hábitos de los pueblos, llama la atención que el culto a la diosa madre sigue presente.

 

Shingmoo o Santa Madre era el nombre entre los chinos para esta diosa.  Los germanos veneraban a Hertha, también con un niño entre los brazos.  Los escandinavos la llamaban Disa. Los etruscos Nutria, en India era Indrani, también con un niño entre los brazos; los druidas tenían a Virgo Paritura quien era la madre de Dios.

 

Los griegos la conocían como Afrodita o Ceres, los sumerios la llamaban Nana, y en Roma era Venus o Fortuna y el hijo era conocido como Júpiter.  Ver Jueces 2:13 “Y dejaron a Jehová y adoraron a Baal y a Astaroth” .  Ese era el nombre por el cual la conocía el pueblo de Israel.  Jeremías 44:17-19 menciona y denuncia la adoración de la Reina del Cielo, de manera que ese título mariano no es nada nuevo, ya era afamado en el paganismo veterotestamentario. 

 

Diana era la madre de los efesios y su templo era considerado como una de las siete maravillas del mundo antiguo.   Hechos 19:27.  En Egipto estaba Isis con su hijo Horus sentado en el regazo de su madre.  En Inglaterra, siglo XVIII, se consiguió un monumento de muy antigua data que exhibía a una madre alimentando a un infante.  Desde Babilonia hacia muchas naciones, para radicarse finalmente en Roma, la capital del imperio del mundo, ha viajado este misterio entre los pueblos.  James Frazer, en La Rama Dorada, escribió que el culto a la gran madre fue muy popular en el Imperio romano.  Hay inscripciones que prueban que tanto la madre como el niño recibían honores divinos, tanto en Italia como en las provincias ubicadas en Africa, España, Portugal, Francia, Alemania y Bulgaria. (Frazer, James. La Rama Dorada. México, Fondo de Cultura Económica. 2006).

 

“Bajo los nombres de Osiris en Egipto,Tammuz en Mesopotamia,Adonis en Grecia y Chipre, o Attis en Asia Occidental, se rindió así culto a la decadencia y despertar anual de la vida, en particular de la vegetal, personificándola como un dios que muere anualmente y vuelve a resucitar. Pero como Adonis fue el nombre que los griegos dieron a Tammuz, al que generalmente llamaban Adon, Señor, puede decirse que este culto lo iniciaron los pueblos semíticos de Babilonia y Siria, siendo paralelo al culto a Osiris entre los egipcios. Tammuz fue, pues, el joven esposo o amante de Istar, la Gran Diosa Madre, personificación de las energías reproductivas de la naturaleza. Se creía que Tammuz moría todos los años, y su divina amante lo buscaba y resucitaba, pues durante su ausencia la pasión del amor desaparecía, y la vida estaba amenazada de extinción. En una u otra forma se celebraban, pues, estos ritos en todo el Oriente, y las lamentaciones por Tammuz muerto estaban tan generalizadas, que hace también referencias a ellas el profeta Ezequiel”. (Rafael Gonzalo Jiménez)

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La iglesia naciente en la época de los apóstoles se fue minando de esta cultura pagana. El liderazgo fuerte ejercido por Constantino, siglo IV d.C., al pretender unificar Iglesia y Gobierno del Imperio, hizo que se permeara la convicción de mantener al margen la visión pagana del mundo.  De esta forma la iglesia se fortalecía políticamente, recuperaba sus bienes, los cristianos dejaban de ser perseguidos por el gobierno de turno, se les daba derecho para construir templos, y el cristianismo pasaba a ser religión forzosa y obligada del Imperio.  Pero solamente un precio: permitir al paganismo continuar con su adoración de la diosa madre, que en paráfrasis de Jung formaría parte del inconsciente colectivo de la humanidad.  Estaba tan arraigado ese culto en todas las culturas del planeta conocido y desconocido, que hasta en México, antes de lo que se llama el descubrimiento, conquista o visitación europea, ya existía el ritual del culto a la madre y al niño. 

 

Los líderes de la iglesia buscaron un paralelo de similitudes entre la cristiandad y el culto idólatra del paganismo, de manera que la gente no se espantara de las iglesias y se sintiera atraída por el nuevo culto instaurado.  María, la madre de Jesús, era la indicada para reemplazar a la madre diosa, mientras Jesús suplantaría al niño en los brazos de la madre.  Hubo denuncias en Tiro y en Arabia acerca del culto que se le rendía en algunas iglesias a María como divinidad; esas denuncias fueron recogidas por los cronistas de la época, del siglo IV de la era cristiana.  Pero el empuje babilónico fue tal que terminó por consolidarse el culto a la diosa madre dentro de la misma Iglesia Católica o Universal. 

 

Posteriormente el sistema babilónico permeó a la Iglesia en otros ámbitos.  Uno de ellos fue el del santoral.  Si los paganos creían que sus dioses se ocupaban de ciertas actividades, de los días, los meses y los años (como critica Pablo en el libro de los Gálatas, 4:10), la iglesia introdujo fechas y nombres ´cristianos` que reemplazaban las fechas y nombres paganos con las actividades de sus dioses.  De esta forma el paganismo mutó y consiguió eco en la Iglesia Católica.  Uno de los grandes símbolos babilónicos es el obelisco,  que representa el culto al dios sol.  Es el símbolo del órgano sexual masculino como tributo a la potencialidad humana del semen, símbolo de vida al igual que el sol.  La palabra Matzebah significa imágenes altas, usada en Jeremías 13, Miqueas 5:13, así como en el libro de los Reyes.  Estas imágenes altas son los mismos obeliscos que ya eran denunciados en la época veterotestamentaria.  Y el profeta Isaías utiliza otra palabra que denota algo similar: hammanim, para significar imágenes del sol u obeliscos (Isaías 17).

 

Dice Hislop (Las dos Babilonias) que el signo de la cruz proviene de la primera letra del nombre Tammuz, la T.  Fue usado en los Misterios de Babilonia, fue el símbolo místico Tau de los caldeos y egipcios.  La inicial de Tammuz o la señal de Tammuz pasó a ser un símbolo sagrado, una especie de amuleto ubicado cerca del corazón.  Muchos son los dibujos encontrados hoy de épocas remotas antes de Cristo que muestran a sacerdotes y a otros personajes portando el símbolo de la cruz, bien colgado como collar o bien en báculos o como colgajos de sus muñecas.  De Babilonia a Egipto viajó del símbolo de la cruz.  Si uno visita un museo que muestre antigüedades egipcias de seguro se encontrará con una muestra de la cruz de épocas anteriores al cristianismo. Aun en México, en un monumento del siglo IX a.C., aparece un templo denominado el templo de la cruz, con una cruz prominente que resalta para los visitantes.  Eso muestra una vez más la tradición de la cruz como símbolo de adoración, mucho antes de que se conociera que Cristo padeció en un madero en forma de cruz.   Las vírgenes vestales romanas también portaban una cruz a manera de collar.  Los griegos también usaban bandas adornadas con cruces en alusión a su dios babilónico Tammuz.

 

La palabra griega STAUROS que se traduce por CRUZ en muchas Biblias modernas significa palo vertical, estaca vertical o poste.  De manera que la Biblia no dice que Jesucristo habría de morir en una cruz, sino en un madero.  Por eso dice maldito el que es colgado en un madero (Gálatas 3:13, haciendo referencia a Deuteronomio 21:23). 

 

Pontifex Maximus.

 

En el año 63 a.C. Julio César fue reconocido como Pontifex Maximus de la religión de los misterios.  El puente máximo o el sumo pontífice de la religión pagana.  Ese era un título muy preciado, pues no sólo se ostentaba el del máximo gobernante del Imperio sino ahora el del dominio de la fe.  Recordemos que los romanos se habían inventado en el derecho la dicotomía del ius y del fas.  El primero era el derecho humano, mientras que el segundo era el derecho divino.  Asimismo, el Imperator ostentaba el título de sumo pontífice, de máximo puente entre el cielo y la tierra, entre lo divino y lo terrenal.

 

Como Roma era la capital del mundo conocido, o la capital del Imperio, lo lógico era suponer que sus obispos fuesen los obispos de obispos en lo que a la cristiandad se refería.  La influencia de Roma como capital política del mundo era tal que se conjugaba en el obispado romano la idea de un ´puente máximo`, otorgándosele el título por primera vez a un obispo romano –aunque había nacido en la región de España, dominada por Roma- llamado Dámaso, en el año 378 de nuestra era.  Dámaso afirmaba que la Iglesia de Roma tenía la supremacía sobre las demás iglesias no porque así lo hubiera decidido el concilio, sino porque Jesús había situado a Pedro por encima de todos, elevándole a piedra angular de la Iglesia misma.  Un criterio de fatal desviación histórica, pues ya hemos intentado demostrar lo que la misma historia bíblica y contextual nos ha referido acerca de Pedro, que parece no haber fundado ninguna iglesia en Roma, y que era el apóstol de la circuncisión, cuya territorialidad estaba circunscrita fundamentalmente en el Asia.  Pablo, en cambio, sí fue a Roma y no se atribuyó ni para sí mismo ni para Pedro la presunción de primer obispo romano, ni mucho menos de papa.  Sabemos que Pablo no hizo mención de Pedro en su carta a los Romanos, porque Pedro no se encontraba en Roma.  Sabemos que en las cartas paulinas escritas desde Roma tampoco hizo mención alguna a Pedro porque Pedro no se encontraba en Roma.  De manera que esa presunción de Dámaso debió haberle salido muy cara en cuanto al precio que se paga por ganar el mundo y perder su alma, como lo dijera Jesucristo. 

 

El título caldeo para el sumo pontífice era el de intérprete de los misterios.  Este se transcribía como peter lo cual se acercaba básicamente al nombre de Peter o Pedro.  Ello aunado a una falaz interpretación de las palabras de Jesús cuando le dice Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia.  Esas palabras le fueron dichas a Pedro cuando Jesús preguntó ¿quién era él para ellos, o para la gente?  Pedro le respondió diciendo que Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios viviente.  Esas palabras reveladas por Dios mismo –según lo afirmó Jesús- constituyeron la piedra fundamental de la fundación de la iglesia.


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Publicado por elegidos @ 9:04
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